220, agosto 2007
   
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Viaje al centro de la tierra

Angela Pindado

 

Roger C. Searle, es uno de los geofísicos mas afamados del mundo, desde su cátedra en la Universidad británica de Dirham, ha trabajado incisamente para evitar, como el dice, que los cráteres de Marte o la luna, sean mejor conocidos que el fondo de nuestros océanos. Paso indispensable para su protección.
El descubrimiento hace tiempo, de la mayor sima conocida del Atlántico, ha sido la disculpa para el inicio de una aventura que nos permitirá un mejor conocimiento del mar y del interior terrestre.
A bordo del RRS James Cook, uno de los mas modernos buques oceanográficos del Reino Unido, equipado con los mas modernos medios científicos y técnicos, su misión será investigar un extraño agujero de 3.000 a 4.000 metros de diámetro y a unos 4.900 metros de profundidad en mitad del Atlántico.
El objetivo de la expedición es encontrar una respuesta al desplazamiento de placas en el medio del Atlántico, y que al separarse están formando, de manera paulatina y continua, una gran sima atlántica por la que emerge magma volcánico formando el suelo oceánico. Sin embargo, la singularidad de este fenómeno reside en que existe una zona a casi 5.000 metros de profundidad, en mitad del océano, en que esto no se produce, por lo que al no rellenarse el abismo con magma, crece un agujero inmenso en la corteza terrestre, es una puerta al centro de la Tierra
La intención de Searle es llevar a su barco a un punto entre Tenerife y Barbados, en mitad del Atlántico, desde donde estudiara tres puntos de ese enigmático lugar.
De gran ayuda va a resultar Tobi, un robot expresamente diseñado para la ocasión, que se posará en esa misteriosa zona del fondo del mar, guiado por una cartografía digital elaborada hace un año. Una vez allí, desplegará un taladro y perforará un agujero de unos cuatro centímetros de diámetro y un metro de profundidad. Las muestras obtenidas se analizaran en el RRS James Cook, durante las semanas que dure la misión, por los físicos y geólogos que forman esta aventura.
El determinar el tamaño de ese agujero en el fondo del mar y los materiales que componen su superficie ayudará a entender los mecanismos geofísicos implicados. El gran misterio y objetivo de esta misión radica en que hablamos de un lugar donde la corteza que debíamos encontrar ha desaparecido y el manto tiene otra composición, y nadie sabe porque.
Sin embargo, esta rareza es una ventaja, pues permitirá, mediante Tobi, acceder a los materiales del manto profundo de la Tierra, donde podrían encontrar peridotita, una roca muy densa que se cree es el principal componente del manto interior de nuestro planeta. Mientras la corteza continental tiene una edad de 3.500 millones de años, la oceánica apenas tiene 180 millones. La búsqueda de vida no se encuentra entre las prioridades de la misión, aunque el robot lleva incorporadas en dos de sus patas una potente linterna y una cámara, que registrará todo lo que ocurra en su campo de visión. La campaña se puede seguir por Internet en la dirección

http://www.noc.soton.ac.uk/gg/classroom@sea/JC007/



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