Maria
Causo, Paula del Olmo, Ana Crespo estudiantes de bachillerato, Torrelavega
(Cantabria)
La
pintura urbana es el modo de expresarse de mucha gente, igual que los
graffitis; expresan emociones del autor, su estado de ánimo y
su personalidad. Para muchas personas esta es la única forma
de contar sus ideales tanto políticos como sociales.
Es una forma de que la gente dé a conocer su interior de otras
formas aparte de las habladas o escritas. Pese a que la gente intenta
integrar en la sociedad a todo el mundo, quienes practican el graffiti,
se consideran como vándalos que ensucian las paredes, suelos,
garajes, cabinas, bancos y hasta papeleras, en general las zonas públicas.
Y no es solo lo que intenten expresar los autores, sino el coste que
lleva el limpiar las zonas afectadas. Los ayuntamientos pagan al año
unos 240.000 euros para limpiar las calles, lo que supone unos 660 euros
al día. Pintar graffiti es ilegal en muchos lugares, se ponen
importantes multas e incluso penas de cárcel, especialmente en
las ciudades en las que el graffiti no está considerado como
arte, sino como un problema. Hay grandes contradicciones en cuanto a
los graffiti, un ejemplo bastante cercano es el de un joven de Santander
que realizó un graffiti en la fachada principal de la sede de
Consejo de la Juventud de Torrelavega.
Poco
a poco los graffiti se han ido propagando y difundiendo desde su origen
y nacimiento en Estados Unidos en los años setenta hasta nuestra
ciudad, Torrelavega, donde la pintura urbana ya se ha dejado ver. El
Ayuntamiento esta empeñado en borrar todas las pintadas hechas
en el mobiliario urbano ya que éstas no solo aparecen en lugares
apartados sino que cada vez son más visibles en el casco urbano.
También se están creando campañas que ofrecen alternativas
de ocio a los jóvenes para que puedan expresar sus inquietudes
artísticas y controlar sus impulsos. Así como también
se están endureciendo las penas y sanciones para quienes realizan
estas prácticas.
A mi modo de ver el fallo que cometen los graffiteros es que se delatan
ellos mismos, es decir, no por la firma que deje la persona (generalmente
porque firman con apodos), ni por el tipo de spray, rotulador o pintura.
Es porque todos ellos tienen algo en factor común, la huella
dactilar que permite conocer al autor. Y es que los graffiti urbanos
esconden pistas que vinculan cada una con un nombre y persona.
Esta forma es muy extendida entre la policía para averiguar los
autores de las distintas pintadas de las ciudades, ya que han creado
una base de datos que contiene numerosa información que permiten
identificar los graffiti con solo introducir la ubicación del
dibujo, el texto, el tamaño y el material con el que éste
ha sido dibujado. Esta información es procesada y al mes de ser
analizada, la policía ya tiene casi 200 entradas.
De esta forma ya se tienen controladas preferidas de actuar de los graffiteros.
Son
muchos los que piensan que con estas medidas van a ser eliminados los
graffitis, porque segun ellos, son la ‘’contaminacion artística’’
de las ciudades. Pero como nueva moda y visto los numerosos graffiteros
que se expresan de esta forma, dudo que se rindan tan fácilmente.
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