196, febrero 2007
   
 | PORTADA | HISTORIA DE ESPAÑA | ECONOMIA | ESTUDIANTES | DOMO |
Actualidad


 

 

 

 

 

 

 

Apofis amenaza la Tierra

Carlota Gamedo

El ordinario escrudiñamiento del cielo, permitió a los astrónomos clasificar en junio del año 2004, uno mas de los asteroides que pueblan el universo, el 2004 MN4. Pero aquel descubrimiento casual y aparentemente poco importante pronto se revelaría inquietante y enigmático. Apenas unos meses después, los astrónomos que le habían descubierto Dave Tholen, Fabricio Bernardi y Roy Tucker, consiguieron las primeras imágenes del objeto, utilizando el Telescopio Bok de 90 pulgadas del Observatorio Nacional de Kitt Peak en Arizona. El equipo comenzó a convenir, que aquel objeto cósmico anticipaba una ameniza terrible, existía una posibilidad de entre 40, de aquel objeto impactara sobre la tierra en el año 2029. Así, el 19 de julio de 2005, decidieron dotarle de un número fijo, y un nombre, estableciendo un plan de seguimiento y estudio. Nacía el asteroide número, 99942, es el más grande asignado hasta ahora a un asteroide. Había nacido para la ciencia Apofis.


Los estudios que sus descubridores han realizado desde entonces, no han sido esperanzadores. Según los cálculos actuales, el 13 de abril de 2029, Apofis pasará a 36 350 kilómetros de la Tierra, tan cerca que cruzará el anillo de satélites geosincrónicos en órbita y será visible a simple vista como un punto en movimiento parecido a una estrella, desde Europa, Asia y América del Norte. Los astrónomos estiman que el asteroide mide unos 300 metros de diámetro, posee una masa de 46 millones de toneladas y tiene un poder de impacto equivalente a 850 millones de toneladas de TNT, o sea 4 veces la energía liberada cuando el volcán indonesio de Krakatoa entró en erupción en 1883, o lo que es lo mismo 60 000 bombas atómicas tipo Hiroshima.

Los cálculos posteriores han demostrado en la actualidad, que esa posibilidad es casi inexistente, pero han desvelado una amenaza aun mayor. El asteroide se acercará dos veces antes a la tierra (2013 y 2021) , y en cada pase, el efecto gravitatorio de la tierra y las mareas ,y el “efecto Yarkovsky”, es decir, la aceleración de un asteroide debida a la asimetría de la radiación solar absorbida por el hemisferio diurno y re-irradiada después por el hemisferio nocturno de un cuerpo en rotación, modificaran su electrostática, su fisonomía y su trayectoria, hasta poder (una posibilidad sobre cincuenta mil, según los cálculos actuales) entrar en el “ojo de cerradura” (atracción gravitatoria que provocaría un impacto irremediable) en el 2039. Hemos de tener en cuanta, que ya en su primer paso importante, en el 2029, Apofis se acercara a tan solo 36.000 Km de la Tierra, diez veces mas cerca que la luna,lo cual puede provocar trastornos electrices y de comunicaciones importantes en la Tierra.
En primer lugar, la órbita del asteroide se verá alterada significativamente. Como están las cosas ahora, Apofis pertenece al grupo Aten de asteroides, que rodea al Sol dentro de la órbita de la Tierra. Después del 13 de abril de 2029, la órbita de la roca habrá cambiado lo suficiente como para convertirlo en uno de la clase Apolo, es decir, de los asteroides que en realidad cruzan la órbita de nuestro planeta.
Los nuevos datos aumentan ligeramente las posibilidades de un impacto en la década de 2030 en apenas 1/8000. El escenario más probable de impacto ocurre en 2036, frente a las costas norteamericanas del Pacífico, y tiene el potencial de generar un tsunami de 10 metros de alto que podría golpear el sur de California.


