El siglo de Mauro
Centenario del artista cantabro Mauro Muriedas

Jose Manuel Gonzalez
estudiante de bachillerato, Torrelavega (Cantabria)



Instantanea de la ofrenda floral en el cementario de Tanos. Foto Eduardo Cuevas

 

Afrontamos este año en Torrelavega el centenario de uno de los grandes del arte de Cantabria y de España, con el reto de honrar a quien siendo muy importante en la vida cultural de nuestra comunidad, es uno de los olvidados de nuestra herencia.
Aunque nacido en Piélagos, Mauro Muriedas estuvo muy vinculado a Torrelavega, donde las instalaciones culturales de la ciudad le recuerdan de continuo. Sus restos, que se encuentran en el cementerio de Tanos, ha recibido esta semana un primer homenaje de la clase política, como preámbulo de los actos que en su memoria se celebraran este mes.
Es por ello que el programa de actos del centenario se va a realizar de manera conjunta entre los dos ayuntamientos. Entre estos actos se encuentra un ciclo de conferencias que, en Torrelavega, correrán a cargo del pintor y poeta local Julio Sanz Saiz (11 de noviembre) y el escritor Luís Alberto Salcines (26 de noviembre). En Renedo de Piélagos habrá una mesa redonda con el pintor Pedro Sobrado y el crítico de arte Martínez Cerezo (19 de noviembre) y el escritor Manuel Bartolomé (25 de noviembre).
El programa concluirá con la inauguración en la Escuela de Artes Eduardo Pisano de Torrelavega de un aula de volumen que llevara su nombre (el día 27 de noviembre), y el nombramiento de Mauro Muriedas como Hijo Predilecto de Renedo de Piélagos, el 29 de noviembre.

Muriedas nació en la localidad de Barcenilla de Piélagos en 1908 en el seno de una familia humilde dedicada a la ganadería. Su llegada a Torrelavega se produciría en 1920, cuando, muerta su madre, Mauro arribó a la ciudad junto a su padre, al que ayudaría en su taller de carpintería, a la vez que trabajaba en las minas de Reocin. Ese encuentro con la madera y la roca, marcarían su arte. Arte que comenzaría a desarrollarse en la Escuela de Artes y Oficios de Hermilio Alcalde del Río, donde, además de formación, entraría en contacto con algunos de los mas emblemáticos artistas locales, caso de Ciriaco Párraga, Eduardo Pisano, Teodoro Calderón, Obregón o Charines. Recién proclamada la Republica, en 1931, Mauro consiguió una beca para estudiar Bellas Artes en Madrid, donde desarrollaría su potencial, especialmente por el contacto con grandes de aquel periodo, como Victorio Macho, Mariano Benlliure o el pintor Vázquez Díaz.
La guerra civil detendría su obra, pero potenciaría su espíritu. Mauro no solo no pudo viajar a Europa, para lo que había conseguido una nueva beca, sino que seria enrolado en ambos ejércitos, según la contienda avanzaba. Tras un breve periodo de cárcel motivado por una denuncia de haber sido republicano y terminada la guerra, Mauro volvió a la mina. Sin posibilidad se continuar su formación, su arte se hace entonces más personal, y más autodidacta, en una carrera contra el tiempo que le haría compartir su tiempo entre su trabajo y su taller, hasta el final de sus días.
A partir de los años sesenta su trabajo no pasa desapercibido, formando parte de muchas exposiciones en toda la geografía nacional y obteniendo numerosos reconocimientos, como la medalla del Salón de Otoño de Madrid en 1972, por lo que su obra comienza a ser apreciada, pasando a formar parte de numerosas colecciones públicas y privadas. Es a fines de los setenta, cuando Mauro toma parte más activa aun de la cultura de su ciudad, al formar parte del profesorado de la recién creada Escuela Municipal de Arte en la que, siguiendo la filosofía de antigua Escuela de Artes y Oficios, Mauro ejerce un brillante magisterio. No será su única aportación a la cultura local, pues su presencia también será visible en Coral de Torrelavega.
La técnica del maestro se basa en la talla directa de madera, preferentemente castaño o nogal, trabajo que combina con el dibujo. En todos los casos, con una temática muy clara: el hombre. El hombre humilde, el desheredado de la sociedad, el que sufre, el que trabaja, el que no obtiene recompensa de la historia. Así su obra, reflejada en obreros, campesinos, mineros y pescadores, refleja el esfuerzo, el dolor, la tristeza y la soledad, siempre presente en un gesto repetido, hombres con la mirada en el suelo, entre humillada y dolorida.
Todo ello en el mismo límite entre lo real y lo surrealista, con fuertes trazas de Solana, tal como puede verse en su Cristo (Cristo de Mauro), que refleja a un hombre torturado por el hombre, pero no solo en aquel momento histórico, sino en cada día, y a cada hora.
Junto a ello, otra temática persiste en su obra es la de las tareas agrarias, aquellas entre las que se desarrollo su infancia, en un recorrido natural entre vacas, asnos aves.
En el trabajo de dibujante, Mauro domina una amplia técnica, que va desde el lápiz hasta el bolígrafo, desde el lienzo al cartón, desde el retrato, hasta el costumbrismo coral, desde la crítica social hasta el expresionismo más feroz. Pero siempre reflejando su propia naturaleza, la de un hombre noble y sincero.

Hoy su obra permanece dispersa, aunque una parte considerable esta custodiada en la casa familiar por su hijo Mauro, a la espera de que los poderes públicos, o alguna fundación los rescaten y los preserven.


 


Cultura

 

 

 

 

Opina sobre este artículo

 

 

 

Secretaria
Agenda
Noticias
Blog


Encuentra aqui lo que buscas en eolapaz.com

 
eolapaz.com© 2008
Revista Indico
¿Quienes somos? | Tutoria y ayuda | Privacidad | Publicidad |
Optimizado para: 1028 x 760 pixels - Internet Explorer 5.0 y superiores -