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Fotos:
Elpais.es

Me ha estremecido la historia de, Mazaltov
Behar Mordoh. Una niña de 17 años, a quien esos tiempos
en los que la humanidad pierde su nombre, a punto estuvieron de arrebatar
su vida, y casi su dignidad. Había nacido en Salónica,
en los felices veinte y miro el lado blanco de la vida, entre las calles
bulliciosas de la Grecia de entreguerras, y los mostradores relucientes
de la tienda de sus padres. Nuestra princesa se educo en la bondad,
entre los libros que en ladino recordaban como sus antepasados habían
perdido su raíz de la mano de la persecución de los Reyes
Católicos. Lejos quedaba su pasado español, pero no su
cultura, su identidad, ni sus deseos de construir otra vida.
Con doce años, la civilización se hizo añicos.
Los nazis invadieron su hogar, devastaron sus sueños y empalaron
su alma en un inmundo tren camino de infierno. Una semana de viaje,
fue tiempo suficiente para penetrar en una “Divina Comedia”,
ausente de palabras. Auschwitz seria su pesadilla en los siguientes
años. Cada día bajó un peldaño de la larga
escalera que despojaba de humanidad, más a sus carceleros que
a ella. Fue separada de sus padres, luego de su grupo, mas tarde de
las mujeres, hasta encontrar abrigo en un selecto grupo de vírgenes
destinadas a la experimentación genética.
Envuelto su rostro en un velo tejido con una lágrima, Mazaltov
narra estos días su historia en Oviedo, donde da testimonio y
arropa al Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, Yad Vashem,
director el Museo de la Memoria del Holocausto de Jerusalén.
"Con 17 años, me colocaron una madera aquí en el
estómago, muy ancha y consistente, como una caja, y luego aplicaron
la radiación. Tuvieron que pasarse porque me destrozaron también
el riñón". Contaba con cierta dificultad, obligada
por la penumbra del recuerdo, a un periodista de “El Pais”.
Fue vejada, humillada, asesinada en vida. Pero nadie consiguió
arrebatarla su dignidad, ni ensombrecer la virtud de quienes, en lo
mas recóndito de su alma, mantuvieron erguida su condición
de seres humanos.
Junto al estudio de los efectos del horror nuclear que se avecinaba,
los experimentos que dirigía el medico nazi J.H. Glauber buscaban
métodos para hacer inviable la reproducción en las mujeres
de las razas “inferiores”.
Solo recuerda del bloque 10, donde vivió en los meses de radiaciones
continuas el vomito persistente que quemaba su cuerpo un día
tras otro.
Pero la vida no se rinde, y los valores que la sostienen tampoco. Terminado
el experimento, el doctor Horst Schumann era el encargado de operar
a las pacientes, observar los efectos en sus ovarios y extirparlos.
El destino hizo que Schumann delegase esa horrible labor final en un
medico judío octogenario. Tumbada en la mesa de operaciones,
y con ojos encendidos, imploro a aquel médico que salvara su
ovario sano, que le diera la oportunidad de tener hijos y enseñar
a su carne el camino que aleja del horror. ¿Sabes que lo que
me pides me costara la vida?. Samuel, que ese era su nombre, salvo a
aquella niña. Luego le mataron. Con el fin de la guerra, Mazaltov
huyo, atravesó la Silesia nevada, derroto a su tuberculosis,
y tras un arduo peregrinaje por la Europa aliada regreso al principio,
a Grecia, donde conocería a quien hoy es su marido, criando ambos
a su hijo Samuel, cuyo nombre recuerda a quien cambio su vida por la
suya, y con ello salvo su alma. Hoy Mazaltov, vive en Lloret de Mar,
en un mundo que cree distinto, alejada de un infierno del que piensa
solo queda una marca a fuego en su brazo, un grabado en su piel que
la identifica como la preso número 41.577.
Quizá tanto dolor debería haber sido suficiente precio
para que nuestra civilización, tan pulcra y correcta ella, tan
racional y saludable hubiera extirpado de sus entrañas todo aquello
que germino de tan antinatural forma en el pasado.
Pero nuestra memoria histórica, la de verdad, es frágil,
y suele ser, casi siempre, la antesala del rebrote del horror. Han pasado
más de 50 años, hemos intentado en este tiempo inculcar
el respeto a la vida a generaciones que ni sospechan el dolor de nuestros
congéneres en aquellos lejanos días. Ha sido en vano.