En segundo lugar, el encuentro cambiará notablemente la rotación del asteroide. Algunos cálculos recientes realizados por Daniel Scheeres de la Universidad de Washington indican que las mareas sufridas por Apofis a causa de la gravedad terrestre podrían resultar en un alargamiento del presente “día” del asteroide de 30 horas, en más de 27 horas; de todos modos, también es posible una aceleración de la rotación. El encuentro de 2029 dará a los astrónomos la posibilidad por primera vez de observar el desbaratamiento del estado de rotación de un asteroide.
Según Scheeres y otros, tales como Dan Durda del Instituto de Investigación del Suroeste, las fuerzas de marea provocarán tensiones en el asteroide y causarán “desplazamientos localizados” (sismos asteroidales) en su superficie y en su interior. Si el asteroide tiene menos densidad (menos de la mitad del agua) que la estimada actualmente por los astrónomos, Apofis podría cambiar totalmente de aspecto o incluso desintegrarse.
En este sentido ya el nombre dado por sus descubridores al objeto se antoja revelador. Apofis es el nombre griego del demonio egipcio Apep, que representaba el caos y atacaba a Ra (para los egipcios el dios Sol), causando los eclipses solares.
La gravedad del problema, ha hecho que el sistema internacional de seguimiento de asteroides “ Neodys”, haya alertado a los gobiernos del mundo y a las Naciones Unidas, que han comenzado a estudiar planes de contingencia. Los cálculos del Neodys restan bajo la supervisión de la española María Eugenia Sansaturio, que maneja desde Valladolid la base de datos duplicada de este sistema, establecido por Andrea Mirani en la Universidad de Pisa.
Si Apofis, que se traslada entorno al Sol en una órbita muy parecida a la de la Tierra, Chocara con nosotros es muy probable que provocara una gran destrucción localizada y que afectara también al clima. Los científicos han realizado incluso simulaciones de tsunamis tras el impacto en el Pacífico.
La presidenta de la Fundación Spaceguard España, Isabel Sansaturio, ha manifestado que ya en 1994, la comunidad cientifica pudo estudiar el choque del Cometa Shoemaker-Levy con Júpiter en 1994, lo que permitió calibrar el grave peligro que acarrean estos objetos celestes
Salvador Sánchez, director del Observatorio Astronómico de Mallorca, integrado en el proyecto Neodys, esta desarrollando un plan para fotografiar el Apofis, de la misma manera que se pudo hacer en septiembre pasado desde el observatorio de Mauna Kea (Hawai), a la vez que avisa, que la amenaza de Apofis no debe hacernos olvidar la existencia centenares de asteroides de entre 100 y 300 metros, que deben ser también estudiados y seguidos. “El riesgo es que estamos ante un hecho extraordinario y espectacular, pero desgraciadamente no excepcional”, ha aseverado. Y pese al riesgo real, como lo demuestra el espectacular suceso de Tunguska (Siberia) en 1908, “no debemos olvidar que el 20% del riesgo no corresponde a los asteroides sino a los cometas, que pueden dar mucho menos preaviso”.

