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La
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De arboles, bosques y mentiras Aintze Zaratagabaster
Por empezar, y aquí tiene razón la baronesa, no entra en los parámetros de la lógica, que una carretera de tráfico denso pase junto a un museo. Pero es que en la actualidad pasan dos, y junto a dos museos, y eso ya lo sabía ella cuando se decidió instalar la colección en ese lugar. Para quien no lo conozca, entre el boulevard del que hablamos y la fachada del Thyssen dos carriles de alta densidad someten al palacio de Vistahermosa a un traqueteo insufrible, y a una humareda insana durante 365 días al año. Eso es así, y aunque la baronesa y sus acólitos no lo reconozcan, una mísera acera, sucia y enbarandillada y un muro carcelario separan al museo del torrente de vehículos. Toda la zona, de una belleza espectacular, sufre desde hace décadas un abandono y una degradación, de la que los madrileños deberíamos sentirnos avergonzados. Pero, aun asumiendo que la remodelación es inevitable, y que los planes de reordenación del tráfico y reurbanización son inaplazables, lo del alcalde no tiene nombre. Su tendencia a actuar sin contar con nadie, a omitir datos, a obrar sin consultas y sin publicidad, a ejecutar a lo grande sin mirar alternativas ni mostrar sensibilidad hacia la vida de los madrileños se ha hecho ya proverbial. La tala de árboles y el desmantelamiento de zonas verdes en la ciudad es ya parte de nuestra leyenda. No vamos a recordar aquí las actuaciones, por llamarlo de alguna manera, en la casa de Campo, el abandono del Retiro o la destrucción en el eje de la N-II o en la Sierra madrileña. Y nadie se ha escandalizado. Un paseo por la castellana, o por los antiguos depósitos del canal de Isabel II, donde un magno ¿museo?, ha convertido la zona de Plaza de Castilla en un rescoldo verde corrobora esta afirmación. ¿Qué tiene de distinto Recoletos?. Tiene que demuestra claramente que Madrid carece de un plan razonable, al menos conocido, de ordenación del tráfico a 30 años vista. De hecho ahora conocemos que desde hace años hay tres planes para la zona, entre los cuales se incluye la barbaridad de un túnel subterráneo junto al Museo. Tiene que demuestra que se sigue soslayando un hecho que Madrid deberá acometer quiera o no, la semi peatonalización de su área histórica y turística. Y tiene, sobre todo, un olor nauseabundo a batalla política. Falta poco para las elecciones, y la lucha por el poder en el seno del PP no esta aparcada desde que Gallardon se retiró de la lucha por la ejecutiva a través de su fiel teniente. De hecho, el que el Simancas ejerza de irónico, pero no intervenga, que deje que la sangre debilite al rival, es todo un síntoma de que el PSOE prefiere la ventaja a mojarse por el bienestar de los ciudadanos. ¿Y que pinta aquí la baronesa?. Ella descarta que aproveche la situación para renegociar la custodia de la colección (recordemos que una parte importante de los fondos del Thyssen no son del estado, ni están cedidos, sino que son de la baronesa). Probablemente tenga razón. Pero mucho de despecho por el trato recibido (o por no haber recibido trato, especialmente de la Casa Real), y de sondeo del mercado electoral si que hay. Resulta en cualquier caso triste comprobar como la vida de varios millones de ciudadanos vale menos que las rencillas y el juego de ambiciones entre dos dirigentes políticos. Tampoco seria tanto pedir que en lugar de contar tantas mentiras y ocultar tantas verdades, callaran, no hablaran por nosotros y no se escudaran detrás de unos cientos de árboles y unos miles de madrileños, que entre la curiosidad y la buena fé acuden a los mítines de la aristocracia. No habléis por nosotros, con que cumpláis el trabajo por el que cobráis nos conformamos. Y mientras, la oposición viéndolas venir. |
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