Patricia
Sainz Buendia estudiante de bachillerato, Colegio
la Paz, Torrelavega (Cantabria)
“La
música es el placer que el alma experimenta contando sin darse
cuenta de que cuenta.” Gottfried W. Leibnitz
Retrato de una obsesión
No existe ningún punto de partida si no se sabe a donde ir.
–¿Qué me dirías si te propongo crear
una gran máquina, capaz de asociar sonidos, colores, texturas,
aromas… reconocerlos, almacenarlos, diferenciarlos, poder ponerles
nombre, poder seleccionarlos, poder crear con todos ellos, tal vez cientos
de miles, otros nuevos; poder rememorarlos en cualquier lugar y momento,
a cualquier hora, independientemente de que no estén allí?
– Sinceramente te diría que necesitamos un gran equipo
para cumplir un sueño tan demente, si es que conseguimos manejar
todas esas funciones, si conseguimos analizarlas y comprenderlas como
ellas nos comprenden a nosotros mismos…
“Está
bien, entonces si el cuerpo humano es sólo un conjunto de células;
¿es acaso simplemente un puñado de letras la colección
de obras de Shakespeare?”
Podríamos
definir la actividad musical dentro de nuestro cerebro como el imperio
de los sentidos frente al reino de la lógica. Nuestro cerebro
actúa ante cada nota como un sistema informático, captando,
identificando y analizando posteriormente cada nota filtrada por nuestro
tronco cerebral. A veces puede llegar a colapsarse; una parte de la
población que tiene más espabilado el hemisferio derecho
tiene mayores facilidades para este entretenimiento en cuestión.
La música es creatividad, sensibilidad y suspense sublimemente
emocional, basada en un sutil registro de impulsos neuronales en una
parte demasiado remota de nuestras mentes físicas. Un arte en
parte innato; ejemplo de ello fue Mozart, creador de grandes composiciones,
apenas haber dado una inmemorial clase de música en su vida.
A pesar de todo esto, existe una singular conexión entre ambos
mundos, ambos hemisferios interconectados que permiten darle un sentido
aúne, y poder conseguir que en esta gran compleja base de datos
puedan quedar registrados cada uno de los sonidos, por muy imperceptibles
que sean. Las normas musicales parten del “no al silencio absoluto”,
ya que, sino, no tendría sentido destruir algo ya creado, aunque
sea la nada.
Recientemente
se ha puesto de moda que los niños en edades tempranas se encaprichen
de algún instrumento y empiecen a descubrir un cosmos del caos
en un orden tan insólito como sus propias mentes; es su momento
de expansión, de sorprenderse y ser sorprendidos, sino es entonces,
¿Cuándo es? Sino es en ese momento cuando se ha de crecer,
¿Cuándo progresar de una forma tan despegada si ya no
se es niño? Con la práctica musical no sólo consiguen
un dominio a nivel de una especialidad, sino que también les
puede ser tan fructífero en su vida diaria como una clase de
inglés.
Mediante
la música se pueden reforzar conceptos en el desarrollo de ambos
hemisferios; creatividad e imaginación, tanto como la agilidad
en unas matemáticas, ya que, al fin de al cabo, la ciencia musical
no deja de ser un conjunto de actividades basadas en la medición
de un tempo regular que puede ser adaptado bajo las leyes de la science
exacte et pure.
Del mismo modo la capacidad de aprendizaje aumenta, al igual que la
facilidad para realizar reflexiones más profundas y tomando conciencia
de las situaciones de su vida cotidiana; no es de extrañar que
la mayoría de los músicos de la historia realmente sonados
tengan una personalidad en alto grado polifacética; ciencias,
artes, literatura…
Otro
dilema referente a la mente; ¿Es el cerebro el que nos modifica,
o somos nosotros quienes le modificamos?
De una forma consciente o inconsciente, según demostró
Freud: “Si dos individuos están siempre de acuerdo en todo,
puedo asegurar que uno de los dos piensa por ambos.”
Numerosos estudios científicos han demostrado que el oído
actúa (o mejor dicho, interactúa) con un papel muy dispar
dependiendo de las regiones del mundo en el que se vea condicionado
a crecer, descubrir, desarrollarse y por qué no, relacionarse
y “sociabilizarse” de una forma auditiva con el ambiente.
De tal forma que dos sujetos pueden recibir la misma información,
habiendo permanecido en polos opuestos del mundo e interpretar ésta
de una manera tan antagónica como si a uno de ellos le hubieran
puesto la cinta marcha atrás. Esto nos conduce a desconfiar de
nuestro propio centro informático; ¿Somos inconscientes
de ser utilizados por nosotros mismos debido a una mejora de evolución
(como muchas otras de las cuales no tendremos aún constancia
ni motivos de los que preocuparnos por ellas), o somos nosotros los
que nos auto-utilizamos a expensar de ser nuestra propia base datos
la que hace “transacciones secundarias” respaldándose
en ser únicamente una información que considera innecesaria
para nuestro desarrollo intelectual?.
Sobre Ofuscaciones y Otras Genialidades.
¿Por qué crea en mí el deseo... y después
me niega el talento? Salieri.
Wolfgang A. Mozart,?Nicolo Paganini, Federico Chopin, Louis Armstrong,Wagner,
Frank Zappa, Francis Albert Sinatra…
Como
todas las cosas, son la excepción que confirman la regla, y podríamos
llenar muchas hojas. Pero no todo el mundo goza de la suerte o desgracia
de poseer un talento lejos de las manos de cualquier humano (al menos
uno entre cien mil…).
Es el caso del oído absoluto, y las amusias en general: síndromes
musicales. Son dones que pueden convertirse en pesadillas, ya que obligan
a trabajar de forma consciente al sujeto, mientras su cerebro recopila
información de manera totalmente inconsciente; es decir, no puede
parar de informar sin saber que está colapsando el centro operativo.
Mayormente se pueden manifestar de diferentes formas: activo (puede
entonar e identificar cualquier nota de la escala, sin referencias);
inactivo (capaz de diferenciar la tonalidad, con imposibilidad de cantarla);
o relativo (poder reconocer una nota, con otra de referencia como apoyo).
Algunos
de estos síndromes han producido frustración, orgullo,
obsesiones y envidias a lo largo de la historia; ¿Por qué
unos son claramente beneficiados con algo especial, frente a otros?
El verdadero misterio del mundo es lo invisible.
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