Negras sombras sobre Fernando Alonso

Javier Trueba
estudiante de bachillerato, Santander


En el fondo que triste es la historia de Fernando Alonso, un campeón, un héroe deportivo, un mito vivo llamado a ser una de las leyendas mas grandes del automovilismo, achicado por un espectáculo, que el mismo ha calificado como no deporte, manejado por ambiciosos y parásitos, que admitieron primero su gloria, incapaces de frenar su poderío, y que ahora, con recambio en el bolsillo, le roban, le desprecian y le arrinconan. Hamilton no es más que un peligro, en la carretera y en los boxes. Un hombre sin escrúpulos ni moral, dispuesto a conseguir fama y dinero a cualquier precio. Hoy, tras el escándalo de Hungaroring, Ron Dennis, su jefe se enfada con él, medio equipo no le habla, tras demostrar este engreído ingles su baja catadura, y haber hecho perder a su equipo 15 puntos en el mundial de constructores. Pero el enfado poco va a durar. Dentro de 20 días, vuelve al mundial el olor a gasolina, y con él, la adoración a Lewis. La F1 no es más que un negocio sustentado en el sudor y el riesgo de pilotos como estos, que obtiene dinero del blouf comercial que estos soportan, de la imagen, del glamour. Y el asturiano no lo tiene. Alonso es un gladiador de carácter arisco, de hablar sencillo, directo y áspero, quien dice la verdad donde mas duele, y que carece de la sonrisa, el encanto y el donde gentes de Hamilton, la nueva perla de este circo. Así que todo serán trampas y zancadillas para derribar a Fernando, debe ganar Lewis para que el negocio viva. Hasta la guerra interna vende, da morbo y gana audiencia en las cadenas de televisión.
Hoy ha perdido la batalla. Pero la guerra aun continua, sabe que esta solo y abandonado a su suerte, pero no se va a rendir. Pondrá su mejor cara, llorara en silencio, saldrá herido con la cabeza alta de un caballero y seguirá para demostrar al mundo, que el campeón es él.
Hace un año, en el circuito de Monza Alonso fue sancionado de forma injusta por haber, en teoría, molestado a Felipe Massa durante la vuelta rápida de éste en la clasificación. Los comisarios de la FIA determinaron que el coche del español habían provocado unas turbulencias que habían perjudicado al brasileño. Masa, a trescientos metros del español, nunca las vio, ni protesto por ellas, pero era necesario ayudar, entonces a Michael Schumacher. Se le castigo, como a un toro, y aun así gano, pero siguió acumulando cicatrices. Esa noche lloro de impotencia. Se encerró en un pequeño hotel lejos del circuito, con su novia, y comprendió que estaba abandonado a su suerte. Ha pasado un año, y la historia se ha repetido, pero para beneficiar a Hamilton. La FIA le robo el sábado la pole con excusas incomprensibles, falsas e incoherentes. Pese a ello, el campeón aguanto con elegancia el castigo en Hungría, supero con entereza la adversidad y supo sacar algo del atraco.Nunca se habia visto en esta competición, una actitud, no ya casera, sino, al reves beligerante, con un campeon.
Vive ahora el asturiano en medio de un equipo sumido en el caos, sin saber en quien apoyarse, solo en su monoplaza, rodeado por la sonrisa de hiena de una fiera ambiciosa y descontrolada llamada Lewis Hamilton.

 


Automovilismo

 

 

 

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