La
Campa
Un proyecto intercultural de Caritas de la Asunción, en Torrelavega
Marta
Bustamente estudiante de bachillerato , Colegio La
Paz, Torrelavega (Cantabria) Fotos: Nilo Merino estudiante
de secundaria , Colegio La Paz, Torrelavega (Cantabria)
Torrelavega,
una ciudad industrial en el corazón de Cantabria, ha crecido
a la sombra de la inmigración. Si la convivencia ya es dificil,
las dificultades económicas y la falta de infraestructuras han
convertido los barrios donde residen los inmigrantes en focos de conflicto.
Un importante proyecto impulsado por Cáritas, busca ahora crear
lazos entre todos los ciudadanos
La
Campa es un proyecto intercultural, un lugar de encuentro, de reunión,
un lugar donde no solamente charlar sin sentido como puede ser un café
sino un espacio donde conocer y escuchar a personas diferentes. Y darse
cuenta que ellos también tienen cualidades y virtudes muy buenas.
Además de los 20 voluntarios que han hecho esto posible también
pueden colaborar los ciudadanos. Existe una gran cantidad de personas
que colaboran y ayudan a esta nueva gente, como yo la llamo, a que se
integre y socialice. En pocas palabras: a vivir con nosotros. La idea
lleva 6 años entre las almas hospitalarias de los voluntarios
ya que por aquel entonces comenzaron a realizar pequeñas excursiones
con los inmigrantes. Poco a poco corrió la voz y se fueron haciendo
cada vez más numerosas. Así fue como hace tres años
se puso en marcha el proyecto de la Campa. Todo lo que se ve es gratuito.
Lo han hecho ellos. Lo único que ha necesitado apoyo económico
ha sido el patrocinio. El local también ha sido gratis ya que
la idea de la Campa como proyecto ha sido de Cáritas Diocesana.
La creación del centro ha llegado a oídos de todos los
ciudadanos quienes conmovidos por la generosidad de los voluntarios
han decidido colaborar de alguna u otra forma. Algunos han donado juegos
de mesa, libros, juguetes, revistas, sillas, etc. Otros les han alumbrado
con sus conocimientos. En el mes de diciembre han gozado de tertulias
semanales en inglés y francés, así como cursos
de cocina. Y por último, están los que han ayudado con
la decoración. De hecho la decoración a blanco y negro
no es meramente estética sino que viene a simbolizar que da igual
de que color seas ya que todos somos seres humano. Lo único imprescindible
es olvidar quién eres, simplemente entrar y hablar con cualquiera.
No importa que sea católico, protestante, evangelista o ateo.
No importa si es hombre o mujer, anciano o niño. Lo importante
es que hablar, escuchar,... dialogar. Y eso de momento lo están
consiguiendo el promedio es 20-30 personas en días de labor y
de 40-50 los fines de semana, lo que hace una media de aproximadamente
de 35 personas diarias. Y no es de extrañar ya que el local tiene
un salón donde poder leer tranquilamente el periódico,
una revista, un libro o simplemente charlar. Además tiene una
sala de juegos para los niños, con un montón de juegos
de mesa para divertirse. De hecho muchos han aprendido a jugar al parchís.
Para los más pequeños también hay una guardería
de forma que si el horario no es compatible con la jornada laboral de
los padres. Además posee una pequeña cocina que sirve
para tener el café y la leche siempre lista para cualquier visitante.
Algo significativo es que poseen un oratorio para esos momentos en los
que se necesita apartarse del mundo y pensar. También, una pequeña
sala de ordenadores para que puedan mantener el contacto con sus familias;
un espacio para Cantabria con la intención de conciliar a los
autónomos e inmigrantes porque aquí viene gente de fuera
pero no significa que sea exclusivo para ellos. La Campa es un lugar
alegre y cálido que ha traído satisfacción ya que
es una oprtunidad para conocer gente nueva con tradiciones, anécdotas
e historias interesantes y de percatarse que las preocupaciones y necesidades
son las mismas allá donde estés. Hoy por tanto nuestro
protagonista de la semana se escribe en plural, en plural de muchos
y en plural de diversos, como Maribel y Patricia
“Ha
sido un logro la calidez que tiene el sitio”- Patricia.
“Ellos también tienen algo que aportar”- Maribel.
¿Qué es? ¿Cómo lo definiría
usted?
