I.
Calle, A. Palencia, C.Ordoñez, S. Alonso, M. Urbistondo,
S. Calleja, A. Portilla estudiantes de secundaria, Colegio
la Paz, Torrelavega (Cantabria)
Hoy
hemos visitado una de las lavanderías de SOEMCA y hemos aprendido,
que los discapacitados son capaces de realizar cualquier tipo de trabajo
y que está en nuestra mano ayudar a su integración. Después
de ver a estas personas trabajando y comprobar el funcionamiento de
la empresa, solo nos queda preguntarnos cómo comenzó todo
y cómo consiguieron realizar la gran labor social que hacen hoy
en día. Y eso es lo que le hemos preguntado a José Luis
Murillo, gestor y fundador de esta empresa.
¿Qué
es SOEMCA?
SOEMCA es un centro especial de empleo. Es una empresa que tiene un
régimen algo especial, está creada para que trabajen en
ella personas que tienen algún tipo de discapacidad. Consideramos
el centro especial de empleo como un primer empleo, no queremos que
la gente se jubile con nosotros. Nuestro objetivo es que aprendan a
trabajar, a respetar unos horarios, a ser productivos y absolutamente
autónomos, pero no conseguiríamos nada si no fuesen luego
a trabajar a una empresa ordinaria ya que si no esto sería una
especie de gueto donde creamos una empresa para que estén de
por vida trabajando y se jubilen aquí. Eso no es integrar. Nosotros
intentamos que se incorporen en una empresa ordinaria a través
de una serie de trabajadores sociales, psicólogos…buscadores
laborales en definitiva. Esta empresa es una “excusa” para
promocionar a todas estas personas.
Usted
trabaja para un sector de la población que en España hasta
hace 30 años estaba desatendido, ¿Qué cree que
hizo que las cosas comenzaran a cambiar?
El centro especial de empleo se rige por la ley de integración
de discapacidad del año 82, los que se llama la LISMI, que todavía
sigue en vigor. A partir de ese año cambia un poco la concepción
que se tenía sobre las personas con discapacidad ya que hasta
entonces se pensaba que no podían ser educadas, por lo tanto
se las tenía de alguna manera recluida, encerrada. En definitiva,
era una especie de desgracia la que tenía una familia con un
hijo con discapacidad. Y como consecuencia de la evolución de
la sociedad, se consigue formar los centros especiales de empleo, se
les empieza a considerar educables, y poco a poco se les deja de considerar
bichos raros.
La empresa en la que usted trabaja fue una de las pioneras en Cantabria
y sabemos que tiene una historia muy especial. ¿Podría
contárnosla?
La historia de SOEMCA tiene 20 años. Partimos prácticamente
de la nada y actualmente tenemos 300 y pico trabajadores. Por lo tanto
estamos dentro de las mayores empresas de Cantabria, no por volumen
de facturación si no por número de personal si que somos
una gran empresa.
Nosotros comenzamos con un taller de confección en el año
89. Nuestro objetivo era dar formación y empleo a un grupo de
mujeres adultas con una discapacidad auditiva. Porque recuerdo que hicimos
un estudio y nos dimos cuenta de que las mujeres adultas con una sordera
tenían una dificultad de integración laboral terrible.
El primer paso fue hacer un taller de confección muy pequeñito
donde nos dedicábamos a hacer cosas muy artesanales, era una
especie de sastrería. Y ahora bueno le hemos dado la vuelta completamente
y ahora es un taller de confección pero industrial.
Cuéntenos
alguna anécdota de sus comienzos.
Pues yo por ejemplo empecé con el tema de la lavandería
y no tenía ni puñetera idea de lo que era una lavadora
ni de cómo se lavaba ni nada de nada. Así que imagínate
empezar con un oficio que desconoces en absoluto y tener que dar cursos
de formación sobre ello. Pues me habrán pasado sesenta
mil pero ahora mismo no se me ocurre ninguna.
¿Cómo
se pasa de ser una empresa prácticamente familiar a convertirse
en la gran empresa que es hoy en día?
