Por
una bahia libre de torres eólicas
sigue la polémica sobre la politica eólica de Cantabria
Juan
Lázaro Miranda estudiante de secundaria, Colegio La Paz,
Torrelavega (Cantabria)
Para comenzar,
sepamos un poco de qué se trata la energía eólica.
Este tipo de energía, como su propio nombre indica, se basa en
aprovechar la fuerza del viento para luego transformarla en energía
que el hombre pueda utilizar para abastecerse de electricidad, fundamentalmente.
Todo este proceso se lleva a cabo mediante unos aerogeneradores, que
son unas máquinas que se instalan en las torres eólicas,
y que están encargadas de la ya citada transformación
energética.
La energía eólica es un tipo de energía verde,
es decir, una energía limpia y renovable. Actualmente, se está
intentando potenciar su utilización ya que es una energía
no contaminante, lo cual supone una verdadera ventaja. Sin embargo,
este tipo de energía también tiene inconvenientes. Por
ejemplo, puede suponer un importante impacto ambiental en la zona en
la que se implante el parque eólico: estropea el paisaje y destruye
el ecosistema de las aves, principalmente. La energía eólica
también destaca por su intermitencia; es decir, como el viento
no sopla siempre con la misma intensidad, los aerogeneradores no siempre
tienen “trabajo”.
Una vez que tenemos más claros algunos conceptos sobre la energía
eólica, dispongámonos ahora a desarrollar el aspecto principal,
relativo a este tipo de energía, en el que se va a centrar el
trabajo. Pero, primero, hagamos un pequeño planteamiento: ¿alrededor
de qué idea básica vamos a orientar el trabajo?, ¿a
qué conclusión pretendemos llegar?.
Pues bien, vamos a centrar nuestra atención en una cuestión
planteada este pasado verano en el gobierno de Cantabria. Se trata de
una propuesta, creada por dicho gobierno, en la que se plantea la posibilidad
de implantar un parque eólico, compuesto por 249 aerogeneradores,
en la bahía de Santander.-
A partir del recién citado planteamiento, pretendo que podamos
estructurar una idea según la información recogida, y
llegar a una conclusión final mediante la progresiva aportación
de distintos puntos de vista y opiniones, que aprueben, o critiquen,
dicha proposición.
Por lo tanto, y, en primer lugar, ¿qué aspectos podemos
destacar del planteamiento propuesto por el gobierno cántabro?
Como acabamos de mencionar, se trata de la implantación de un
parque eólico, formado por 249 aerogeneradores, en torno a la
bahía santanderina. Ésta ha sido, entre otras, la primera
idea que se ha propuesto, y, desde luego, no ha sido bien recibida por
los ciudadanos cántabros. ¿Qué ocurre? Pues, evidentemente,
no es de agrado para la población cántabra, y, en especial,
para la santanderina, que se plantee la posibilidad de estropear uno
de los paisajes más bellos y con mayor atractivo de nuestra Comunidad
Autónoma. Es verdad que, contando con este parque eólico,
dispondríamos de una mayor cantidad de electricidad que podría
cubrir las necesidades energéticas de gran parte de los hogares
de Santander, así como de los de otras localidades cántabras.
Sin embargo, el impacto ambiental que esta obra conllevaría es
lo que hace que la población cántabra se preocupe. La
bahía de Santander comprende una diversa gama de elementos que
conforman su paisaje: mar, playas, roca, bosques… Esto, naturalmente,
supone que sea un paraje rico, limpio, completo, y, a la vez, frágil.
Esto quiere decir, que, en este caso, el emplazamiento de un parque
eólico en este ecosistema podría dañar su ambiente
seriamente, y, no sólo por la presencia constante de esos gigantes
con aspas que destrozarían el paisaje, sino por la posible reducción
del turismo, y por el descontento general de la población santanderina
frente a esta importante obra.
Los gobernantes que estaban a favor de la propuesta han intentado, más
o menos, mantener la idea y convencer a los opositores mediante el intento
de encubrir algunos de los inconvenientes de la obra: Por ejemplo, han
asegurado que desde gran parte de la ciudad de Santander no se tendría
por qué llegar a ver las torres eólicas, cuando, posteriormente,
se ha demostrado lo contrario, como era lógico de pensar.
También, a favor de este proyecto, la Universidad de Cantabria
ha elaborado un informe científico que justifica la elección
del emplazamiento de la obra. Según la opinión de algunos
ciudadanos de nuestra región, este informe es incompleto y en
él no se hace ninguna valoración a este paisaje tan frágil.
De esto sacan la conclusión de que, parece mentira que la bahía
de la capital, que se promociona como una de las bahías más
bellas del mundo, ahora se vaya a destruir el elemento básico
que conforma su hermosura, que es, sin duda, su paisaje.
Tras
las quejas de los ciudadanos y, de la misma manera, tras los inconvenientes
impuestos por la oposición, se ha replanteado la propuesta, debido
a su poco éxito. De esto se encargó el alcalde de Santander,
Iñigo de la Serna, quien pidió al gobierno cántabro,
en la persona del consejero de industria, Juan José Sota, que
se realice, primeramente, un estudio del impacto ambiental que la obra
supondría, y que se reconsidere la opción de implantar
el parque eólico en otras zonas de la región igualmente
aptas para dicha obra. En el informe en el que figuraba por primera
vez la propuesta, se había hecho mención de igual manera
a otras zonas de Cantabria en las que se podría realizar la obra,
y, sin embargo, apenas se habían tomado en serio, cuando alguna
de estas zonas, como, por ejemplo, el área sur de la Comunidad,
Campóo, sería un lugar mucho más conveniente para
la implantación de las torres eólicas.
Por tanto, podemos decir que esta propuesta, primeramente mal planteada,
todavía no está del todo consolidada ya que todavía
sigue en proceso de zonificación. De lo que estamos casi seguros
es de que, al final, va a ser difícil que la obra se realice
en torno a la bahía de Santander dado que nosotros, los ciudadanos
cántabros, estamos dispuestos a proteger nuestros más
valiosos y prósperos entornos, no sólo por nosotros, sino
por las generaciones futuras.
Y, por último, como conclusión final, me gustaría
añadir que, observando los aspectos fundamentales del trabajo,
deberíamos indicar que, aunque el defender nuestro patrimonio
y el progresar económicamente, pueda parecer que, en este caso,
sean dos ideas inversamente relacionadas, realmente, no es así,
y, por esta razón, no deberíamos basarnos en una de estas
ideas para luego negar la otra. Considero que siempre es posible lograr
un equilibrio.
Resumiendo, todos coincidimos en que prosperar económicamente
es satisfactorio y beneficioso, (como es este caso, en el que contaríamos
con más energía, además, obtenida de forma no contaminante,
y suponiendo un importante avance en las energías renovables)
pero no por ello hemos de estropear lo que, en cierto modo, forma parte
de nosotros, porque seguro que siempre se puede disponer de otras alternativas
que sean más adecuadas y razonables, y que se adapten mejor a
nuestra voluntad y necesidades.
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