Es un proyecto intercultural. Ha sido concebido como lugar de encuentro,
de reunión, un sitio donde estar y hablar, un local para tomar
café mientras conoces gente, mientras colaboras, mientras ayudas
a esta nueva gente, como yo la llamo, a que se integre y socialice.
En pocas palabras: a vivir con nosotros.
¿Qué
horario tiene? ¿Por qué?
Estamos abiertos de miércoles a domingo, de 6 a 9 de la tarde.
Porque así los niños pueden venir. Los padres, dependiendo
del trabajo, también. Así los padres no andan preocupados
sobre dónde están sus hijos. Y por otro lado los niños
no andan dando vueltas pasando frío.
Lo ideal sería que estuviéramos abiertos las 24 horas
pero ¿quién vendría? No solamente lo digo por ellos
sino por los voluntarios mismos. Somos voluntarios, sí, pero
también trabajamos.
En un principio nuestra idea fue abrir de lunes a domingo de 6 a 9 pero
no somos suficientes.
¿A
quién o quienes se les ocurrió la idea?
La idea viene de Cáritas. Para ser más concretos, de Cáritas
de la Parroquia de la Asunción de Torrelavega.
En realidad el trabajo con inmigrantes lo llevamos realizando unos 6
años.
Al principio comenzó con pequeñas excursiones en las que
reuníamos a los inmigrantes que conocíamos. Nos lo pasábamos
en grande. Poco a poco corrió la voz y se fueron haciendo cada
vez más numerosas. Así fue como hace tres años
se puso en marcha el proyecto de la Campa.
¿Cuánta
gente está involucrada?
Pues algunos son: Carmen, Carlota, Susana, Ángela, Mónica,
Juanjo, David, Consuelo, José, Juan Carlos del Pozo, Gema, Manolo,
y algunos más de Polanco y Santander. Estamos cerca de los veinte
voluntarios. ¡Parece mentira que empezásemos tres!
¿Pueden
colaborar los ciudadanos?
Sí por supuesto. Por ejemplo: los padres de los niños
se ofrecen a dar charlas.
Muchas de las actividades que tenemos son gracias a ellos. Bueno, además
de nosotros mismos que también echamos una mano. Gema, por ejemplo,
imparte los talleres de pintura. Ana es nuestra cuenta cuentos particular.
Patricia (una madre) y yo hemos dado un curso de torrijas. También
hemos tenido una charla sobre cata de vinos que fue muy interesante
y además hemos llegado a tener tertulias semanales en inglés
y francés. Incluso el director Pedro Telechea vino a hacernos
un Cine forum.
¿Cuánto
tiempo les llevó preparar el centro?
Tres años como te dije antes. Pero lo importante no es el tiempo
tardado sino por qué hemos tardado tanto. Te explico. Todo lo
que aquí ves es gratuito. Lo hemos hecho nosotros. Cada uno ha
hecho aquello en lo que está más cualificado. Juanjo,
por ejemplo, es nuestro decorador. Manolo, es el “manitas”.
Y así sucesivamente. Lo único para lo que hemos necesitado
apoyo económico ha sido el patrocinio. El local también
ha sido gratis ya que la idea de la Campa como proyecto ha sido de Cáritas
Diocesana de la Iglesia de la Asunción cuyo párroco Juan
Carlos del Pozo pertenece al voluntariado.
Lo que más me gusta del local, es que ha alcanzado nuestras expectativas
en cuanto a crear un lugar cálido, acogedor y agradable.
Todo
lo que tienen; juegos, libros, ordenadores,… ¿Cómo
lo han conseguido?
De donaciones. Estamos muy contentos con las personas que nos han ayudado.
Pero lo que más me asombra es que La Campa está teniendo
un gran éxito ya que aparte de Telechea y su cine forum que antes
te nombré, El Diario Montañés nos regala todos
los días el periódico.
Gracias a las donaciones los inmigrantes pueden aprender el español
más fácilmente leyendo. Lo malo es que no tenemos libros
en otros idiomas pero para suplir esa carencia está el Internet.
Esa es su segunda función ya que la idea que nos hizo instalar
el ADSL fue la esperanza de que pudieran hablar con sus familiares que
no han venido con ellos.
¿De
qué partes consta la Campa?