James Watson, nobel de medicina, y miembro del prestigioso Instituto
de investigación de Cold Spring Harbor, cerca de Nueva York,
ha afirmado categóricamente que “Nuestras políticas
sociales se fundan en el hecho de que la inteligencia de las personas
de raza negra es la misma que la nuestra (occidentales blancos), mientras
que todas las investigaciones concluyen que en realidad no es así”.
Ha dimitido, claro, pero el daño esta hecho. La duda sobre nuestros
valores sembrada, el arma intelectual cargada y lista para el disparo
contra el diferente.

Madrid,16
de octubre de 2007, un miembro de nuestra especie, acecha el domicilio
de una familia de Madrid. Tras percatarse de la salida del domicilio
de sus padres, y comprobar que su hija, menor de edad, permanece sola,
en la puerta de la casa, la empuja, la introduce en la casa y la sodomiza
hasta la extenuación, abatida por el pánico y desgarrada
por el dolor la menor se desvanece, el sujeto la reanima, consigue que
recupere la consciencia y continua con la violación durante varias
horas.
Barcelona,
23 de octubre de 2007, un joven barcelonés propina una brutal
patada a una menor en el interior de un vagón de metro, la insulta,
la humilla y la veja, ante la impávida mirada de un testigo.
Tras ello, el agresor se va de copas con los amigos, seguido de una
caterva de medios de comunicación que le preguntan insistentemente
como se siente. Como una estrella, como se va a sentir. La justicia
y la policía tardan en reaccionar casi un día. Y cuando
lo hacen mantienen mas tiempo en comisaría a la victima y al
testigo, repudiado por los vecinos (¿por ser argentino o pasmado?,
no se muy bien), que al agresor. Este sigue hoy de paseo, mostrando
palmito ante las cámaras, sin que la justicia haya tenido a bien
encarcelarle, o la policía autonómica darle una buena
somanta, por cabron (lo siento), como suelen hacer de vez en cuando
en los calabozos de sus comisarías.
Y no carguemos contra jueces y similares, que tan solo aplican las leyes
que vomitan nuestros legisladores. No solo en ellos descansa la responsabilidad
de cuanto nos ocurre. Nadie, o casi, movió un dedo en la Alemania
nazi para evitar la descomposición de una civilización
que retrocedió hasta el mundo de Hades, cual Hellraiser diseñado
por Hollywood. Su sistema educativo, su estructura de valores, su sistema
institucional, su judicatura, apenas aguanto el embate de los totalitarismos
y de la filosofía de destrucción y anti humanismo que
escondía. Hoy todos esos sistemas de valores se resquebrajan.
Como en el Munich de 1937, asistimos como usuarios de un video juego
al ataque sistemático y, a veces, estudiado contra mujeres, minorías
o gentes de bien cuyo pensamiento pone en cuestión la fractura
que se crea entre la razón y las practicas cotidianas. Fractura
amparada por la irresponsabilidad de quienes deben ejercer una guía
moral sobre la civies, y solo muestran la herrumbre de sus rencillas
y luchas de poder. Fractura mantenida por una sociedad donde parte de
los jóvenes deambulan al margen de los caminos de la ética,
en una sociedad, y en una estructura familiar ( o lo que queda de ella)
, que ha declinado ejercer la potestad de educar y formar el espíritu
de generaciones que, como tribus bárbaras, viven sin criterios,
limites, ni proyectos vitales, porque la laxitud del concepto de la
aplicación del derecho individual, nos auto justifica la no intervención
en sus vidas, la vigilancia de sus peligros y la reconducción
de sus conductas, en un hedonismo vital que esta derribando los cimientos
de nuestra vida común.
Intocable es la vida disipada de las bandas de adolescentes que mean
en nuestros portales, magrean a sus compañeros en la escuela
y publican en la red sus fechorías. Intocable es la irresponsabilidad
de los políticos que, a sabiendas, conculcan o soslayan la ley,
la incumplen con premeditación, so causa de consultar la voz
del pueblo, o animan a no proteger el medio natural, por cuanto el alarmismo
es un juego fatuo. Intocable es la pasividad de una sociedad que mira
a poniente ante cualquier problema y abandona al débil, al compás
de un palillo escarbando en sus dientes.
Bonito
precio estamos pagando para tener el adosado, la visa, el carrefour
y la semana en Benidorm. Exactamente 41577 lágrimas, y un olvido.
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