Raul
Aspagaza Diaz estudiante de periodismo, UPV, Leioa (Vizcaya)
El
Museo Guggenheim de Bilbao muestra estos días, y hasta el 31
de mayo la obra de uno de los más grandes artistas del Japón
contemporáneo Takashi Murakami.
Murakami, un excéntrico revolucionario y seductor (en los artístico)
es la muestra mas clara de que el arte es resultado de un tiempo y un
espacio muy determinados. Murakami refleja en su obra la riqueza y la
contradicción de un país que aúna un bagaje cultural
milenario con una de las vanguardias urbanas y una de las economías
más potentes del planeta. Una sociedad en un permanente estado
de actualización y revisión con, de por medio, una de
las tecnologías más avanzadas del planeta. Ante tamaño
caos y potpurrí, Murakami ha optado por la ciudadanía
activa, resultado su obra resultado del reflejo y la causa de una sociedad
posmoderna y ultra moderna, capaz, al mismo tiempo, de representar una
creatividad incontenible, pero dentro del purismo más radical,
y todo ello en plan hibrido, con la orientalidad del que se ve saciado
y la necesidad de tragarse todo lo que occidente aporta. Ese es Murakami,
y esa es la carta de presentación de ese proceso continuado por
el que Japon se reinventa así mismo cada día , lo que
fascina a Occidente, como muestra de pura inspiración.
Bueno ¿verdad?. Pues si, pero hasta ahora, debe ser por quedarnos
boquiabiertos, nadie había osado traerlo a España. Nadie
el salvo el Guggenheim de Bilbao, que, ya puestos, ha organizado una
exposición monográfica y retrospectiva sobre el artista
y su trabajo.
La exposición se vértebra a través de una obra
que expone y hace entender uno de los impulsos más contemporáneos
y radiográficos de la cultura japonesa, enseñando como
se construye. La muestra expone, en perfecta convivencia, las referencias
que parten la propia estampa japonesa y el ukiyo-e, la iconografía
clásica de la pintura tradicional, el anime y el manga derivados,
el infantilismo, lo otaku y lo kawaii… y además, y en el
mismo lote, toda una lista de piezas que enarbolan como constante, la
profusión de electos repetidos de forma obsesiva, como una imagen
caricaturizada y obsesiva de la que es la sociedad reina del consumo,
el marketing y la alienación.
Murakami
es resultado de la Universidad de Bellas Artes y Música de Tokio.
Su carrera parecia destinada a la animación, que era su mayor
deseo juvenil. Sin embargo, pronto quedo encastrado en una generación
de artistas neo pop que le arrastraron hacia una visión critica
y analítica del espacio y el tiempo nipón. Un tiempo determinado
por una sociedad, en el fondo, infantil y desmesurada en lo mercantil.
Una sociedad posesiva y victima complacida de su subordinación
a logos, marcas y supermercados. Lo curioso es que esa crítica
se ha convertido en el santo y seña del autor. Así, se
Warhol tenía su marca en aquella naciente cultura consumista
de los sesenta, Murakami continua con la idea, aunque más elaborada,
con Kaikai Kiki Co., Ltd., su propia compañía.
En ella y en su obra, conviven las maravillosas criaturas del planeta
66, sus típicos Mr. DOB, Kai Kai, Ki Ki, Tan Tan, Pi-chan, Spica….
Seres ingenuos que viven armoniosamente en un planeta lleno de florecillas,
setas de muchos ojos y personajes salidos del manga más autentico
y habitantes de su Proyecto ko². Pues todo eso y más placeres
oculares en casi dos mil metros cuadrados de Guggenheim, y a través
de cien piezas de pintura, escultura, moda o diseño industrial.
Toda una marea de colores, dimensiones y materiales que sirven de armazón
a una continúa sorpresa y emoción. No te lo pierdas.