Lucia
Gallo, Sara Pérez, Regina Viñuela estudiantes de secundaria, Colegio La
Paz, Torrelavega (Cantabria)
Esa
profesora de primaria a la que posiblemente identificarás por
su termo. Una de las personas con más experiencia en niños
que hayamos podido conocer, siempre encantadora y con una sonrisa en
la boca, así es Ramona. Tras 39 años con completa y absoluta
dedicación a los niños, tres antiguas alumnas suyas hemos
querido hacerla un homenaje en su último año de educadora.
¿Por qué decidiste estudiar magisterio?
En aquel tiempo era casi la única profesión que podía
hacer una mujer. Sólo había dos opciones: profesora o
enfermera.
¿Siempre tuviste claro esta carrera o te plateaste alguna
otra?
De no ser esto habría sido enfermera.
¿Qué asignaturas impartes?
Ahora mismo estoy dando matemáticas, plástica, religión
y conocimiento del medio.
¿Qué es lo que más y lo que menos te gusta
de tu trabajo?
Lo que más, sin duda, dar clase. Lo que menos el papeleo que
conlleva esta profesión.
¿Se dispone de mucho tiempo libre en este oficio?
Yo hablo por mí y en mi caso no. Porque tras llegar del colegio
me esperan muchas otras cosas que hacer en casa, ya sean labores domésticas
o profesionales.
¿Te costó entrar a trabajar aquí?
No, porque me incorporé en la inauguración del colegio.
No disponían de la plantilla del profesorado necesaria, así
que fue relativamente fácil entrar a este centro.
¿Tienes contacto con antiguos alumnos?
Con muchos. He sido tutora de muchas generaciones de las cuales he sacado
bastantes amigos. Cuando salgo a la calle por ejemplo, me paro con casi
todo el mundo. (ríe)
¿Resulta difícil hacer que los niños atiendan?
Pues sí que resulta difícil, pero creo que en mi caso
la experiencia ayuda.
¿Es muy cansado pasar tantas horas con niños?
A veces. Principalmente la última hora de la mañana o
de la tarde, cuando ya estamos todos deseando llegar a casa. Pero bueno,
hay otras horas donde ellos trabajan muy bien y tú también
te sientes cómoda con su trabajo.
¿Notas alguna diferencia de la primera generación
a la que impartiste clase con la de ahora?
Bastante. La primera generación era muy callada. Podías
irte al servicio, hacer algún recado y no hablaban nada. Eran
más respetuosos, había mucho más orden… Tenían
esa educación ya impartida de casa, no hacía falta que
tú la impusieras.
Sin embargo ahora, tú más que el profesor eras uno más
en clase. Entonces ellos te hablan y comentan mucho. Ha cambiado el
sentido de la autoridad, yo creo.
¿Cómo dirías que es tu forma de dar clase?
Yo lo que intento en principio es que encuentren una utilidad en su
vida diaria a lo que les voy a enseñar; que vean que eso existe
en la realidad, que les va a servir de algo en un futuro próximo.
Seguro que una vida dedicada a los niños estará
plagada de anecdotas
Muchas, pero no diría una concreta. Aunque lo que más
me sorprende de ellos es la confianza. Cómo cuentas cosas de
su vida personal, sus padres, sus abuelos…Esa relación
tan cercana y homogénea que hay entre el colegio y los que convivimos
en él y su casa.
Tras todos estos años en la docencia, ¿qué
es lo que crees que has aprendido?
Hay una cosa que no es que lo haya aprendido, sino que no lo he dejado
de ser. No he dejado de ser niña, y eso se lo debo a los niños.
Y es que me comporto incluso en casa como una niña. Me voy haciendo
mayor por la edad, pero tengo expresiones de niños, que yo aprendo
con ellos a diario.
En todo este tiempo, ¿ha cambiado tu forma de ver la
educación?
Sí, va cambiando. En los libros, en el punto de vista que estos
quieren dar a cada tema... Ahora disponen de más medios; Internet,
están más influidos por la televisión… Pero
en lo fundamental, en lo que tenemos que aprender, las normas, no han
cambiado.
¿Crees que ha cambiado la Ramona que entró hace
ya 39 años en el colegio con la que este año se jubila?
Creo que me he vuelto mucho más tolerante. Hay que respetar cómo
es cada uno, se que todas las personas tenemos diferente carácter,
tanto profesores como alumnos, y la experiencia te hace ser más
comprensible con la gente que te rodea. Además, en los tiempos
que corren ahora, cada niño tiene una situación familiar
diferente, no sólo es su carácter, sino su entorno familiar.
Posiblemente esto también me haya cambiado la forma de ver las
cosas.
¿Has pasado algún momento especialmente difícil
estos años?
A nivel personal debido a enfermedades que he tenido sí, pero
en las clases la verdad es que no he tenido grandes dificultades con
familias ni con niños. Gracias a que los niños no tienen
maldad, se enfadan y a los cinco minutos se les olvida, y a ti también
se te olvida. Es lo bueno de tratar con niños.
¿Te consideras una persona positiva o más bien
negativa?
Siempre he sido una persona reflexiva, doy vueltas a todo y veo el vaso
la mayoría de las veces medio vacío.
¿Cómo planeas pasar tu vida ahora que te vas a
jubilar?
Pues bueno, no planeo mucho. Tan sólo quiero tener más
tiempo para mí, para descansar, dar algún paseo ya que
no puedo darles y cuando salgo del cole ya estoy cansada… En resumen,
hacer lo que me venga en gana sin pensar en lo que tengo que hacer.
Disfrutar de mi libertad.
¿Qué valores pretende inculcar el colegio?
El colegio siempre ha tenido una línea clara respecto a valores.
Y uno de ellos es el del esfuerzo e intentar hacer las cosas lo mejor
que puedas. Las relaciones humanas, el esfuerzo y el trabajo son los
principales valores de nuestro centro a parte del aspecto religioso,
aunque los anteriores son mucho más fuertes en mi opinión
Si tuvieras que describir tu paso por el colegio con una palabra
o frase, ¿cuál sería?
Sería trabajo y amistad.
¿Qué te llevas del colegio?
Todo lo que soy ahora mismo es fruto de mis experiencias aquí,
porque yo cuando salgo del cole lo único que hago es ir a casa.
Toda mi vida ha sido el colegio y casa, no he hecho otra cosa desde
los 21 años cuando entré en el centro. Toda mi evolución
como persona se la debo a mi trabajo, porque creo que esta profesión
me ha aportado todo tipo de valores que ningún otro trabajo te
puede ofrecer. Este trabajo ha hecho que me sienta viva.