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El
regreso del Capitan Trueno
Paula
Gonzalez Peña
estudiante de bachillerato, Colegio La
Paz, Torrelavega (Cantabria)

A
día de hoy, si observamos a nuestro alrededor, podemos descubrir,
que desde hace unos años, se han producido grandes cambios de
hábitos en los juegos de los más pequeños. Sus
diversiones han dejado de lado los tradicionalismos, para dejarse llevar
por los héroes de importación, que a pesar de llevar décadas
entre nosotros, parece que han sido los últimos años,
los que les han brindado mayor protagonismo entre los niños.
Esto
no siempre fue así, hubo una época, en que eran los héroes
nacionales, los que acompañaban las diversiones infantiles. Héroes
valerosos, de aspecto viril, que carecían de rayos X o de telas
de araña, y que luchaban contra sus enemigos, a fuerza de espada.
Mítico y tradicional donde los haya; triunfaba por aquel entonces
el valeroso, “Capitán Trueno”.
Corría
el 14 de mayo de 1956, aparece entonces, un nuevo “héroe
nacional” estampado en papel, bajo el firme trazo de Victor Mora
y Miguel Ambrosio Zaragoza; sería pues, el más que conocido,
Capitán Trueno, que llegaría a manos de los niños
en forma de tebeo, bajo la firma de la Editorial Bruguera.
Era
la masculinidad y virilidad personificada en un joven caballero medieval,
que en compañía de sus amigos (Goliath y Crispín),
invertía su tiempo en busca de aventuras, para poder luchar en
pro de la verdad y la justicia. Un Robin Hood a la española,
que no pretendía más que ser el “invitado”,
de los juegos infantiles, mientras promulgaba sus buenas intenciones
y sus valores caballerescos. Valores como la amistad, el compañerismo,
e incluso el amor, que se dejaban entrever entre sus paginas. Valores
que convertirían a su personaje, en lo que es hoy; uno de los
personajes de papel estampado más emblemáticos de nuestro
país.
Todos querían ser él, todos querían ser caballeros,
de esos que pasean su espada y su escudo, para “asustar”
a los malos, y poder luchar en defensa de la verdad.
Tal éxito alcanzó, en sus primeros meses de venta, que
la editorial, se vio obligada a transformar la frecuencia de publicación,
pasando de ser quincenal a semanal, para el disfrute de sus adeptos.
Así que cada semana, miles de niños esperaban ansiosos,
para comprar el nuevo número de aventuras, que siguiera inspirando
sus juegos infantiles.

El
tebeo, reunía todas las claves, para hacer las delicias de los
niños. Un héroe fuerte que lo valía y lo podía
todo, y cuyos ideales, se basaban en la defensa de los débiles
y el “castigo” de los enemigos, y como no, el respeto a
sus amigos.
Amigos como Goliath, un hombre de aspecto robusto y bonachón,
que era el acompañante eterno en las aventuras de nuestro Capitán,
y que no solo se limitaba a acompañarlo sino también,
repartía “lo suyo”, a los malos de la historieta.
Pero faltaba algo, un personaje más, que convirtiese las aventuras,
en un “juego” de tres, para lo cual, estaba Crispín.
El personaje más joven del tebeo, y el favorito de los niños,
por su juventud. Era el hijo del Conde de Normandía, y llegó
a la vera del Capitán, tras la muerte de su madre, haciéndose
este responsable del chico, y convirtiendo así, el dúo
en un trío.
Pero en ocasiones, el trío se convertía en un cuarteto,
pero no de la mano de otro “héroe secundario”, sino,
con la participación, de una dama,; la dama del Capitán,
Sigrid.
Bien es cierto, que la relación existente entre ambos, jamás
quedó definida, no había matrimonio de por medio, ni un
aparente noviazgo serio, quizás, una extraña pareja de
hecho, que revolucionaba a los “más conservadores”.
Pero formalidades a parte, ella era lo que complementaba al tebeo; la
chica del héroe. Cualquier caballero que se precie, ha de tener
al lado a su chica, y no solo para que esta sirva de excusa para algunas
de sus aventuras, por haber sido víctima del rapto, por parte
de algún malvado, sino que en este caso, ella también
sería protagonista. Sigrid, no solo se limitaba a esperar la
vuelta del Capitán, o a esperar su salvación, ella, también
se convertía en heroína, al intervenir en algunas de sus
aventuras.
Un
héroe, su chica, unos amigos peculiares, unas aventuras caballerescas,
y como resultado un exitoso tebeo, entre los más pequeños.
Hoy esos pequeños, han crecido, pero sin embargo, siguen manteniendo
vivo, el recuerdo de las aventuras de su admirado Capitán Trueno,
y lo dejaron entrever, en la celebración del 50 aniversario.
Tras el último número publicado, han sido numerosas las
reediciones de dicho tebeo, que no solo han caído en manos de
codiciosos coleccionistas, si no también, en miles de admiradores
que a día de hoy, de vez en cuando, siguen releyendo las páginas
de las viejas aventuras, que tantas veces fueron protagonistas de sus
juegos.
Así
que para complementar ese sentimiento nostálgico, y para celebrar
el medio siglo, del ahora, “coloreado” Capitán, se
puso a la venta; “El gran libro del Capitán Trueno”,
que entre sus páginas refleja, la larga vida de la serie desde
dentro, tanto desde el punto de vista de sus autores, como de los dibujantes
que continuaron con el tebeo, en publicaciones posteriores.
Sin
embargo, "El gran libro del Capitan Trueno", deja en la boca
de sus seguidores el regusto amargo de la nostalgia pasada e irredenta.
Fue este libro un bocado exquisito, pero exiguo. Quizas ese deseo de
satisfacer a sus lectores, quizas la necesidad de devolver a nuestras
vidas un poco de épica y un mucho de limpieza de alma perdida,
quizas el impulso de su esposa Armonia Rodriguez, Victor Mora presenta
estos dias un nuevo libro de aventuras, que presenta cuatro hazañas
del Capitán Trueno que no habían vuelto a ver la luz desde
julio de 1956.
El motivo ha sido el 50 aniversario del personaje,lo que ha permitido
un notable esfuerzo editorial plasmado en un bellisimo libro, de formato
horizontal, que reune la publicación original en blanco y negro
y la actualizada, en la que se han limpiado impurezas gráficas
y mejorado algunos elementos como los colores o los fondos.
Mora, muy emocionado, y arropado por seguidores, gentes del mundo de
la cultura, y el mismisimo ministro de cultura, que le regalo una curiosa
caricatura de factura propia, recordo con ternura , la historia de su
personaje, y la suya propia, en aquella Barcelona de la postguerra,
y con la censura en los talones. Ese fue el motivo, explicaba Victor
Mora, de situar las aventuras de su caballero siempre en el extranjero,
"Sabido era que en España no había dictadores, ni
malvados, ni gente que pasaba hambre", ironizaba el creador.
Mora recordo en el acto de presentación de las aventuras de Trueno,
a su amigo Miguel Ambrosio Zaragoza, Ambrós, el dibujante de
las historias, y que aportó la constante sonrisa del Capitán
Trueno, unas inolvidables portadas llenas de colorido y las caras de
personajes como el fiel Goliath, el vehemente Crispín o la majestuosa
Sigrid.
Es, sin duda, el regreso de un heroe, de esos de antaño, de los
de espada de acero corazon y escudo de alma inquieta.
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Cultura
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