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¿Adios
al cancer de utero?
Carmen
Lopez Valls
estudiante de medicina, Madrid

Aprobada
por la autoridades norteamericanas hace casi un año, la mayoría
de los servicios de salud españoles están en estos momentos
iniciando el uso extendido de la primera vacuna contra el virus causante
de la mayoría de cánceres de cuello uterino, la gran parte
de cánceres de vagina y de vulva, así como las verrugas
genitales, el llamado Virus del papiloma humano o VPH.
La vacuna, concebida específicamente para la prevención
del cáncer, puede suponer a partir de ahora, una revolución
en la prevención de las enfermedades femeninas.
La vacuna protege contra la infección de cuatro cepas del virus
del VPH, dos de las cuales, la VPH-16 y el VPH-18, son responsables
de alrededor del 70 por ciento de los cánceres de cuello uterino.
Las otras dos, provocan casi un 90% de las verrugas genitales.
La vacuna, descubierta por el grupo Merck, ha sido probada, con una
altísima efectividad, en el grupo de niñas de entre 9
a 26 años de edad, aunque se da la circunstancia que el virus
es propagado también por los hombres, los cuales también
pueden, caso de contagiarse con el VPH, sufrir verrugas genitales y
rectales, que pueden degenerar en un cáncer.
La vacuna, efectiva en un 100% de los ensayos clínicos realizados,
se basa no en la inoculación de un virus vivo, como en otros
casos, sino en una partícula del virus que estimula en el organismo
la inmunidad, pero sin los efectos secundarios y los riesgos que pueden
generar otras vacunas.
Su administración se realiza a través de tres dosis a
lo largo de seis meses (la segunda dosis se administra dos meses después
de la primera, y la tercera dosis seis meses después de la primera).
Uno de los lunares de la vacuna se encuentra en su durabilidad, aun
no demostrada. Los primeros test clínicos indican que las vacunas
ofrecen protección durante cuatro años, dos en el caso
de los cánceres de vagina y de vulva.
El producto, de un coste aproximado de 240 €, compite ahora en
el mercado con un producto similar de GlaxoSmithKline, llamado Cervarix,
pero que solo es efectivo, que se sepa sobre las cepas VPH-16 y VPH-18,
las más cancerígenas.
Sin embargo, con ser grande este avance, es preciso verle como un primer
paso, grande, pero primero. Tanto Gardasil (la vacuna de Merck) como
Cervarix no previenen contra todos los tipos de cáncer de útero
ni es infalible en todas las infecciones por VPH, producidas por al
menos 96 cepas más de las cuatro estudiadas, que si, son las
perores, pero no todas.
Otra limitación proviene del hecho de que estas vacunas carecen
de efectividad en personas ya infectadas, muchas, si tenemos en cuenta
que se supone que un 80% de la población adulta ha estado ya
expuesta a, al menos, a una cepa del VPH, una minoría de las
cuales desarrollará un cáncer. En otras palabras, muchas
de las 233.000 muertes mundiales por este tipo de cáncer se evitaran,
pero la enfermedad no se erradicará.
La clave de la vacuna probablemente estará, como señalan
los especialistas, en mantener un combinado de medidas, entre las que
esta la vacuna, pero también la detección precoz, para
la que sigue siendo esencial el llamado test de Papanicolaou. Test,
sin embargo que podrá estar alterado en las mujeres vacunadas,
por la propia composición de la vacuna, por lo que será
necesario preparar adecuadamente a los especialistas para su interpretación.
La administración de la vacuna es otra clave, pues su efectividad
aumenta si se administra antes de las chicas adolescentes se vuelvan
sexualmente activas, esto es, entre los 11 y 13 años de edad,
aproximadamente. Esto lleva a otro problema, el de mentalidades. El
VPH, contra el que se vacuna es un virus de transmisión sexual.
En muchas comunidades estudiadas, especialmente en Estados Unidos, muchos
padres han tendido a interpretar que la vacunación era tanto
como dar permiso a sus hijas para ser promiscuas, pues incluso la vacuna
prevenía contra todo tipo de enfermedades de transmisión
sexual. Nada más lejos de la realidad.
Con todo, los estudios continúan tras este primer paso. Decenas
de laboratorios de todo el mundo estudian ampliar este logro, tanto
a más variantes de la enfermedad, como a nuevos grupos de riesgo,
como el de las mujeres adultas que cambian sus hábitos sexuales
(separaciones, divorcios..).
Pero hasta que eso se logre, la medicina sigue alerta en las tareas
preventivas, caso de las citologías cervicales.
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Ciencia
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