La crisis de las hipotecas

E. Balbás Fernandez

 


Las últimas semanas han estado marcadas, y lo estarán las siguientes, por la crisis del sistema de créditos hipotecarios americanos, que han desatado una crisis de confianza en todo el mundo, temeroso de que si los clientes no pagan sus hipotecas, los bancos sean incapaces de garantizar los depósitos de los ahorradores, un problema por tanto de liquidez. Aunque el problema se ha desatado por un tipo concreto de hipotecas, las subprimas, lo hinchado del sistema inmobiliario, en sus precios, ha generado un temor general.

Los subprima son préstamos que se conceden a personas que no pueden justificar ingresos suficientes para afrontar una hipoteca normal, o en el pasado han tenido algún incidente de impago, y que por tanto un banco no les concedería un crédito normal para adquirir una casa. Para compensar este alto riesgo, los tipos de interés son mucho más elevados que en un préstamo normal soportando, además, recargos y comisiones altos. En síntesis, hablamos de créditos rápidos, no muy elevados, caros y para personas con bajos ingresos. Una variante son las rehipotecas, créditos sobre una vivienda de alguien que ya la posee, que desea un nuevo crédito y que ofrece como garantía un aumento esperado del valor de ella en el mercado. Si ese valor no aumenta, lógicamente la casa no es garantía, pues garantiza una primera hipoteca
En España este mercado es reducido o casi nulo. Otra tema es que los bancos, en su carrera por ganar la batalla de las hipotecas y aprovechar el crecimiento inmobiliario, han rebajado las condiciones para otorgar esos créditos, cociéndolos a interés muy bajos (que ahora han subido, no así los sueldos) y en ocasiones por encima del 100% de la vivienda, en espera de una revalorización que ahora no esta clara. Así, el Banco de España considera que casi el 2% de las hipotecas españolas se han concedido a personas que tendrán muchas dificultades para pagarlas.
Esa misma guerra hipotecaria, por atraer a clientes de hipotecas hizo que los grandes bancos americanos e ingleses rebajaran las condiciones para conceder subprimas hasta 2005, amparados en una mercado en el que las casas cada vez valían más y los intereses eran mas bajos. Ello llevo en ese año a la cifra record de 600.000 millones de euros concedidos en alto riesgo, casi un 10% del mercado hipotecario estadounidense.
Desde ese año, los tipos de interés han subido y las viviendas no crecen igual, por lo que para una familia media, el resultado es pagar mas caro, una casa que no vale mas, y con el mismo sueldo, resultado, un aumento del 58% en los impagos y embargos. Cada vez que un cliente no paga, el banco se queda con su casa. Luego, para resarcirse la saca al mercado para venderla. Ese volumen de casas colocadas en el mercado le desequilibra. El exceso de oferta tira hacia abajo del precio, con lo que el problema se agudiza, al disminuir las garantías (el valor de la casa)

