Patricia
Ruiz Pelayo estudiantes de bachillerato, Colegio
la Paz, Torrelavega (Cantabria)
Recuerdo
uno de mis primeros libros de cama de cuando era niña, finito,
con dibujos de unos lindos ositos que pasaban el día en la playa
y que en lugar de hacer los clásicos castillos de arena, prepararon
una tarta con los mismos elementos; y es que a pesar de los años
cada vez que le veo sobre la balda, recuerdo la ilusión que cada
día me producía pasar de página aunque me supiese
el cuento de memoria.
Ahora me pregunto sobre aquellas, ¿Cuáles serían
mis recuerdos si al pasar ante las baldas no habría libros porque
estos se encontrarían en otro dispositivo?, ¿no resultaría
difícil poder afirmar que nos encontramos ante el libro de Petete
sino podemos ver su grosor?
Ya se habla de un posible regalo para las navidades, el libro electrónico,
toda una novedad y de gran utilidad; pero la nostalgia se hace presente,
sustituir las baldas compuestas por centenares de libros, mil y un historias,
mil y un momentos a recordar, mil y un situaciones en las que poder
evadirse de la realidad con el fin de olvidar durante un rato los problemas,
mil y un viajes en donde la lectura nos hacía matar el tiempo,
mil y un personajes con los que poder sentirse identificado, mil y un
escenas en las que desearíamos que nos sucediesen a nosotros,
y así otras mil y un cosas que nos transmiten las bellas hojas
que componen los libros y que nos invitan a alcanzar un mundo irreal
capaz de hacernos soñar despiertos.
Es probable que ahora a muchos lectores no les guste la idea porque
la nostalgia que ocasiona ver un libro todas las mañanas en la
estantería en mi opinión no muestra solo un objeto más
que se llegue a manchar de polvo, sino un recuerdo tan bello y tan bonito
que te anima a volver a leerlo en un ratito en el que tengas tiempo;
ya que no solo sirven para coger polvo, sino que al igual que las fotos
u otras muchas cosas que se encuentran día a día a nuestro
alrededor, ocupan una parte importante de nuestra vida; pero poco a
poco, al igual que pasó con la llegada del ordenador (responsable
del olvido progresivo de aquella máquina de escribir en donde
línea tras línea, había que volver a la izquierda
el carro con el fin de continuar escribiendo), nos iremos acostumbrando
y veremos de un modo más frecuente estos nuevos dispositivos
capaces de almacenar en su memoria diversos libros que a su vez ocuparan
un espacio muy pequeño en nuestra vida al igual que pasó
con la evolución del teléfono móvil.
El tiempo pasa y nos tenemos que ir acostumbrando al futuro que nos
muestra la tecnología pero por un lado y para los amantes de
los libros, imagino que aún a pesar de la comodidad que ocasiona
por su tamaño, capacidad de memoria o su iluminación;
el olor de un libro recién comprado en donde poder guardar alguna
nota o cualquier cosa que un día quizás encuentres entre
alguna de las hojas que más te hayan podido llegar a emocionar,
no tiene precio.
Pero sea como sea, se venda como se venda, la magia de un libro nunca
la podremos llegar a explicar, porque ninguno expresa lo mismo para
un lector que lo lea en diferentes momentos de su vida.
Queridas baldas tengáis libros físicos o el libro electrónico,
no os abandonaré, siempre habéis sido y siempre seréis
un elemento esencial en mi vida y en la de muchos otros, pues en vosotras
hemos situado el conocimiento, el poder de la palabra y otras tantas
cosas de nuestro interés.
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