Carlos
García de los Salmones estudiante de secundaria, Colegio
la Paz, Torrelavega (Cantabria)
En
mi viaje de fin de curso a Madrid he descubierto una compañía
de baile muy interesante y peculiar dirigida por Nazaret Laso y Tania
Garrido, quienes nos han concedido esta entrevista:
¿Cómo surgió la idea de crear Cranämour?
Tania: Nazaret y yo nos conocimos estudiando en la Resad de Madrid.
Desde que nos vimos hubo una química especial entre las dos.
Yo la admiraba mucho como artista, (¡todavía lo hago!),
me gustaba como se movía y su misterio en escena. A parte era
rara, jejeje, y a mí por esa época me gustaban los raros.
Raros, introvertidos, de carácter incierto, porque yo también
era así. (Ahora las cosas han cambiado, afortunadamente.) Ella
llevaba ya mucho camino andado, trabajaba desde bien joven en Extremadura
con una compañía de teatro a la que luego me invitó,
y además tenía un don especial, el talento que sigue teniendo
ahora. Así que un día decidimos montar una pieza para
un certamen. Se llamó “Solo para dos cabezas” y esa
fue la semilla de la que más tarde nacería Cranämour.
Por esa época ambas nos apuntamos a clases en el estudio de Bausm
(Butoh Anti-Art Underground Source Madrid), que resultó ser,
además de estudio, la casa del profesor, Wendel Wells, americano
y loco, fiel al mundo de las profundidades y maestro donde los haya.
Él nos introdujo al mundo del Butoh y marcó un estilo
y una base común entre las dos.
Nazaret: A mí me pasó lo mismo. Tania me atrajo por su
locura y porque era ella. Yo tenía muchas ganas de crear una
pieza con alguien y ella era la candidata perfecta. Así que no
me lo pensé mucho y compartimos en escena la locura y la belleza.
Desde entonces, a pesar de ser muy diferentes, nos dimos cuenta de cuánto
disfrutábamos creando juntas, como si compartiéramos en
algún punto un universo similar. De esto hace casi diez años
y ella me sigue paralizando cuando la veo bailar. Tiene algo así
como un sentimiento de belleza inscrito en el cuerpo. Cranämour
se llama así porque en aquellos tiempos yo andaba con la cabeza
rapada y tenía fascinación por los cráneos desnudos.
Mitad Cráneo, mitad amor. Así que más que de una
idea, Cranämour nació de la necesidad de contar cosas que
nos arrebataban por dentro. Wendel alimentó la semilla de la
locura para que la compañía tuviera la forma que tiene.
¿Podrías explicar en qué consiste la danza Butoh
y cómo se originó?
El Buto o Butoh por su transliteración inglesa, es el nombre
utilizado para referirse al distinto abanico de técnicas de danza
creadas en 1950 por Kazuo Ohno y Tatsumi Hijikata, que, conmovidos por
el fatídico bombardeo de Hiroshima y Nagasaki, comienzan con
la búsqueda de un nuevo cuerpo, el cuerpo de la postguerra. Durante
esa década, las imágenes de algunos sobrevivientes llenaban
las calles. Estos caminaban con sus cuerpos quemados y con los globos
oculares reventados y colgando sobre sus mejillas. Así nació
el Butoh, la danza de la oscuridad o Ankoku Butoh.
Normalmente involucra movimientos lentos, expresivos e imaginativos
bebiendo del expresionismo alemán y del surrealismo. La temática
del butoh es tan amplia como difusa, tocando aspectos fundamentales
de la existencia humana. Es habitual explorar la transición entre
estados anímicos mientras que el cuerpo toma múltiples
formas. El bailarín de Butoh puede encarnar objetos, pensamientos
abstractos, materiales o elementos naturales. El Butoh es una reflexión
del cuerpo sobre el cuerpo y sobre el lugar que este ocupa en el Cosmos.
La no voluntad es importante, el concepto de que es el espacio el que
baila en ti y no tu cuerpo bailando el espacio. No hay decorado o vestuario
determinado; es habitual que los intérpretes actúen desnudos
o pintados de blanco. "No hablar a través del cuerpo, sino
que el cuerpo hable por sí sólo".
Y después de todo esto, ¿Sabes lo que decía Wendel?
Que el butoh dejaba de serlo al intentar nombrarlo. Y en esto estamos
de acuerdo, porque el butoh no existe, es básicamente experiencia.
Además, lo que es para mí no es para otro. Cada bailarín
encuentra su propio butoh.
¿De qué trata la técnica Suzuki?
