209, mayo 2007
   
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La opinion


 

 

 

 

 

 

 

Nos vigilan

Javier Trueba


George Orwell, el escritor que denuncio el dominio del individuo por el estado

En mi instituto nos han mandado este trimestre leer un libro que se titula 1984, de un escritor ingles llamado George Orwell. Es una novela en la que se relata como nace una sociedad, donde un gran estado controla a lo “gran hermano” a toda una sociedad idiotizada.
Pues cada vez estamos más cerca de esa novela. Hace unos días pude ver un reportaje en la 2, en la que se explicaba con detenimiento los sistemas actuales de control de la población, sobre la que cientos de cámaras callejeras, satélites y otros dispositivos son capaces hasta de seguirnos en el interior de nuestras casas. Telefónica ofrece un servicio de control por cámara en las tiendas, que no se sabe si es para controlar a los empleados o a los clientes o a los dos. Hoy, la web de la compañía inglesa Connect Software, aprovechando la desaparición de la niña Madeleine McCann en el Algarve ha sacado al mercado varios sistemas de rastreo para vender soluciones que permiten el rastreo de menores. "No deje que esto le ocurra a usted", es el slogan de la compañía que ofrece desde el típico rastreo por móvil (que ya en España lo ofrece movistar bajo el nombre de “localízame”, que claro no funciona sin cobertura o con el móvil apagado) hasta implantes de chips en la ropa o bajo la piel.
Que es lógico que un padre quiera evitar el rapto de su hijo no tiene discusión. La pregunta es si todos estos sistemas son éticos. Si es normal que estemos bajo un control tan amplio por nuestros padres. Que ahora son ellos, pero cualquier día les da por lo mismo a los policías, o al director del instituto.
Pero esta pregunta no parece hacérsela nadie, porque el negocio, ósea, lo bien que va, demuestran que la era de Orwell ya llego. Fijaros, el Play Pack (teléfono localizador para niños de entre 8 y 12 años) ha vendido 90.000 unidades en 2006, y el MO1, que fabrica la juguetera imaginarium ha vendido 15.000 unidades solo en Navidades. Y eso sin tener en cuenta los móviles de adultos con esta tecnología que usamos, que son la mayoría.
Las empresas están embaucando a los padres con la filosofía del "peace of mind", es decir, tranquilidad. Consiguiendo una pasta gansa en familias con hijos pequeños, o familiares de ancianos y dependientes.


Y es que la tecnología para el rastreo de niños es hoy un negocio que ofrece en el mercado solucione tecnologías muy amplias. Así, Connect Software vende brazaletes y ropa con chips en su interior del tamaño de una ficha de dominó. Las baterías que alimentan estos ingenios tienen una batería que dura unos 5 años, y que emite una señal de radiofrecuencia (RFID) cuando pasa por una antena receptora. Claro, fuera de las zonas cubiertas por esas antenas, aquello no pita. La americana Wherify vende relojes y consolas portátiles con transmisores GPS. Y Securlife brazaletes, relojes o gorras con sensores de rastreo. Lo mas es lo que propone el profesor de la Universidad de Reading Kevin Warwick, el inventor de los implantes subcutáneos, que ideo este sistema tras los terroríficos secuestros de 2002. En España, a demás de movistar, entidades privadas como la barcelonesa Baja Beach ofrecen sistemas de rastreo y localización a sus clientes , para evitar colas en sus servicios, y recibir un trato VIP.
Pero con todo eso, que no es ciencia ficción, ¿que?. Lo mismo que se puede localizar a alguien, esos chips almacenan información que permite decidir rechazarte (si eres portador del VIH, tienes parkinson o eres gay). También hay que pensar que igual que los buenos inventan los malos también. Así que llegara el día que los secuestradores, igual que piratean las tarjetas de crédito, lo harán con los chips, y en lugar de los papas localizar al niño, los secuestradores tendrán más fácil cogerlo ellos. Igual es bueno pensarlo al revés. ¿No seria mejor poner remedio a una sociedad tan degenerada en la que raptar niñas de seis años se entiende como un negocio genial?. Porque, digo yo, lo de la educación para la ciudadanía, lo mismo era mejor aplicarla a los adultos.
Vamos, que como no vuelva Espartaco, ¡adiós intimidad!



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