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Apofis
amenaza la Tierra
Carlota
Gamedo

El
ordinario escrudiñamiento del cielo, permitió a los astrónomos
clasificar en junio del año 2004, uno mas de los asteroides que
pueblan el universo, el 2004 MN4. Pero aquel descubrimiento casual y
aparentemente poco importante pronto se revelaría inquietante
y enigmático. Apenas unos meses después, los astrónomos
que le habían descubierto Dave Tholen, Fabricio Bernardi y Roy
Tucker, consiguieron las primeras imágenes del objeto, utilizando
el Telescopio Bok de 90 pulgadas del Observatorio Nacional de Kitt Peak
en Arizona. El equipo comenzó a convenir, que aquel objeto cósmico
anticipaba una ameniza terrible, existía una posibilidad de entre
40, de aquel objeto impactara sobre la tierra en el año 2029.
Así, el 19 de julio de 2005, decidieron dotarle de un número
fijo, y un nombre, estableciendo un plan de seguimiento y estudio. Nacía
el asteroide número, 99942, es el más grande asignado
hasta ahora a un asteroide. Había nacido para la ciencia Apofis.
Los estudios que sus descubridores han realizado desde entonces, no
han sido esperanzadores. Según los cálculos actuales,
el 13 de abril de 2029, Apofis pasará a 36 350 kilómetros
de la Tierra, tan cerca que cruzará el anillo de satélites
geosincrónicos en órbita y será visible a simple
vista como un punto en movimiento parecido a una estrella, desde Europa,
Asia y América del Norte. Los astrónomos estiman que el
asteroide mide unos 300 metros de diámetro, posee una masa de
46 millones de toneladas y tiene un poder de impacto equivalente a 850
millones de toneladas de TNT, o sea 4 veces la energía liberada
cuando el volcán indonesio de Krakatoa entró en erupción
en 1883, o lo que es lo mismo 60 000 bombas atómicas tipo Hiroshima.

Los
cálculos posteriores han demostrado en la actualidad, que esa
posibilidad es casi inexistente, pero han desvelado una amenaza aun
mayor. El asteroide se acercará dos veces antes a la tierra (2013
y 2021) , y en cada pase, el efecto gravitatorio de la tierra y las
mareas ,y el “efecto Yarkovsky”, es decir, la aceleración
de un asteroide debida a la asimetría de la radiación
solar absorbida por el hemisferio diurno y re-irradiada después
por el hemisferio nocturno de un cuerpo en rotación, modificaran
su electrostática, su fisonomía y su trayectoria, hasta
poder (una posibilidad sobre cincuenta mil, según los cálculos
actuales) entrar en el “ojo de cerradura” (atracción
gravitatoria que provocaría un impacto irremediable) en el 2039.
Hemos de tener en cuanta, que ya en su primer paso importante, en el
2029, Apofis se acercara a tan solo 36.000 Km de la Tierra, diez veces
mas cerca que la luna,lo cual puede provocar trastornos electrices y
de comunicaciones importantes en la Tierra.
En primer lugar, la órbita del asteroide se verá alterada
significativamente. Como están las cosas ahora, Apofis pertenece
al grupo Aten de asteroides, que rodea al Sol dentro de la órbita
de la Tierra. Después del 13 de abril de 2029, la órbita
de la roca habrá cambiado lo suficiente como para convertirlo
en uno de la clase Apolo, es decir, de los asteroides que en realidad
cruzan la órbita de nuestro planeta.
Los nuevos datos aumentan ligeramente las posibilidades de un impacto
en la década de 2030 en apenas 1/8000. El escenario más
probable de impacto ocurre en 2036, frente a las costas norteamericanas
del Pacífico, y tiene el potencial de generar un tsunami de 10
metros de alto que podría golpear el sur de California.