Desarrollado por el director Tadashi Suzuki y la compañía
Suzuki Company of Toga, el método Suzuki de entrenamiento actoral
tiene como objetivos el restaurar el cuerpo humano como un todo en el
contexto teatral y redescubrir las habilidades expresivas innatas del
actor. El método Suzuki es una rigurosa disciplina física
que bebe de diversas influencias como el ballet, la tradición
japonesa, el teatro griego y las artes marciales. Este entrenamiento
busca aumentar el poder emocional y físico de los actores así
como su compromiso con cada momento en el escenario. La atención
está puesta en la parte inferior del cuerpo y en el vocabulario
de los pies, afinando mucho la concentración del actor.
Cranämour es amante de esta técnica. Tania la aprendió
en Estados Unidos con la SITI Company; Nazaret la conoció entrenando
con un alumno de Tadashi. Sin querer integramos elementos del Suzuki
en nuestra danza, porque hay lugares comunes con el butoh que bailamos.
Entre los principales, el trabajo con el centro (Hara), el lenguaje
de los pies y la conexión con la tierra. Es una técnica
poderosa y directa que te llena de energía y dirección.
¿Dónde soléis interpretar vuestras obras?
Desarrollamos nuestra labor escénica en contextos y escenarios
muy dispares. No nos gusta limitarnos a la “caja negra”,
como normalmente se llama en nuestro gremio a la sala de teatro, aunque
también tenemos piezas para este espacio que ya forma parte de
nosotras. Después de varios años observando nuestra tendencia
y amor a improvisar en cualquier lugar, decidimos hacer varias versiones
de nuestros trabajos. Unas para espacios cerrados y convencionales y
otras más libres donde la relación con el público
y el medio pudiera modificar libremente la estructura de las piezas.
Esto es lo que ocurre en los museos, galerías, clases de dibujo
o en performances. La verdad, ahora que te lo contamos, nos damos cuenta
de cuántos lugares dispares hemos transitado. Sin duda, adoramos
la calle porque está viva. Nos encanta explorar e interactuar
con materiales como el cemento y la arquitectura urbana, tan rígida
en comparación con la fragilidad del cuerpo.
Esta comunicación con la ciudad la venimos desarrollando junto
al arquitecto Antonio Rabazas dentro del proyecto “The Waste City”
(La ciudad Baldía) a través de intervenciones en espacios
públicos y edificios de poder.
Así que nunca sabemos cuál será el próximo
reto espacial de Cranämour, si un campo de espigas, un tejado o
una calle de cualquier ciudad. ¡¡¡Y esto nos gusta!!!
Entre vuestras piezas creadas... ¿Cuáles destacarías?
¿Por qué?
Tania: Personalmente destacaría Pájaros, un aleteo en
el vacío. Esta fue la primera obra creada en residencia y en
la que Cranämour realmente se consolidó. Es una obra que
se suspende en el silencio en la que interpretamos distintos pájaros,
reales e imaginarios. Durante el proceso de creación murió
una persona que había sido de gran influencia en nuestro trabajo
y fue bonito dedicárselo. También fue la pieza ganadora
de los premios INJUVE 2007, lo que nos dio la oportunidad de mostrarla
en el Círculo de Bellas Artes de Madrid y en otros espacios.
Nazaret: También destaco Pájaros. Es una pieza hermosa
nacida del vacío, del calor y del silencio. Es increíble
en caja negra, donde parece que estamos suspendidas en el aire, pero
también en la calle, donde muchas personas al contemplarla entran
en este silencio y se quedan mudas. Es mágico.
En realidad, cualquiera de las piezas tiene algo único y misterioso.
Son como micromundos que no sabemos de qué parte de nosotros
han surgido.
Quiero nombrar la última pieza Etzev, ganadora del Certamen Coreográfico
de la Universidad Carlos III, porque Tania la bailó estos meses
con su bebita dentro de la tripa y esto ha sido bien impresionante.
¿Os ha ocurrido alguna anécdota interesante en
vuestra profesión?
Tania: Alguna anécdota, Mmmm… ¡Cuál
elegir! Grabando a las 6 de la mañana en el Museo del Prado con
un frío atroz sólo nos podíamos decir “Piensa
en los churros de después”, mientras caminábamos
a cámara lenta congeladas. “Piensa en los churros y el
chocolate caliente”. Después llegó la policía
y nos echó por no tener permiso. ¡Creo que fueron los churros
más ricos de mi vida! En otra performance, El Punto Ciego, con
Antonio Rabazas, atravesábamos una calle muy céntrica
de Madrid durante 40 minutos. Íbamos desnudas y era viernes por
la tarde-noche, el tráfico en Madrid un viernes a esas horas
es impresionante y yo pensaba que se iban a poner a pitar y a protestar
pues la calle era tan estrecha que entre el público y nosotras
ya la llenábamos. Al contrario de lo que pensé en la calle
se hizo un silencio sepulcral y hubo un gran respeto. Los coches iban
tímidos. La magia invadió esa calle. Fue muy bonito. Hubo
una niña que no se separó de nosotras en todo el recorrido
(eso que el Butoh a veces da mucho miedo a los niños) ella era
como nuestro ángel de la guarda.
