La muerte de Bobby Fischer

Ramón Ruiz
estudiante de medicina, Vigo (Pontevedra)


Dotado de una inteligencia incluso superior a la de Einstein, y de unas dotes para el ajedrez fuera de los normal, Bobby Fischer, campeón mundial de ajedrez, pasara a la historia, tras su muerte, como un genio rebelde, como un apartida, y como un lunático, que estos caprichos tiene la historia.
Había nacido Chicago, pro su origen alemán, le había llevado a entrar en contacto en este país con elementos filo nazis, que habían marcado una personalidad agresiva, racista e intolerante, que se había agudizado con el paso del tiempo, y la incomprensión de su país, hasta rayar en la paranoia.
Junto a estos detalles, su carácter había quedado marcado por la separación de sus padres, siendo niño, privándole de un afecto que derivo en múltiples problemas emocionales. Solo la mayoría del tiempo en su casa, su mejor amigo había sido desde crió, un juego plegable de ajedrez que le había regalado su hermana. Allí volcaría su inteligencia y sus cualidades, hasta el punto, de que con 12 años, era casi invencible en los Estados Unidos.
Bajo el magisterio de John W. Collins, en cuya figura Bobby quiso ver el padre que nunca tuvo, se forjo la leyenda de rebelde y de genio. En 1958, con 14 años, ya era campeón de Estados Unidos.
A los 15 años ya era el Gran Maestro más joven de la historia, y quinto en el escalafón mundial. Era la época en que, en plena Guerra fría, la URSS dominaba este deporte a nivel mundial, empleándolo como un arma propagandística fenomenal.
Su gran año seria 1972, en ese año, y tras un record de 19 partidas consecutivas invicto en torneos de primer nivel, accede a la final del campeonato del mundo, en Reykiavik, contra Boris Spassky, al que derrotaría en una final de leyenda, en la que venció con 7 victorias, 3 derrotas y 11 tablas. La final era más que un juego. Era un enfrentamiento entre potencias, que seria empleado por EE.UU., como un elemento más de lucha política. Pro su victoria, su ego, y su carácter eran una mala combinación. Tras aquel éxito, no volvió a jugar, y, finalmente fue desposeído del titulo en 1975 cuando la FIDE se harto de los caprichos y las exigencias del genio, que planteo condiciones imposibles para la final de 1975 ante Karpov, puesto que exigía que se jugase al mejor de diez victorias, sin límite de partidas, y sin contar los empates, lo que hacia imposible prever la duración del mundial. Tras ello, renunciaría a una bolsa millonaria, desapareciendo por años.
Veinte años después, en plena guerra de los Balcanes, con Yugoslavia atacada por la OTAN, Fischer se atrevió a aceptar una partida contra Spassky en Belgrado, para conmemorar los 20 años de su enfrentamiento con Spassky. Su país considero una traición romper el bloqueo a los yugoslavos en plenos bombardeos, siendo perseguido y desposeído de su nacionalidad. La realidad es que aquella partida no tuvo motivaciones políticas, sino que estuvo provocada por el deseo del campeón de no desairar a una joven húngara de 19 años, Zita Rajcsanyi, de la que Fischer estaba enamorado.
Tras 12 años de huida, los servicios americanos le capturarían en el aeropuerto japonés de Narita. Solo el asilo político de Islandia, donde era considerado un héroe nacional tras su triunfo allí en 1972, le salvaron de la cárcel.
En una larga pendiente hacia la paranoia, Fischer vivió estos últimos años en la isla del hielo, junto a su novia Miyoto Watai, con sus cuentas bloqueadas, viviendo de la caridad y encerrado en un desordenado apartamento.
Su paranoia, estaba relacionada con su infancia, con la persecución de su país, y con su miedo ególatra a ser destronado por Kárpov.
Pese a su gran coeficiente intelectual, su cultura era baja, y no se había afianzado hasta la edad adulta.
Pese a su famosa locura, estaba dotado de unas condiciones fabulosas para la comprensión de la realidad y la realización de lucidos análisis, dotado, al tiempo de una gran coherencia.
Su lado negro, parece estar escondido tras una inseguridad y una inadaptación social, que le llevo a desarrollar varias personalidades, antitéticas y contradictorias, entre las que se encontraba su odio antijudio, cuando sus padres, la políglota suiza Regina, y el científico húngaro Paul Nemenyi, eran judíos. Su precoz abandono del colegio, también debió ser causa de su desequilibrio mental.
Pese a ello. Queda como ejemplo para las nuevas generaciones, la genialidad de quien fue, antes que un deportista, un artista.

 


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