En segundo lugar, el encuentro cambiará notablemente la rotación
del asteroide. Algunos cálculos recientes realizados por Daniel
Scheeres de la Universidad de Washington indican que las mareas sufridas
por Apofis a causa de la gravedad terrestre podrían resultar
en un alargamiento del presente “día” del asteroide
de 30 horas, en más de 27 horas; de todos modos, también
es posible una aceleración de la rotación. El encuentro
de 2029 dará a los astrónomos la posibilidad por primera
vez de observar el desbaratamiento del estado de rotación de
un asteroide.
Según
Scheeres y otros, tales como Dan Durda del Instituto de Investigación
del Suroeste, las fuerzas de marea provocarán tensiones en el
asteroide y causarán “desplazamientos localizados”
(sismos asteroidales) en su superficie y en su interior. Si el asteroide
tiene menos densidad (menos de la mitad del agua) que la estimada actualmente
por los astrónomos, Apofis podría cambiar totalmente de
aspecto o incluso desintegrarse.
En
este sentido ya el nombre dado por sus descubridores al objeto se antoja
revelador. Apofis es el nombre griego del demonio egipcio Apep, que
representaba el caos y atacaba a Ra (para los egipcios el dios Sol),
causando los eclipses solares.
La
gravedad del problema, ha hecho que el sistema internacional de seguimiento
de asteroides “ Neodys”, haya alertado a los gobiernos del
mundo y a las Naciones Unidas, que han comenzado a estudiar planes de
contingencia. Los cálculos del Neodys restan bajo la supervisión
de la española María Eugenia Sansaturio, que maneja desde
Valladolid la base de datos duplicada de este sistema, establecido por
Andrea Mirani en la Universidad de Pisa.
Si Apofis, que se traslada entorno al Sol en una órbita muy parecida
a la de la Tierra, Chocara con nosotros es muy probable que provocara
una gran destrucción localizada y que afectara también
al clima. Los científicos han realizado incluso simulaciones
de tsunamis tras el impacto en el Pacífico.
La
presidenta de la Fundación Spaceguard España, Isabel Sansaturio,
ha manifestado que ya en 1994, la comunidad cientifica pudo estudiar
el choque del Cometa Shoemaker-Levy con Júpiter en 1994, lo que
permitió calibrar el grave peligro que acarrean estos objetos
celestes
Salvador Sánchez, director del Observatorio Astronómico
de Mallorca, integrado en el proyecto Neodys, esta desarrollando un
plan para fotografiar el Apofis, de la misma manera que se pudo hacer
en septiembre pasado desde el observatorio de Mauna Kea (Hawai), a la
vez que avisa, que la amenaza de Apofis no debe hacernos olvidar la
existencia centenares de asteroides de entre 100 y 300 metros, que deben
ser también estudiados y seguidos. “El riesgo es que estamos
ante un hecho extraordinario y espectacular, pero desgraciadamente no
excepcional”, ha aseverado. Y pese al riesgo real, como lo demuestra
el espectacular suceso de Tunguska (Siberia) en 1908, “no debemos
olvidar que el 20% del riesgo no corresponde a los asteroides sino a
los cometas, que pueden dar mucho menos preaviso”.