Nazaret: Comparto con Tania esos momentos. Es tal como lo cuenta. Quiero
nombrar otro día en que íbamos a grabar en una enorme
fábrica abandonada de Madrid y llegó una pandilla de ecuatorianos
a limpiarla para jugar un partido de futbol allí dentro. Así
que muy dignas nos pusimos a performear mientras de fondo uno de ellos
barría el suelo.
Y otro día, haciendo fotos en los campos del Casar de Cáceres,
semidesnuditas, se acerca un pastor con sus cabras y nos mira con asombro.
Hay fotos testimonio de esto, muy surreales.
Y otra, cuando nos pusimos en el metro de Madrid una navidad vestidas
de angelitos. Los niños no querían acercarse por las caras
que poníamos. Los ojos en blanco hacían llorar a algunos.
Y nosotras riéndonos un montón por dentro.
¿Os sentís juzgadas u observadas de forma despectiva
al interpretar una danza inusual como el Butoh?
Por unanimidad, no. Siempre hemos sentido mucho respeto, a pesar de
que pueda haber gente que nos mire como sin entender mucho o grite una
obscenidad, pero eso ocurre las menos veces y normalmente en lugares
donde la gente no está tan acostumbrada a ver propuestas artísticas
diferentes a las convencionales. Si el cuerpo y el trabajo es tratado
con respeto y de forma artística eso se transmite.
¿El resto de bailarines ya tenían conocimientos
del Butoh y Suzuki? ¿Y cómo se enteraron de vuestra organización?
La intervención que hicimos en la plaza del Reina Sofía
el pasado 5 de Mayo fue una propuesta para que nuestros estudiantes
experimentaran y exploraran la relación del bailarín/intérprete
con el entorno. Cómo la danza es diferente en la sala de ensayo
y en un espacio abierto, cómo cambia el cuerpo y las imágenes
internas, cuánto nos modifica la presencia de un público.
Los chicos que bailaban llevan sumergiéndose desde Diciembre
en el Butoh y en nuestra particular forma de ver el cuerpo y como experiencia
de fin del taller propusimos hacer esta intervención final. Este
año Cranämour ha desarrollado más el lado pedagógico
y hemos impartido clases y talleres a lo largo del curso. Muchos de
los alumnos son amigos, amigos de amigos o gente que ve alguna performance
y queda sorprendida.
¿Os veis como una organización más comercial
o preferís ser fieles al sentido Butoh?
Tania: De momento somos una compañía pequeña y
no podemos decir que seamos comerciales. No creo que una cosa tenga
que estar reñida con la otra, lo importante es ser fieles a lo
que nos gusta hacer. Si lo llamamos butoh, danza, teatro, mezcla…
eso ya da igual, comercial o no, nos gusta hacer bien nuestro trabajo,
que sea de calidad y que esté acorde con nosotras y nuestro momento
vital.
Nazaret: Creo que no tenemos ninguna vena comercial, vamos, que no intentamos
vendernos. Desde los inicios la compañía se mueve haciendo
lo que le apetece en uno u otro evento. No nos gusta mucho la labor
de producción y distribución, no nos sale natural. Y lo
hemos intentado. Nos mueve la necesidad de crear y cuando nos da, creamos.
En esto creo que nos parecemos un poco a los primeros del butoh, que
sólo bailaban cuando y donde les salía del alma. Y no
defiendo esta actitud, acepto y reconozco que es nuestra manera de momento.
Sí, somos butoh hasta en la organización, nos movemos
por el underground. De momento estamos contentas. No nos gustaría
que por la venta y el comercio, Cranämour perdiera su magia y su
autenticidad.
En vuestra página web hemos visto que son frecuentes
los desnudos... ¿a qué se debe?
Consideramos el cuerpo como un ente bello de por sí. Somos unas
enamoradas del cuerpo en su expresión más esencial. En
la danza butoh se utiliza la pintura blanca y nosotras venimos adoptando
esta tradición en nuestros espectáculos y performances.
Esto es ya una especie de vestuario, una máscara que te hace
sentir fuera del tiempo, frágil y fuerte a la vez. El cuerpo
de blanco es muy distinto al cuerpo carne. El blanco se utiliza por
diversas razones: en Japón es el color de la muerte, del vacío,
el color del hueso, un símbolo de lo esencial en el cuerpo, de
lo que está más profundo. Se utiliza para que el cuerpo
pueda transformarse y encarnarlo todo.
Pero también nos encanta jugar con vestuarios diversos y locos,
y otras veces elegantes y sencillos. Todo va surgiendo según
el momento.
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