Los fantasmas de Guti

Javier Trueba
estudiante de bachillerato, Santander



Muchas han sido las conclusiones que la prensa ha sacado del pasado encuentro de fútbol entre el Real Madrid y el Barcelona. La más desapercibida hace referencia al papel de uno de los destinados al protagonismo en ese choque y que sin embargo ni tan siquiera proyecto una leve sombra el césped del Camp Nou, José Maria Gutiérrez, Guti.
Llamado a ser uno de los grandes genios de la última década, un artista tocado de la gracia excepcional que solo los dioses osan dar a sus caprichosamente elegidos héroes, Guti ha visto discurrir su vida deportiva desde el mismo burladero de Curro Romero, ese que reserva el olimpo unas tardes y te da billete al infierno en meses enteros. Y ese ha sido el sino de Guti esta temporada, el olimpo hasta que en Murcia la mala leche que atesora por arrobas rompió el dique, inundo la Condomina y cerro el entrecejo de Schuster. Y tanto lo cerro, que hasta otro maldito, Baptista cogio su hueco, y de que manera. De poco ha valido el aplauso de la critica a su manera de voltear el balón, trenzar el juego, romper el ritmo y la cara de los contrarios y crear arte, allí donde solo hay hierba, un par de docenas de tíos en calzoncillos y un cuero hecho lienzo entre las botas de de este genio. De poco ha valido el halago de sus compañeros, Snejder incluido, que decía hace poco en televisión sentirse atraído por la jerarquía y el primor de Guti. De poco ha valido. Y visto se vio en la previa del partido contra los cules. Don Bernardo no sabia como quitarse de encima el engorro de no alinear a un hombre clave para sus pretensiones de victoria en Barcelona, una victoria que se hacia necesaria para disipar dudas sobre el juego de su equipo e imponer autoridad en la liga. Quito valor al valor de su futbolista en el partidazo del año pasado (a donde el Madrid llego medio muerto en los juzgados y en la tabla clasificatoria, con don Fabio haciendo maletas, y que resucito en las botas de Guti) , y finalmente se escudo en una lesión que no solo no entendió nadie, ni sus compañeros, sino que hizo salir a Guti de Valdebebas congestionado de ira. Tampoco era tan raro, bien sabido es que los tobillos de Guti, como los de cualquier genio del balón están a estas alturas de su carrera molidos a patadas. No seria rara una lesión, pero era mentira. Tampoco, como alguno ha pensado, era uno de sus tipicos problemas morales, bien guarnecido en su físico. No, Bernardo se ha hartado de los caprichos y los altibajos del genio. Otra vez al infierno.


Había comenzado el año con la sensatez de un técnico que confiaba la creatividad y la apertura del balón a su hombre mas inteligente, bien arropado por dos escuderos de lujo, Diarra y Sneijder. Y ya en el inicio de la liga se vio que la fórmula era acertada. Pero independientemente de sus cambios de carácter, visibles en el campo, de su falta de fuelle a sus treinta años, y de su proverbial indolencia, lo de Murcia, esa expulsión que dejo huérfano al equipo por una irresponsabilidad, ya no tendrá perdón.
Y es que Schuster es más raro que Guti, que ya es decir. Y más voluble en su carácter que el madrileño, que ya es. Como su jugador, el alemán pasa en minutos de un comportamiento seco y violento, irascible, caprichoso o incluso grosero, a la gentileza, sutileza y delicadeza mas encendidas. Y todo ello sin que nadie sepa porque. Pero esta no es la razón. Don Bernardo, en su trabajo es otro, serio, riguroso y concienzudo, poco dado a ser influido por las hormonas. En el club Guti es un mal necesario. Un tipo dotado de genialidad, tanto como de inoportunidad. Un tipo que juguetea con una imagen pública ambigua en sus gustos sexuales (recordemos cuando fue novio de Bibiana Fernández) , permisivo en su atuendo y capaz del todo o nada a su capricho, no encaja con un club que, sin embargo, no ha podido hasta ahora permitirse vender a quien podría triunfar con el enemigo, o enfrentarse a quines están hartos de ver marchar a los diamantes de la cantera. Pero eso no ha influido en Schuster. Este se ha guiado desde el principio por criterios técnicos, y llegado el caso, ha concluido que este tipo de mente cruzada entre Einstein y Leonardo, con toques de Dantes, no es capaz de jugar todos los partidos de un año como titular.
¿Por qué?. Entre las punteadas del club, sus genes y su vida personal, algo desequilibrante, Guti se ha deslizado, desde hace años en una dinámica a su edad irremediable. Ha asumido el papel de incomprendido, de hombre que haga lo que haga carecerá de reconocimiento, y se ha acostumbrado a no luchar por el puesto y darlo por perdido. Pero el resquemor del jugador es cada vez mayor. Su papel y jerarquía no son acordes a sus meritos y sus capacidades. Sus días se acaban, su poderío ya no es el de sus primeros días, sus grandes trenes (la selección) ya han pasado. ¿Cuáles son sus expectativas?. ¿Cuánto aguantara el ninguneo y los cachetes que le de su profesor?. Son fantasmas que regresan, como cada año, pero cada vez mas blancos, mas aullantes y arrastrando una bola mas gorda.


 


Deporte

 

 

 

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