F1, el robo del siglo

Javier Trueba
estudiantes de bachillerato,Santander



Del mal, el menos. Parece que todos han quedado, al final, satisfechos del final provisional (lo que nos queda aun por ver), de este numerito en la pista central del circo de la formula 1. La decisión de la FIA, no ha parecido desagradar a muchos, que ven una oportunidad de cerrar, aunque sea en falso, el grave problema del espionaje, con consecuencias limitadas. Ferrari, tres años sin comerse un rosco, salva el honor de mujerzuela engañada y se lleva el mundial de constructores. McLaren corta las investigaciones y salva el futuro del equipo con mínimas perdidas económicas (la mayoría de esos 100 millones no los pagara, solo los dejara de ingresar por publicidad) y mantiene el campeonato de pilotos, que no obtenía, ni se sabe desde cuando. Alonso tiende puentes a Ferrari, con quien ha colaborado indirectamente e intenta su salida del infierno, y mantiene su licencia, aunque con su imagen (y estos viven de la publicidad) muy tocada. Y la FIA da un “escarmiento” e intenta el “aquí no ha pasado nada”.
Pero el asunto es otro, porque aquí huele peor que los cadáveres de Grissom, esos de los que el CSI saca colonias enteras de insectos.
Que yo recuerde, una de las virtudes de Alonso para McLaren, cuando le ficho, era que en el lote iban los conocimientos mecánicos de Alonso sobre Renault, que ayudaron en la luna de miel de principio de temporada a mejor notablemente el bólido de Mercedes. ¿Entonces de que espionaje hablamos?. De hecho, es sabido que todas las escuderías obtienen información de los adelantos técnicos de otras, vamos, de todas. Y eso, mas antiguo que hacer pis, no esta contemplado por ningún código ni ley nacional. Otra cosa son las marcas, registradas y protegidas por un registro que aporta su asiento con número y fecha, y que son inviolables. Pero los adelantos técnicos no están sujetos a ninguna ley de patentes en la F1, no así en la industria en serie, y no se yo.

Otra cosa es que los miembros de un equipo pilotos, técnicos o asesores, hayan firmado con su escudería una contrato de confidencialidad, o se deban atener a un código ético, obvio por otra parte, y eso que se sepa ya le ha costado el puesto a un ingeniero, un ladrón resentido, vamos, de Ferrari. Pero la salida de esa información, no significa de salida un delito, no es cuestión de soberanía nacional, no es licito que si yo me encuentro en la calle con un billete de 50 € tirado en la acera y le coja me acusen de robo.

 

Cierto es que la información secreta de Ferrari era vox populi en su enemigo, no sabemos en cuantas escuderías mas, y que ahí McLaren actuó con un silencio criticable e inmoral, pero ¿ha sido esa información tan determinante?. ¿Es culpable, legalmente, de aprovecharse de la desorganización de otros?. De hecho, los McLaren ya eran más competitivos que el año anterior desde el principio de la temporada, antes de que se iniciase todo este lío. Las fotocopias del coche de Ferrari llegaron a mediados de marzo, el primer gran premio se desarrollo el 18 de marzo, los coches ya estaban desarrollados, así que copiar el Ferrari fue imposible. También podíamos hablar mucho del reiterado juego sucio de Ferrari. Han colocado tapacubos, han corrido con doble depósito de combustible….

Aun más, el hecho de que la sanción a los británicos se pueda extender a la temporada 2008 vulnera la seguridad jurídica y el principio de que no se puede sancionar dos veces por los mismos hechos.

Esta historia tiene además mas perfiles, tantos como ayudas recibe Ferrari de la FIA para ganar por encima de la capa del cielo, como se vio el año pasado en los líos Alonso – Massa, o con la triste y patética intervención de la FIA y los jueces en el gran premio de Hungría de este año, limando fuerza a McLaren, en beneficio de los italianos, y sembrando cizañas en el equipo de Alonso, aunque para eso no precisan ayuda.

Tampoco entiendo que extraña situación encuentra la FIA, en un mundillo en el que, y desde 1905, las copias y los fisgoneos se suceden en la competición. Uno de los primeros casos afectó en 1905 a Peugeot y a Hispano-Suiza. Con el objetivo de conseguir un bólido capaz de ganar, una comisión de la marca de coches francesa decidió dar un golpe de efecto y fichó a Paul Zuccarelli y Ernest Henry, hasta entonces ingenieros de la marca española. Peugeot presentó su modelo L76, que, en definitiva, era un calco del Hispano-Suiza de competición. Tras recibir el golpe, la fábrica de Barcelona se mofó unos años después. En 1913, el piloto Darío Resta realizó un tour por Gran Bretaña con el mejor modelo de la casa francesa. Louis Coatalen, responsable de competición de Sumbean y amigo personal de Resta, invitó a comer al corredor. Durante el festín y la siesta que le siguió, los ingenieros de Sumbean copiaron el coche.
En 1957, ya con el Mundial en marcha, Tony Vandervell, un miembro de British Racing Motors (BRM), tuvo la idea de montar un equipo de carreras. Trató de comprar un Alfa Romeo, pero la fábrica italiana no se lo vendió. Ante la negativa, Vandervell no tuvo reparo alguno en comprarse un Ferrari. Entre lo que averiguó del bólido y lo que le aconsejaron sus técnicos, nació Vanwall, la escudería que compitió durante algunos años en el Mundial.
Otra de las variantes es la que protagonizaron en 1977 los socios del equipo Shadow, cuyo logo era curiosamente la silueta de un espía. Jackie Oliver, Alan Rees y Tony Southgate decidieron dejar plantado a Don Nichols, el propietario, y fundaron la escudería Arrows. Cuando los coches saltaron a la pista, el Shadow y el Arrows resultaron calcados al extremo de que, poco más tarde, los jueces prohibieron que Arrows compitiese con ese bólido.
A partir de la década de los 80, una de las prácticas más repetidas ha sido las visitas furtivas. Al término de la temporada de 1981, Derek Garnder, un ingeniero del equipo Tyrell, se paseó por el taller de Lotus, que escondía el prototipo 79. El modelo que Tyrell hizo correr en el Mundial de 1982 era una copia exacta del Lotus. Lo mismo le ocurrió a McLaren en 1998, cuando la escudería británica cayó en la cuenta de que alguien se había colado por la noche en su taller y había visto, muy de cerca, el potente propulsor V10 de Mercedes. Tres años después, en 2001, algún hacker burló los sistemas informáticos de seguridad de Renault y se dio un garbeo por los ordenadores de diseño de la escudería dirigida por Flavio Briatore. El servicio secreto francés se aplicó hasta que descubrió que detrás de la trama había ex miembros de la Stasi, la policía política de la antigua RDA.
Antes que el actual caso, el escándalo más conocido y llamativo ocurrió en 2006, llevando a la cárcel a Ángelo Santini y Mario Iacconi, ingenieros de Ferrari que ficharon por Toyota. La fábrica japonesa les recibió con los brazos abiertos. A ellos y a todo el software informático de la escudería italiana que se llevaron consigo. ¿Y que le paso a Toyota?. Nada. ¿Entonces?.



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