Un
mercado oscuro, casi negro
Hablamos con Rosana Miralles, afectada por Nueva Rumasa
Francisco
Sánchez Becerril estudiantes de bachillerato, Torrelavega
(Cantabria)
Lo
que para la élite económica e inversora del país
era obvio desde hace meses, que Nueva Rumasa era una organización
de dudosa consistencia, no lo era tanto para el gran público.
Esa es la conclusión tras algunas semanas buscando a inversores
del grupo de Ruiz Mateos. La granadina Rosana Miralles es una de las
pocas personas que han accedido a hablar con “eolapaz” .
“Era consciente de que se nos ofrecían un interés
muy alto, imposible de encontrar en bancos y cajas, pero la oferta se
había hecho a la luz del día, a través de medios
de comunicación conocidos, y sin que hubiera una advertencia
de la administración. Por mucho menos, hasta los telediarios
te avisan de que no compres en navidad un juguete. Pero es que no hablamos
de un juguete que no funcione, son casi todos mis ahorros”.
Para un pequeño inversor, los detalles que se mueven en el mercado
permanecen ocultos, envueltos en una jerga imposible, o circulando en
dossier de entidades financieras o publicaciones especializadas y minoritarias.
Eso y la falta de una cultura financiera en nuestro país explica
este nuevo caso de inversiones frustradas, pero ahora no en sellos.
Rosana Miralles desconocía, cuando adquirió sus pagares
a mediados de 2009, que un año antes, algunos analistas habían
comprobado que cada emisión de pagarés servia al grupo
para amortizar deudas, no para realizar, tal como se prometía,
nuevas inversiones. Ni tampoco supo que parte de las mediáticas
emisiones de Nueva Rumasa eran colocados entre proveedores, que veían
en este instrumento, una difusa garantía de pago a deudas contraídas
por el grupo
Tampoco la dio pie a sospecha la garantía patrimonial de las
emisiones, un ramillete de empresas de sobra conocidas y con elevada
valoración en el mercado, como Clesa, Garvey, Hibramer, Cacaolat
o Carcesa.
La legislación de aquel entonces tampoco ayudaba a inversores
como Rosana. Un instrumento de inversión como este, de una empresa
que no cotiza en el mercado secundario, y queda fuera del control de
la CNMV, no permite una valoración adecuada de su solvencia.
Sin embargo, pese a no alertarse de los riesgos, estos existían,
solo así se entiende que a fines de 2009, la administración
pidiese respuestas. Y Nueva Rumasa respondió, pero con una nueva
y agresiva campaña, en la que reafirmaba ofrecer inversiones
respaldadas por empresas tangibles, con proyección y con toda
su información al día (auditoría, informes, memoria
del grupo, etc). Pero no era cierto. De hecho, los pagares comprados
por Rosana Miralles solo estaban respaldados por una empresa Carcesa,
cuyo patrimonio era insuficiente para asegurar tantas emisiones de deuda,
y a ese interés.
Tampoco llegaron a saber nunca los afectados que estaban metiendo su
dinero en una estructura opaca que, en realidad, no era un holding,
por lo que carecía de estrategia comercial común, una
dirección común y una aplicación de deudas e ingresos
comunes. Y nadie intervino para evitar una publicidad, a todas luces,
fraudulenta
“Me ha venido a la cabeza la película de Prety Woman, con
aquel guapísimo Richard Gere dedicado a comprar empresa en quiebra,
para especular con ellas. Descubrí muy tarde que esto era esa
película, pero que Richar Gere no estaba en ningún sitio,
y mucho menos yo era Julia Roberts”. Esa es la frustrante sensación
de Rosana. Solo cuando Alejandro Tánago se volcó en los
últimos meses en investigar el tema, para la edición digital
de enredados, pudimos ver parte del problema, pero a toro pasado. Es
casi imposible comprobar las facturaciones que el grupo dice tener (1.500
millones de euros), no hay cuentas depositadas por la empresa, que hayamos
encontrado posteriores a 2006, o, por poner un ejemplo, Hotasa presenta
unos beneficios en 2007, último año publicado, de 6000
euros, una cifra irrisoria para una cadena de hoteles que factura 1,7
millones de euros, mientras la matriz del grupo perdía 200.000
euros por año hasta 2007.
Con eso y con todo, la lectura atenta de la prensa nos revela que la
sospecha sobre la insolvencia de la nueva aventura de Ruiz Mateos era
tan intensa, que la CNMV estuvo jugando al ratón y al gato con
el grupo casi dos años. Dos años en los que, mientras
la CNMV ponía freno a las emisiones de pagares de empresa de
alta remuneración, sin intervención de un intermediario
financiero, y posteriormente a las ampliaciones de capital de empresas
no cotizadas y luego al envío de cartas a inversores ofreciendo
pagarés emitidos por Rumanova, contra el capital de otras empresas
del grupo, muchas personas como Rosana Miralles seguían depositando
su dinero en Nueva Rumasa.
Algunos medios han publicado su regocijo por el escarmiento que esto
supone a desalmados capitalistas que se ciegan ante el cebo del dinero
fácil. Rosana, dueña de una PYME, acudió con el
dinero que había obtenido legalmente a Carcesa, una empresa legal,
que operaba en el mercado sin restricciones, se entrevisto con representantes
del departamento financiero, recibió información pública
y no encontró advertencia ni traba alguna de los reguladores
del mercado para realizar una operación financiera, declarada,
como sus rendimientos, en sus declaraciones de impuestos.
Cuando la prensa destapo el problema, y la situación concursal
era un hecho, y como otros inversores, Rosana Miralles acudió
a empresa, donde tras una tensa explicación, recibió una
carta, firmada por José María Ruiz-Mateos, de agradecimiento
y compromiso de devolución.
Solo ha cobrado en este tiempo un solo vencimiento de intereses, y ninguna
comunicación, publica o privada de las autoridades sobre que
hacer. Hace unos días se ha puesto en contacto con el juzgado
de Granada, el cual le ha informado de que tiene que enviar los pagares
compulsados por correo certificado para poner en marcha el caso. Ahora
si, como ella dice, la red y los kioskos se han llenado de “Predictores
del pasado”, que tras saltar el escándalo se han dedicado
a criticar a la gente que invirtió en Nueva Rumasa, jactándose
de haber sabido con antelación, el final de esta historia. La
administración de justicia empieza ahora su labor para descubrir
la verdad de lo ocurrido, exigir responsabilidades y reparar, en lo
posible los daños provocados. Esto es, un largo recorrido al
final del que se aventura la pérdida, en el mejor de los casos
de una parte de los ahorros de Rosana. También puede ser hora
de reflexionar en que medida nuestro mercado financiero es transparente
y garantizado. En que medida los instrumentos de marketing son legales
y morales y en que medida una copiosa y duplicada administración
es útil para protegernos. Porque solo así podremos sentar
las bases de un mercado capaz de sostener nuestra economía, y
edificar nuestro futuro económico.
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