El
P.E.R., ¿Ocurrirá lo mismo con las prestaciones por desempleo?
Miguel
Aguirreburualde estudiante de bachillerato, Colegio
la Paz, Torrelavega (Cantabria)
En plena
crisis y cuando España se enfrenta a un recorte histórico
del gasto público, Jose Antonio Duran y Lleida, portavoz parlamentario
de los nacionalistas catalanes de CiU, ha destapado la caja de los truenos
al cuestionar un plan de empleo rural, tan antiguo como la democracia,
y que, aunque nadie se atreve a decirlo en voz alta por miedo a ser
acusado de cualquier cosa, posee muchas virtudes, en regiones machacadas
por el paro y de poco desarrollo, pero tambien muchos defectos, entre
ellos, un sistema contemplativo y poco estimulante para el empleo, y
un sistema con cierto olor a voto cautivo.
Históricamente
España ha sido un país de trabajo escaso, con excedentes
de mano de obra lo que obligaba a emigrar a la población desempleada:
América fue colonizada y las personas que aquí no tenían
porvenir acudían allí para buscar fortuna. Parte de los
que lo lograron regresaron y tienen en la cornisa cantábrica
una clara representación histórica con las “casas
de indianos”.Como no había protección social las
personas se tenían que buscar las habichuelas.
Lo mismo sucedió a raíz de la guerra y posguerra, cuando
gran cantidad de personas salieron hacia el resto de Europa debido a
las penurias de la época. Solamente Alemania llegó a tener
2.400.000 emigrantes españoles.
Con el advenimiento de la democracia se impulsó la necesidad
de una mayor protección social propiciada por la clase política.
En 1984, durante el mandato de D. Felipe González, nació
el P.E.R.
El plan de empleo rural, consistía en teoría en la realización
de inversiones generadoras de empleo aplicadas a las regiones con más
desempleo agrario y en especial a las comunidades autónomas de
Extremadura y Andalucía.
Los trabajadores agrarios, realizaban estos trabajos, exigiéndoseles
un mínimo de 40 peonadas para percibir el subsidio agrario durante
el resto del año. Para obtener el subsidio, en las familias en
que generalmente solo trabajaba el cabeza de familia, se van agregando
su mujer e hijos. Se incrementa de esta forma la demanda de trabajo
y cuando un trabajador cumple las 40 peonadas, prefiere que contraten
a otro miembro de su familia. En el caso de rebasar la renta máxima
familiar para obtener el subsidio cambian ficticiamente el domicilio
de uno de sus miembros
Los defensores del P.E.R. consideran:
A) Que se protege a una clase trabajadora necesitada, sobre todo a raíz
de la mecanización del campo.
B) Que supone una mejora de las condiciones de vida del medio rural,
en virtud de las inversiones que se realizan y el trabajo que se genera.
C) Que evita la despoblación de las zonas rurales y el éxodo
a las ciudades
Pero
no son pocos los que critican esta solución al desempleo, principalmente
por:
A) Que evita el verdadero desarrollo de los pueblos. Todo es ficticio,
irreal y subvencionado.
B) Que se genera fraude y economía sumergida, (cuando se consiguen
las peonadas necesarias, no interesa tener más ingresos legales
para que no se retire el subsidio).
C) Que genera un voto cautivo, que ha sido utilizado especialmente por
los partidos progresistas. Varios alcaldes fueron procesados y condenados
por las irregularidades en la concesión de peonadas no trabajadas
(alcalde de Marinaleda).
Desde mi punto de vista ha sobrado picaresca y se ha convertido el subsidio
en una forma de vida, siendo en la actualidad un problema estructural
importante, ya que estas dos comunidades autónomas tienen los
niveles mayores de desempleo de toda España. Resumiendo, no se
ha generado la riqueza y el empleo suficiente y proporcionado al capital
invertido, y gran cantidad de personas, se han adaptado a la dependencia
del subsidio sin buscar otras soluciones.
La prestación por desempleo es un derecho que protege a los trabajadores
por la pérdida de su puesto de trabajo por causas no achacables
a su conducta. El plazo máximo de la prestación es de
hasta dos años en función de periodo cotizado.
En la actual situación de crisis económica, donde en número
de parados oficial supera los 4.100.000 trabajadores, muchas familias
están sufriendo los rigores de la carencia de trabajo, habiéndose
legislado la percepción de un subsidio para aquellas personas
que han finalizado la prestación. Sin duda, supone un avance
social atender a las personas sin trabajo ni recursos, pero: ¿Se
puede asumir socialmente este coste? ¿Es posible que un número
importante del colectivo de desempleados se convierta en subsidiados
permanentes? En definitiva: ¿Es sostenible nuestro “estado
del bienestar” con cerca de un 20% de la población activa
sin empleo?
Esperemos
y deseemos que en los años que nos quedan para formarnos e incorporarnos
al mercado laboral, se hayan disipado todos lo nubarrones que amenazan
la prosperidad futura, debido a la incertidumbre y falta de ilusión
que generan.
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