En
Estados Unidos el Congreso ha pedido a la NASA que establezca medios
para detectar y rastrear estos pequeños cuerpos. Por ese motivo
se espera que la NASA presente sus planes en el II Congreso de Defensa
Espacial en Washington. Sin embargo, los demás países
no han iniciado planes específicos de detección y defensa,
hasta el punto que Neodya no tiene todavía financiación
estable. Y que el proyecto de defensa espacial Don Quijote, diseñado
por la empresa española Deimos, se encuentra casi en pañales.
Uno
de los organismos que mas se ha volcado en el tema, es la fundación
la fundación B612 . Desde su creación en 2002, esta fundación
sin ánimo de lucro (llamada así por el asteroide-hogar
del protagonista de “El Principito” de Saint-Exupèry)
ha estado realizando campañas para impulsar el perfeccionamiento
de nuestras capacidades para desviar asteroides que puedan impactar
sobre la Tierra.
El
presidente de la Fundación B612 es un antiguo astronauta de la
NASA, Russell Schweickart, y él y el grupo de astrónomos,
astronautas, técnicos y científicos de varias especialidades
que la integran tienen como meta obtener el dominio de los métodos
capaces de desviar de manera controlada a un asteroide hacia el año
2015.
Su
idea básica es utilizar un motor cohete magnetoplasmático
de impulso variable específico para “empujar” ligeramente
al asteroide y desviarlo de su trayectoria. Esto implica conocer con
suficiente antelación (varios años) el riesgo de impacto.
En una carta enviada al Administrador de la NASA Michael Griffin, Schweikart
llamó la atención sobre el dilema Apofis. Urgió
a que un “transponder” (equipo de radio trasmisor-receptor),
similar al utilizado en las aeronaves comerciales, se colocara sobre
el asteroide para que los científicos pudieran determinar si
el mismo pasará efectivamente por el “ojo de la cerradura”.
Además, solicitó que la NASA estimara rápidamente
el tiempo requerido para dos misiones: la de colocar el equipo de radio,
y otra subsiguiente si fuera necesario desviar la trayectoria del objeto.
La prisa proviene que, según los cálculos El desvío
de Apofis, si fuera necesario, deberá tener lugar antes del pasaje
cercano de 2029. Antes de esa fecha un simple toquecito, por ejemplo
el disparo de un objeto pesado sobre el asteroide, podría cambiar
el curso lo suficiente como para evitar su paso por el crucial pero
pequeño “ojo de cerradura”.Después
de 2029, y si Apofis hubiera pasado por el “ojo”, estaríamos
en problemas.
David
Morrison, un científico del Centro Ames de Investigación
de la NASA, responsable del Programa de Peligro de Impacto de Asteroides
y Cometas, explicó que después de 2029 sería necesario
un desvío lo suficientemente poderoso como para evitar no simplemente
un diminuto “ojo de cerradura” sino un blanco mucho más
grande: la propia Tierra. Y un desvío de ese tipo está
muy lejos de las posibilidades de la tecnología presente en el
caso de un asteroide de este tamaño.
Dada
esta fecha límite, parecería haber suficiente tiempo para
la acción. Pero Schweikart, quien admite no ser experto en planeamiento
de misiones, especula que una misión para colocar el "transponder",
desde el inicio hasta su implementación, podría tomar
entre siete y ocho años. Y que si fuera necesario un intento
de desvío, el mismo llevaría hasta 15 años para
lograr su implementación.

Es
un tiempo demasiado justo para el gusto de Schweikart, quien opina que
la NASA tendría que calcular rápidamente algunos tiempos
realistas de misión. “Podría suceder”, dice,
“que tengamos que comenzar a planear estas misiones ya mismo”.
Dan
Durda, un científico espacial del Instituto de Investigación
del Sureste, resaltó la necesidad de conocer más sobre
los asteroides antes de comenzar una misión de desvío.
Es ferviente partidario de una misión de reconocimiento.
Durda
dijo que las simulaciones de computadora pueden llevarnos solamente
hasta cierto punto. En la mente del científico hay varias preguntas
clave sobre los asteroides. ¿Cuán fuertemente se puede
empujar un montón de escombros unidos por su propia gravedad,
antes de que sus componentes internos comiencen a diseminarse por todos
lados?.
Más
aún. ¿Cuánta cantidad de polvo fino puede adherirse
a la superficie de un asteroide que ha sido impactada muchísimas
veces?. ¿Cómo podría ese material complicar las
tareas de una nave si la electrostática hiciera que se pegara
y se metiera en cada rendija y en cada palanca?.
Esta
incertidumbre será finalmente resuelta para el pasaje de 2021,
pero entonces sería demasiado tarde (si Apofis estuviera en trayectoria
de impacto) para montar una misión segura de desvío.
En
la reunión, Steve Chesley de la Oficina del Programa de Objetos
Cercanos a la Tierra del JPL, concluyó su intervención
haciendo notar que un desvío por energía cinética
podría ser llevado a cabo (al estilo Deep Impact) con un impactador
de 1 000 kgs., que chocaría a unos pocos kilómetros por
segundo y provocaría un desvío de unos 25 kilómetros
en un lapso de tres años.
De
todos modos, y basados en los datos recogidos durante los próximos
dos acercamientos, Don Yeomans, director del Programa de Objetos Cercanos
a la Tierra (NEO) de la NASA, dijo que los científicos podrían
llegar a alcanzar una precisión del 99,8 por ciento sobre el
escenario futuro, y que habría que esperar antes de lanzar una
misión que costaría cientos de millones de dólares.
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