Elena
Berrazueta estudiantes de bachillerato, Colegio
la Paz, Torrelavega (Cantabria)
A lo largo
de la historia, se ha logrado vencer muchas de las exclusiones impuestas
por el mercado laboral. El movimiento feminista ha luchado por la participación
de las mujeres en el mundo de los negocios y todavía hoy sigue
conquistando terrenos más amplios y que tradicionalmente correspondían
exclusivamente al sexo masculino pero, ¿podemos hablar de igualdad
laboral entre hombres y mujeres?
Nuestra cultura ha avanzado mucho sin duda respecto a la paridad en
el trabajo, pero el sector femenino todavía tiene ciertas limitaciones.
Una de ellas es la desigualdad salarial. Las mujeres europeas cobran
un 15% menos de media que sus compañeros varones y, para igualar
el sueldo que los hombres reciben en un año, ellas deben trabajar
418 días. En España la situación es más
crítica donde las féminas cobran sobre un 27% menos que
los hombres. Es importante tener en cuenta las consecuencias de obtener
unas retribuciones más bajas: las mujeres que cotizan menos tienen
mayor riesgo de disponer de una pensión más baja, lo que
desemboca en un mayor índice de pobreza entre las mujeres mayores.
Algunos expertos mantienen que el sector femenino prefiere mayor flexibilidad
en el horario laboral para así poder dedicar más tiempo
a su familia en lugar de dedicarse plenamente a su trabajo, lo que conlleva
mejores sueldos y ascensos. La desigualdad salarial no depende solo
de los factores legales y económicos, sino que esta arraigada
en nuestros ideales.
Respecto a la presencia de la mujer en los altos cargos de las jerarquías
de las empresas aun hay grandes diferencias. ¿Desconfía
la sociedad de las habilidades comerciales y laborales de las féminas?
¿Temen los hombres recibir ordenes de una mujer? Los datos hablan.
El 60% de los estudiantes universitarios europeos son mujeres y estas,
además, cuentan con mejores expedientes académicos. Sin
embargo, sólo un 30% alcanza puestos directivos, y si hablamos
de grandes empresas que cotizan en bolsa, la cifra se reduce al 3%.
Durante bastante tiempo, investigadores y economistas han hablado del
porque de esta desigualdad pero no se ha llegado a una conclusión
rigurosa. Hay quien defiende la amplia capacidad del sexo femenino para
motivar y estimular a sus trabajadores. Por otra parte, un reciente
estudio, afirma que más de 6 millones de mujeres entre 25 y 49
años no trabajan o lo hacen a tiempo parcial, y que esto debe
a que son las encargadas de la familia y de las personas dependientes
del hogar. Este hecho revela que la conciliación femenina de
la vida familiar y laboral es la asignatura pendiente de los países
desarrollados. Independientemente de teorías hay que tener en
cuenta que cada hombre y cada mujer tienen su estilo personal y que
los únicos criterios a valorar deben ser tales como la capacidad
para asumir riesgos y responsabilidad o para fomentar el trabajo en
equipo, sin limitarse al género del trabajador.
Es importante resaltar, que, curiosamente, estas diferencias, se han
visto atenuadas con la crisis (el índice de varones despedidos
ronda los 900.000 frente a los 300.000 de las mujeres). Algunos economistas,
opinan que es necesaria la plena igualdad laboral para acabar con la
recesión. Según un estudio de la universidad de Hudson,
muchas empresas han confiado sus cargos líderes a hombres sin
tener en cuenta que, según el mismo estudio, las mujeres están
mejor preparadas para liderar. En este contexto, las mujeres, se verán
obligadas a realizar un mayor esfuerzo para llegar al mismo lugar que
los hombres. Esta investigación, proponía que las empresas,
fueran más críticas a la hora de elegir a sus directivos
antes de decidir que hombre o que mujer desempeñaría mejor
el liderazgo.
En el Tercer Mundo, la labor que queda por realizar respecto a la igualdad
laboral, es más grande aún, ya que en los países
con grandes problemas de pobreza, las mujeres sufren mayor discriminación.
Además la representación política de las féminas
en los países en desarrollo es casi nula. Cada vez más
mujeres, tienen mayor acceso a la educación, aunque esto no funcione
como trampolín para conseguir la paridad.
Cuando hablamos de desigualdad laboral, no solo nos referimos a la discriminación
de las mujeres. También los hombres, sufren problemas en su integración
en trabajos que hasta la fecha, solo realizaban las mujeres. Es el caso
por ejemplo de los ‘mannies’, los hombres que trabajan como
niñeras. Esto ha surgido, a raíz de los estudiantes que
estudian fuera de sus casas y buscan una alternativa para costearse
la carrera. Los mannies cuidan a niños durante el día,
y estudian por la noche, pudiendo así ahorrar para la comida
y el alojamiento. Pero los hombres se enfrentan a un problema a la hora
de encontrar una familia que quiera contratarles: pocas personas confían
el cuidado de sus hijos a un varón antes que a una mujer. Esto
implica que se vean afectados por duras críticas por parte de
la sociedad a la hora de encontrar trabajo como enfermero, cajero, bailarín,
diseñador…
En la actualidad nos encontramos con muchas influencias externas. En
muchas ocasiones, las series de televisión y sus personajes,
en la prensa etc. encontramos síntomas de desigualdad. Debemos
ser conscientes, de que aún queda mucho por hacer, y tanto hombres
como mujeres tenemos que demostrar que no existen limitaciones que nos
impidan avanzar hacia un futuro en el que poder realizarnos laboralmente.
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