En Estados Unidos el Congreso ha pedido a la NASA que establezca medios para detectar y rastrear estos pequeños cuerpos. Por ese motivo se espera que la NASA presente sus planes en el II Congreso de Defensa Espacial en Washington. Sin embargo, los demás países no han iniciado planes específicos de detección y defensa, hasta el punto que Neodya no tiene todavía financiación estable. Y que el proyecto de defensa espacial Don Quijote, diseñado por la empresa española Deimos, se encuentra casi en pañales.
Uno de los organismos que mas se ha volcado en el tema, es la fundación la fundación B612 . Desde su creación en 2002, esta fundación sin ánimo de lucro (llamada así por el asteroide-hogar del protagonista de “El Principito” de Saint-Exupèry) ha estado realizando campañas para impulsar el perfeccionamiento de nuestras capacidades para desviar asteroides que puedan impactar sobre la Tierra.
El presidente de la Fundación B612 es un antiguo astronauta de la NASA, Russell Schweickart, y él y el grupo de astrónomos, astronautas, técnicos y científicos de varias especialidades que la integran tienen como meta obtener el dominio de los métodos capaces de desviar de manera controlada a un asteroide hacia el año 2015.
Su idea básica es utilizar un motor cohete magnetoplasmático de impulso variable específico para “empujar” ligeramente al asteroide y desviarlo de su trayectoria. Esto implica conocer con suficiente antelación (varios años) el riesgo de impacto.
En una carta enviada al Administrador de la NASA Michael Griffin, Schweikart llamó la atención sobre el dilema Apofis. Urgió a que un “transponder” (equipo de radio trasmisor-receptor), similar al utilizado en las aeronaves comerciales, se colocara sobre el asteroide para que los científicos pudieran determinar si el mismo pasará efectivamente por el “ojo de la cerradura”. Además, solicitó que la NASA estimara rápidamente el tiempo requerido para dos misiones: la de colocar el equipo de radio, y otra subsiguiente si fuera necesario desviar la trayectoria del objeto.
La prisa proviene que, según los cálculos El desvío de Apofis, si fuera necesario, deberá tener lugar antes del pasaje cercano de 2029. Antes de esa fecha un simple toquecito, por ejemplo el disparo de un objeto pesado sobre el asteroide, podría cambiar el curso lo suficiente como para evitar su paso por el crucial pero pequeño “ojo de cerradura”.
Después de 2029, y si Apofis hubiera pasado por el “ojo”, estaríamos en problemas.
David Morrison, un científico del Centro Ames de Investigación de la NASA, responsable del Programa de Peligro de Impacto de Asteroides y Cometas, explicó que después de 2029 sería necesario un desvío lo suficientemente poderoso como para evitar no simplemente un diminuto “ojo de cerradura” sino un blanco mucho más grande: la propia Tierra. Y un desvío de ese tipo está muy lejos de las posibilidades de la tecnología presente en el caso de un asteroide de este tamaño.
Dada esta fecha límite, parecería haber suficiente tiempo para la acción. Pero Schweikart, quien admite no ser experto en planeamiento de misiones, especula que una misión para colocar el "transponder", desde el inicio hasta su implementación, podría tomar entre siete y ocho años. Y que si fuera necesario un intento de desvío, el mismo llevaría hasta 15 años para lograr su implementación.


Es un tiempo demasiado justo para el gusto de Schweikart, quien opina que la NASA tendría que calcular rápidamente algunos tiempos realistas de misión. “Podría suceder”, dice, “que tengamos que comenzar a planear estas misiones ya mismo”.
Dan Durda, un científico espacial del Instituto de Investigación del Sureste, resaltó la necesidad de conocer más sobre los asteroides antes de comenzar una misión de desvío. Es ferviente partidario de una misión de reconocimiento.
Durda dijo que las simulaciones de computadora pueden llevarnos solamente hasta cierto punto. En la mente del científico hay varias preguntas clave sobre los asteroides. ¿Cuán fuertemente se puede empujar un montón de escombros unidos por su propia gravedad, antes de que sus componentes internos comiencen a diseminarse por todos lados?.
Más aún. ¿Cuánta cantidad de polvo fino puede adherirse a la superficie de un asteroide que ha sido impactada muchísimas veces?. ¿Cómo podría ese material complicar las tareas de una nave si la electrostática hiciera que se pegara y se metiera en cada rendija y en cada palanca?.
Esta incertidumbre será finalmente resuelta para el pasaje de 2021, pero entonces sería demasiado tarde (si Apofis estuviera en trayectoria de impacto) para montar una misión segura de desvío.
En la reunión, Steve Chesley de la Oficina del Programa de Objetos Cercanos a la Tierra del JPL, concluyó su intervención haciendo notar que un desvío por energía cinética podría ser llevado a cabo (al estilo Deep Impact) con un impactador de 1 000 kgs., que chocaría a unos pocos kilómetros por segundo y provocaría un desvío de unos 25 kilómetros en un lapso de tres años.
De todos modos, y basados en los datos recogidos durante los próximos dos acercamientos, Don Yeomans, director del Programa de Objetos Cercanos a la Tierra (NEO) de la NASA, dijo que los científicos podrían llegar a alcanzar una precisión del 99,8 por ciento sobre el escenario futuro, y que habría que esperar antes de lanzar una misión que costaría cientos de millones de dólares.

Opina y vota por este artículo


 

     
eolapaz.com© 2007
Alcraz EFW.
¿Quienes somos? | Tutoria y ayuda | Privacidad | Publicidad |
Optimizado para: 1028 x 760 pixels - Internet Explorer 5.0 y superiores -