Pues aparte de lo que os he contado antes, nos dimos cuenta con un estudio
de mercado que el sector de lavandería en Cantabria no tenía
mucha competencia, además era cuando iban a abrir el hospital
de Sierrallana y entonces vimos la posibilidad de llevarles la lavandería
y alquilarles nosotros la ropa, y así lo hicimos, eso fue un
tirón importante y a partir de ahí también comenzamos
con la hostelería, mantelería y hotelería. Nuestro
proyecto es bastante completo, nosotros compramos la tela, hacemos el
producto y al cliente le alquilamos la ropa, por lo tanto toda esa cadena
de trabajo ocupa muchísima gente: desde el taller de confección
hasta la lavandería genera muchísimos puestos de trabajo.
Y así emprendimos el proyecto y ahora mismo trabajamos mucho
los hospitales, hacemos casi todo lo que es el servicio cántabro
de salud, y los hoteles además de los ferrys que llegan a Santander.
En
esta situación de crisis en la que estamos actualmente, ¿Cómo
hace una empresa como SOEMCA para sobrevivir, cuando se apoya en parte,
además, en subvenciones públicas?
Pues muy malamente, porque vamos a ver subvenciones públicas
tiene prácticamente todo el mundo, no solo nosotros por ser un
centro especial de empleo. La diferencia que tenemos es que si una empresa
ordinaria tiene un trabajador, nosotros tenemos 4. Sí que nos
movemos con subvenciones, si no sería bastante difícil
funcionar, aunque tampoco vivimos de ellas, es una ayuda. Nosotros estamos
constantemente integrando personas en otras empresas, y para ello estamos
constantemente formando trabajadores. Esto es muy caro y ¿cómo
sobrevivimos? Pues como lo hace todo el mundo, ajustando mucho más
los presupuestos, buscando mercados, e incluso saliendo fuera de España
a buscar nuevos clientes. Y así pues más o menos lo llevamos…y
rezando mucho también(se ríe).
Sabemos que trabajáis con personas minusválidas,
¿podría describir algún caso en concreto?
Nosotros trabajamos con todo tipo de personas con discapacidades, físicas,
psíquicas, o incluso con accidentados laborales, es decir, gente
que no trabaja porque han tenido un accidente. Otros grupos, es decir
otros centros especiales de empleo, trabajan con algún tipo de
minusvalía concreta, por ejemplo, solo trabajan con personas
invidentes. Todos nuestros trabajadores, pasan previamente por un proceso
de formación y luego ya pueden incorporarse a los distintos sectores,
a lavandería, a confección, o también pueden ser
trabajadores de medio ambiente..., o sea que principalmente, lo que
hacemos es dar trabajo a estas personas con cualquier tipo de minusvalía.
Por lo que nuestro proyecto es muy enriquecedor, ya que podemos ayudar
a una parte marginada de la sociedad.
¿El
nivel de competitividad de SOEMCA es tan alto como el de otras empresas?
Tenemos que serlo, estamos en el mercado y tenemos que conseguir ser
competitivos como el que más. El mercado nos obliga a serlo,
porque si no tienes una mejor calidad y unos mejores precios que otras
empresas estás fuera de él. Además hay que parecerlo,
porque puede que por que trabajemos con discapacitados los clientes
se fíen menos, por lo que hay que esforzarse mucho en eso. Así
todo, nosotros somos punteros, porque apostamos por la tecnología,
como es la introducción del control de ropa por un sistema de
chips por radiofrecuencia, que es bastante complejo, pero muy bueno
y además ahora mismo no hay nadie en España que esté
haciendo el control de ropa en las lavanderías por radio-frecuencia.
Por lo tanto, hay que apostar por la competitividad, por la calidad
y por el trabajo bien hecho.
¿Fue
fácil convencer a la competencia?
La competencia siempre es competencia y nunca vamos a estar de acuerdo.