El problema tomo este año una nueva dimensión, porque los intermediarios financieros (sociedades hipotecarias y bancos) emitían títulos en el mercado financiero, que garantizaban a sus inversores con las hipotecas de alto riesgo. Así pedían dinero, que devolverían a un interés con lo ganado con las subprimas. Al entrar en crisis el mercado hipotecario, los bancos no pueden devolver el dinero a sus ahorradores, que nada tienen que ver con la situación inmobiliaria. De esta manera la crisis salta a los fondos de inversión, y de ahí a la bolsa. Sin garantías, los fondos han perdido casi todo su valor, por no poder garantizar o realizar las devoluciones de títulos. La quiebra ha afectado a entidades de ahorro muy importantes, como Bear Stearns, con fondos valorados en 1.100 millones de euros. Y ya en Europa a entidades de prestigio como BNP (Francia) o Commerzbank e IKB (Alemania), que han dejado paralizados a miles de ahorradores del continente. Ante el miedo, los inversores de esos bancos vendes sus acciones, que caen en bolsa por el exceso de oferta, y por extensión de otras entidades, ante el miedo de que estén también afectadas, o de otras empresas, que invertían en ellas. Así el efecto domino se extiende.
Quizá lo más peculiar en esta crisis, al menos para el gran público, ha sido la salida adoptada, una inyección inmensa de dinero líquido (billetes y monedas), por parte de los bancos centrales. Una medida que requiere una pequeña explicación.
Hay un doble motivo para esta reacción. De una lado es una medida llamada a crear confianza, afectada, como explicábamos antes, por el miedo a que los bancos no puedan recuperar el dinero entregado mediante las hipotecas subprima, ni siquiera embargando unos activos (las casas) que ahora valen menos. Para ello, los bancos centrales colocan dinero en el mercado, procedente de los coeficientes de caja y otras reservas, como un mensaje de que no van a existir problemas para el funcionamiento diario de la economía, ni nadie perderá sus depósitos. Un segundo motivo es de índole mas practico. Los bancos no poseen todo su dinero en líquido, a veces esta invertido en plazos que desaconsejan desinvertir. Por ello, para sus operaciones diarias, a veces recurren al mercado interbancario, prestamos a corto plazo entre bancos, que les permite mantener su dinero invertido en lugares mas rentables, pero al mismo tiempo realizar pagos y entregas. Sin embargo, la desconfianza provocada por este problema llevo a los bancos que tenían más liquidez a no prestar a los bancos con menos, ante el temor a no ver recuperado su dinero. Ello no solo provoca falta de líquido, sino ante la escasez de este, un precio elevado (tipo de interés, en España MIBOR). Esas son las razones de que los bancos centrales de las grandes potencias económicas facilitasen dinero en operaciones a corto plazo de tiempo y a interés oficial (mas bajo que el interbancario
España no es probable que se vea afectada por las subprimas, un mercado en nuestro país marginal tanto en el préstamo como en la inversión de fondo. En España, sin embargo, si hay un riesgo, anterior a este problema, el llamado estallido de a burbuja inmobiliaria. Recordemos que las familias españolas destinan un 45% de su renta al pago de hipotecas. Estas ahora aumentaran por la subida de tipos que experimentamos desde hace meses, mientras que le valor de los pisos se estanca. Esto es, pagaremos cada vez más por un objeto que no vale más, sino menos, y muchos españoles invierten en vivienda esperando una revalorización que no se va a producir. Eso sin contar los prestamos a constructoras e inmobiliarias, cuyos negocios ya no esta tan claro que sean redondos.


Otra cuestión que queda al descubierto en esta crisis es el papel de las agencias de calificación. Empresas dedicadas al estudio de los mercados y las empresas, emitiendo informes y valoraciones sobre ambos. Dado que muchas de ellas son contratadas por las empresas financieras, para realizar informes para ellas, los reguladores, los estados y bancos centrales, se preguntan en estos días, si han cumplido con su labor de informar al mercado de los riesgos que se avecinaban, si han omitido información, o la han devaluado.
De hecho, la Comisión Europea investiga a las agencias de calificación de riesgo por no avisar de los problemas y deficiencias de algunos productos, como las hipotecas de alto riesgo de Estados Unidos. De hecho esta confirmado que las agencias que miden la calidad y los riesgos de los créditos no hicieron uso del sistema del credit watch, un aviso de alarma previa que advierte a los inversores de posibles problemas mientras se está elaborando la calificación definitiva del producto.
No es descargar todo el peso del problema en estas entidades, pero si que es cierto que a los ojos de especialistas como ellos, el mercado había dado avisos más que sobrados del riesgo que se avecinaba. Mas aun, ciertos mensajes de alta remuneración no aclaraban la dificultad de pago de estas hipotecas, presentes en fondos e instrumentos de inversión adquiridos por bancos europeos, fiados de las buenas calificaciones que las agencias de rating les habían otorgado.
De hecho, las autoridades llevaban ya tiempo intentando regular este mercado, impulsando el código de la Organización Internacional de Comisiones de Valores (IOSCO), con lo que es deducible que ya existían sospechas sobre la claridad del trabajo de esta agencias, tal como ha reconocido el presidente del Comité Europeo de los reguladores de mercados de valores, Eddy Wymeersch.

 


Economía

 

 

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