Este local tiene un salón donde poder leer tranquilamente el
periódico, una revista, un libro o simplemente charlar. Además
tenemos una sala de juegos para los niños, donde tienen un montón
de juegos de mesa para divertirse. De hecho muchos han aprendido aquí
a jugar al parchís. Para los más pequeños también
tenemos una guardería de forma que si el horario no es compatible
con la jornada laboral de los padres, saben que aquí se lo pasan
bien. Además tenemos una pequeña cocina que nos sirve
para tener el café y la leche siempre lista para cualquier visitante.
Algo curioso y significativo es que poseemos un oratorio para esos momentos
en los que se necesita apartarse del mundo y pensar. Digo significativo
porque en La Campa no hacemos distinción por raza, origen, sexo,
edad o religión. Y esto es muy importante ya que los inmigrantes
que no vienen son en su mayoría marroquíes y árabes,
suponemos que por miedo a que no les aceptemos su religión ya
que el proyecto pertenece a Cáritas. También, una pequeña
sala para los ordenadores que antes nombré; un espacio para Cantabria,
que en realidad es un trozo de pasillo pero eso es lo de menos. Si hemos
querido hacer un pequeño homenaje a nuestra tierra es porque
aquí viene gente de fuera pero no significa que sea exclusivo
para ellos. La Campa es un sitio de reunión, es intercultural.
De hecho la decoración a blanco y negro no es meramente estética
sino que viene a simbolizar que da igual de que color seas ya que todos
somos seres humanos.
Y por último, la Jaima. La Jaima es un símbolo más.
El nombre es de origen árabe ya que para ellos la Jaima es como
para nosotros el hogar. Cuando un árabe te invita a su Jaima
es que te acepta. Es un símbolo de acogida y de confianza. Es
sagrado.
¿Qué
beneficios inmediatos ha traído? ¿Cuáles cree que
traerá a largo plazo?
Satisfacción porque todo el que ha entrado ha salido con una
sonrisa en los labios.
Satisfacción porque el proyecto es tal o mejor que como lo soñamos.
Satisfacción porque conoces gente nueva con tradiciones, anécdotas
e historias distintas e interesantes y te percatas de que tenemos las
mismas preocupaciones y necesidades estés donde estés.
Además creo que el conocerlos conlleva que te sientes incapaz
de echar a alguien que es del barrio, tu vecino, tu amigo.
¿Cuál
es su principal objetivo?
El objetivo del proyecto es que sea un lugar de encuentro. Un lugar
donde no solamente charlar sin sentido como puede ser un café
sino un espacio donde conocer y escuchar a personas diferentes. Y darnos
cuenta que ellos también tienen cualidades y virtudes muy buenas.
Para ello es necesario sea más que acogedor. Tiene que ser cálido.
Debe ser familiar.
¿Siente
que se ha cumplido, que se cumple o que se cumplirá? ¿Qué
necesita?
Sí
poquito a poco.
Al principio teníamos miedo ya que las primeras excursiones (las
de hace años) parecían exclusivas de inmigrantes. Pero
con el tiempo hemos conseguido que los autóctonos comprendan
que la integración no es posible sin una aceptación. Además
el dar una oportunidad es equivalente a quitarse la venda de los prejuicios.
Y te das cuenta de lo agradecidos que son y luego piensas: no era para
tanto vas de excursión, hablas, te lo pasas bien y encima te
lo agradecen.
Una de las enseñanzas es que tememos a lo desconocido más
que a lo que conocemos aunque sea aterrador. Con esto me refiero a todas
las monstruosas noticias que se televisan diariamente y no es necesario
irse a asesinatos sino simplemente un accidente de coche. Es algo que
conocemos y que parece que no tememos porque cada día la gente
va más rápido.
¿Qué
son, ustedes los voluntarios, amigos o monitores?
Somos amigos, personas cercanas, un segundo hogar, etc. Pero no solamente
somos los voluntarios los que creamos los lazos sino que todos ellos
quieren adaptarse e integrarse. Es precioso ver como abren su corazón.
Quisiera recalcar que lo único imprescindible es olvidar quién
eres, simplemente entrar y hablar con cualquiera. No importa que sea
afgano, dominicano, colombiano, guatemalteco, marroquí, rumano,
senegalés, uruguayo, peruanos, argentino, brasileño, turco,
etc. No importa que sea católico, protestante, evangelista o
ateo. No importa si es hombre o mujer, anciano o niño. Lo importante
es que venga gente. Y eso de momento lo estamos consiguiendo el promedio
es 20-30 personas en días de labor y de 40-50 los fines de semana,
lo que hace una media de aproximadamente de 35 personas diarias.