Lo que pasa, es que nosotros no buscamos una rentabilidad económica,
porque no es una empresa privada y entonces aunque tenemos que ganar
dinero para mantenernos sin cerrar, esto no es lo primordial, lo importante
es la rentabilidad social, es decir, cuántas personas tenemos
trabajando, cuántos salarios podemos generar, qué autonomía
vamos a dar a las personas, a cuánta gente estamos ayudando…
La competencia nunca va a estar de acuerdo, pero los precios siempre
serán parecidos y la calidad y el servicio al cliente, y aunque
sea una empresa de discapacitados me exigen lo mismo.
¿Qué cree que queda por hacer?
Creo que queda mucho por hacer, porque igual el día de mañana,
hay que apostar, no por este tipo de empresas especializadas sino por
empresas de tipo mixto, es decir, empresas que los empresarios sean
capaces de crear y que no se encuentren bajo la concepción de
centro especializado, que sea cualquier tipo de empresa, con trabajadores
tanto discapacitados como no discapacitados. Esto sería el colmo
de la integración y sería perfecto que estas personas
pudieran integrarse en la normalidad y en el día a día,
por lo que habrá que apostar por el “todos somos iguales”.
¿Crees
que eso se va a conseguir?
Sí y además no está muy lejos. Nosotros ya estamos
haciendo alguna apuesta por ello y estamos ya dando algún paso
con alguno empresario externo que pueda estar interesado, al final,
es ir buscando lo que pide el mercado.
¿Hay
algún país que les sirva de referencia en la integración
de personas discapacitadas en las empresas?
No, porque aunque haya países como Alemania y Francia, o países
nórdicos que han ido por delante, hay una diferencia bastante
grande con España, porque en otros países son bastante
proteccionistas y paternalistas. Nosotros pensamos que eso no es bueno,
hay que poner los medios pero la gente tiene que ser lo más autónoma
posible con el tiempo. Y eso es lo que no tienen tanto en cuenta países
como Holanda, Noruega o Dinamarca, que tienen un nivel altísimo,
pero como ya he dicho el índice de proteccionismo es muy alto.
¿Cómo
es para usted un día de trabajo?
La verdad es que no me aburro , llevo la dirección técnica
del este centro especial de empleo, tenemos, como ya he dicho unos 320
trabajadores y 9 centros diferentes, los cuales son lavanderías
y talleres de confección, éstos hay que gestionarlos y
ese es mi trabajo, es decir, coordinar el trabajo en las lavanderías,
la gestión de los trabajadores, los contratos, y también
temas como el comercio y las inversiones y hacer y seguir un plan estratégico,
con distintos objetivos que nos vamos proponiendo. En definitiva, se
trata de saber de todo, pero en realidad de nada específico.
Seguro
que ha habido momento malos y disgustos, pero también alegrías,
¿con cuál de estas últimas te quedarías?
Alegrías ha habido muchas, lo principal, es ir viendo cómo
vamos creciendo , y cómo vamos integrando a personas que cada
vez son más autónomas, que pueden vivir por sí
mismas, que dependen lo mismo que los demás de la sociedad y
que estamos ayudando. Y éste es el motor que nos hace llevar
a cabo este proyecto.
¿Todo
el esfuerzo realizado ha merecido la pena?
Si, por supuesto, y sobre todo por las personas. En este trabajo no
se valora tanto lo económico, porque no hay nada más grato
que ver que alguien sale adelante. Y es mucho más bonito que
ganar dinero, porque de eso puedes hasta cansarte, en cambio ayudando
a personas, que es más interesante, es prácticamente imposible
aburrirse.
Alguien
que se ha formado como educador y ha acabado trabajando de gestor, ¿no
echa de menos, a veces, aquello con lo que empezó?
Hombre siempre se echa de menos, a mí siempre me ha gustado tener
contacto con las personas, por ello me formé como educador, pero
cada día me he ido convirtiendo más en gestor, aunque
sigo teniendo mucho contacto con todos los trabajadores. A veces se
echa de menos y otras veces no, todo depende del día y de las
circunstancias.
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