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Nilo
Merino Marta
Perez, Maria Reguilón
Pertenecer
a una familia de tradición marca al individuo, sobre todo cuando
esa tradición viene dada por el afán de servicio a la
comunidad, y la entrega a los demás. Esa es parte de la filosofía
que ha heredado y ha encarnado en su vida Nilo Merino. Abogado, presidente
del AMPA del Colegio la Paz de Torrelavega, montañero…
Solo es parte del conjunto de rasgos de un hombre que, siendo aun joven,
ejemplifica un estilo muy humano en la mundo de las leyes. Nilo tiene
tres hijos escolarizados en nuestro colegio, con lo que se da continuidad
en nuestro centro a una de las familias de más tradición
en nuestras aulas y que más nos han aportado a todos. Y es que
la familia es una de las claves de su vida, una vida cargada de trabajo,
pero que siempre encuentra ratos que pasar en su compañía,
cosa que le encanta. De su profesión, de sus ilusiones y del
tiempo dedicado a su familia charla hoy con nosotros. En realidad, ¿qué querías ser de mayor? De
niño, recuerdo que decía querer ser carpintero. No olvido
la ilusión que me hizo recibir un día de Reyes un banco
de carpintero de verdad, como el que podía usar cualquier profesional. ¿Por qué decidiste estudiar la carrera de derecho y ser abogado? Creo
que las circunstancias que influyeron fueron varias: mi opción
por las letras, estudiar en Cantabria era importante para mi (por mi
familia; por Olga, novia entonces, hoy mi mujer; por mis aficiones deportivas…)
y la Facultad de Derecho abrió sus puertas el año anterior
a terminar los estudios en el colegio, también quizá cierta
inercia, pues recuerdo que no tenía una vocación muy marcada,
por supuesto también la experiencia del día a día
en la convivencia con mi padre que también es abogado…
¿Es una carrera complicada? ¿Te costó mucho estudiarla? Ahora
el nivel de exigencia es mayor que entonces. Era una facultad incipiente,
con algunas carencias, como la escasez de profesorado. En general, salvo
algún tropiezo (recuerdo que me costó aprobar Derecho
Romano), creo que me defendí bien. Desde luego había que
estudiar muchas horas y a veces se hacía cuesta arriba. No se
me olvida el sacrificio que suponía quedarse en casa a estudiar
los fines de semana y durante las vacaciones (sobre todo con buen tiempo)
sabiendo que la mayoría de mis amigos (muchos ya trabajaban)
se iban a escalar, de montaña, a la playa… ¿Qué ocurrió cuando acabaste la carrera, como fueron tus primeros pasos profesionales? El
periodo de formación en la facultad es muy importante. Se trata
de adquirir una base de formación jurídica lo más
sólida posible y después llega la aplicación práctica
de los conocimientos. Esta carrera presenta un abanico bastante amplio
de posibilidades laborales y yo me decanté por la abogacía.
En
mi caso, no llevo el control de resultados. Sería complicado
y además creo que es innecesario. ¿Cuál es el caso que más te ha llamado la atención? Es
difícil referirse a uno en concreto y además, como es
lógico, la confidencialidad que nos exige el código deontológico
del ejercicio profesional de la abogacía me impide entrar en
detalles, pero sí destacaría aquellos en los que están
en juego aspectos importantes de las personas, como su libertad, su
salud, su seguridad, su patrimonio, etc. ¿Desde cuando perteneces a la Junta Directiva de la Asociación de Padres de Alumnos “Padre Damián” del colegio? Olga y yo accedimos a la Junta Directiva hace siete años, recuerdo que tras una conversación que mantuvimos con la profesora Concha Carabaza. Nos animó y nos pareció muy interesante. Cito a Olga porque la labor que yo haya podido desarrollar ha sido en gran medida gracias a ella. Nos hemos apoyado y ayudado mucho mutuamente. ¿En qué consiste tu trabajo? Es
un trabajo en equipo de todos los miembros de la Junta Directiva. Sin
esa labor conjunta de Elena, Carmen, Mauri, Ana, Olga, Loli, Antonio,
Marisol, Luis, Mayi y Teresa sería imposible afrontar todas las
actividades que se desarrollan al cabo del año. ¿Cómo logras coordinar ambos trabajos? No
es fácil por la falta de tiempo. Mi trabajo es bastante absorbente
en horario de mañana y de tarde y, como le ocurre al resto, el
tiempo dedicado a la asociación, por así decirlo, es robado
al trabajo, a la vida familiar, al tiempo libre…
¿Es gratificante formar parte de esa Asociación de Padres? Sí.
Yo le debo mucho al colegio y en parte es una deuda que trato de saldar.
Gracias a mis padres pude ser educado en este centro, al igual que el
resto de mis hermanos (como curiosidad hubo un año en el que
coincidimos los seis). Y la formación académica y religiosa
que recibí han sido tan importantes en mi vida que de una u otra
forma siempre intentaré ayudar en lo que buenamente pueda. ¿Qué prefieres: tú trabajo como abogado o ser presidente de la Asociación de Padres de Alumnos del colegio? Me
vais a permitir no escoger. Ambas actividades son compatibles. ¿Qué proyectos tiene la Asociación de Padres en estos momentos? Estamos
metidos de lleno en la preparación de las Fiestas y actividades
del nuevo curso. El año pasado ya se incluyo una importante novedad
en el tramo final de curso. Por medio de Cocemfe, que es una federación
de asociaciones relacionadas con las minusvalías, queremos que
los alumnos participen en deportes y actividades lúdicas que
sus miembros practican para conocer su realidad y concienciarnos de
sus necesidades, avanzando en la integración. Siempre menos del que me gustaría, pero, por otro lado, me considero un privilegiado. Por ejemplo, tenemos la gran suerte de poder comer y cenar todos juntos en casa (Olga y Nilo tienen 3 hijos, Nilo, David y Juan). En el día a día con los horarios laborales y escolares las posibilidades de estar juntos se reducen, pero en general creo que los ratos que tenemos los aprovechamos bien y los fines de semana sí que son más intensos, pues los planes de los cinco son prácticamente siempre conjuntos. ¿Te queda algún espacio para tener un hobby? Los
días tendrían que tener 48 horas y, puestos a pedir, los
fines de semana ser de 3 días. ¿Qué causa mayor satisfacción cuando entras en un juzgado? Esta pregunta es difícil de contestar porque cuando alguien entra en un juzgado en realidad no hay ninguna satisfacción, ya que sabes que vas a tener que discutir con alguien, por así decirlo. Por lo tanto no hay nada que la cause.
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Nilo
Merino Recalde,
Cristina Nogues, juez de menores
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