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editado 29 Junio, 2008


 

 

 

 

 

 

 

¿Adios al cancer de utero?

Carmen Lopez Valls
estudiante de medicina, Madrid




Aprobada por la autoridades norteamericanas hace casi un año, la mayoría de los servicios de salud españoles están en estos momentos iniciando el uso extendido de la primera vacuna contra el virus causante de la mayoría de cánceres de cuello uterino, la gran parte de cánceres de vagina y de vulva, así como las verrugas genitales, el llamado Virus del papiloma humano o VPH.
La vacuna, concebida específicamente para la prevención del cáncer, puede suponer a partir de ahora, una revolución en la prevención de las enfermedades femeninas.
La vacuna protege contra la infección de cuatro cepas del virus del VPH, dos de las cuales, la VPH-16 y el VPH-18, son responsables de alrededor del 70 por ciento de los cánceres de cuello uterino. Las otras dos, provocan casi un 90% de las verrugas genitales.
La vacuna, descubierta por el grupo Merck, ha sido probada, con una altísima efectividad, en el grupo de niñas de entre 9 a 26 años de edad, aunque se da la circunstancia que el virus es propagado también por los hombres, los cuales también pueden, caso de contagiarse con el VPH, sufrir verrugas genitales y rectales, que pueden degenerar en un cáncer.
La vacuna, efectiva en un 100% de los ensayos clínicos realizados, se basa no en la inoculación de un virus vivo, como en otros casos, sino en una partícula del virus que estimula en el organismo la inmunidad, pero sin los efectos secundarios y los riesgos que pueden generar otras vacunas.
Su administración se realiza a través de tres dosis a lo largo de seis meses (la segunda dosis se administra dos meses después de la primera, y la tercera dosis seis meses después de la primera).
Uno de los lunares de la vacuna se encuentra en su durabilidad, aun no demostrada. Los primeros test clínicos indican que las vacunas ofrecen protección durante cuatro años, dos en el caso de los cánceres de vagina y de vulva.
El producto, de un coste aproximado de 240 €, compite ahora en el mercado con un producto similar de GlaxoSmithKline, llamado Cervarix, pero que solo es efectivo, que se sepa sobre las cepas VPH-16 y VPH-18, las más cancerígenas.
Sin embargo, con ser grande este avance, es preciso verle como un primer paso, grande, pero primero. Tanto Gardasil (la vacuna de Merck) como Cervarix no previenen contra todos los tipos de cáncer de útero ni es infalible en todas las infecciones por VPH, producidas por al menos 96 cepas más de las cuatro estudiadas, que si, son las perores, pero no todas.
Otra limitación proviene del hecho de que estas vacunas carecen de efectividad en personas ya infectadas, muchas, si tenemos en cuenta que se supone que un 80% de la población adulta ha estado ya expuesta a, al menos, a una cepa del VPH, una minoría de las cuales desarrollará un cáncer. En otras palabras, muchas de las 233.000 muertes mundiales por este tipo de cáncer se evitaran, pero la enfermedad no se erradicará.
La clave de la vacuna probablemente estará, como señalan los especialistas, en mantener un combinado de medidas, entre las que esta la vacuna, pero también la detección precoz, para la que sigue siendo esencial el llamado test de Papanicolaou. Test, sin embargo que podrá estar alterado en las mujeres vacunadas, por la propia composición de la vacuna, por lo que será necesario preparar adecuadamente a los especialistas para su interpretación.
La administración de la vacuna es otra clave, pues su efectividad aumenta si se administra antes de las chicas adolescentes se vuelvan sexualmente activas, esto es, entre los 11 y 13 años de edad, aproximadamente. Esto lleva a otro problema, el de mentalidades. El VPH, contra el que se vacuna es un virus de transmisión sexual. En muchas comunidades estudiadas, especialmente en Estados Unidos, muchos padres han tendido a interpretar que la vacunación era tanto como dar permiso a sus hijas para ser promiscuas, pues incluso la vacuna prevenía contra todo tipo de enfermedades de transmisión sexual. Nada más lejos de la realidad.
Con todo, los estudios continúan tras este primer paso. Decenas de laboratorios de todo el mundo estudian ampliar este logro, tanto a más variantes de la enfermedad, como a nuevos grupos de riesgo, como el de las mujeres adultas que cambian sus hábitos sexuales (separaciones, divorcios..).
Pero hasta que eso se logre, la medicina sigue alerta en las tareas preventivas, caso de las citologías cervicales.

 

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Ciencia

 

     
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