proyecto ABP de estudiantes

Marcelino Fernández, “El gafas”. Historia de un maqui

Ana Vellido

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Tras la Primera Guerra Mundial, Europa se encontraba en una dura situación económica, social y política. En España se proclama la II República en 1931 y en 1936 los grupos de izquierda ganan las elecciones. Esto dio lugar a un golpe militar que cambiaría el curso de la historia de España.

La Guerra comenzó cuando el ejército, apoyado por numerosos grupos sociales, se levantó contra el Gobierno porque no estaba de acuerdo con sus ideas y formas.

Este levantamiento estuvo a cargo de Francisco Franco que dirigió el movimiento desde las Islas Canarias hasta alcanzar Madrid.

Lo singular de esta guerra es la participación por parte de los civiles que defendían sus ideales. Por un lado los franquistas contaban con la ayuda de Hitler desde Alemania y Mussolini desde Italia, los republicanos recibieron el apoyo de la URSS y de ciudadanos de otras nacionalidades que se unieron para luchar en contra de los fascismos.

Durante la Guerra muchos ciudadanos españoles se vieron obligados a abandonar el país y rehacer sus vidas, en ocasiones, hasta en otro continente. Esta emigración se trata de una de las más importantes vividas en nuestro país a lo largo de toda su historia.

Produce un fuerte impacto en nuestra demografía ya que principalmente los emigrantes son personas jóvenes. Representa, aparte de una huida en masa, una expatriación que en algunos casos durará toda la vida.

Cuando se habla acerca de los emigrantes de la Guerra Civil se suelen barajar una serie de nombres sin dar más importancia a las miles de personas que tuvieron que abandonar su país por una serie de motivos políticos o profesionales.

Algunos de los principales países a donde se dirige la masa emigrante es Francia, por su cercanía o América del Sur, por el idioma.

 

 

La conquista de las tropas franquistas de la zona norte (Asturias, Cantabria y País Vasco) supuso un duro golpe para los republicanos ya que perdieron las minas de carbón y hierro.

Como toda guerra, la Civil española, supuso muchas pérdidas de todo tipo. Aparte de la economía, la agricultura, el trabajo… una guerra implica sufrir cambios mucho más dolorosos como la fragmentación de familias o la muerte de seres queridos.

Marcelino Fernández Villanueva, más conocido como Marcelino “El Gafas”, se vio obligado a dejar España. Nacido en Olloniego trabajó toda su vida, desde los 13 años, en la mina. Con 17 años cobraba las cuotas del sindicato SOMA-UGT y más tarde llegó a secretario general de las Juventudes Socialistas en Asturias, formando parte del movimiento revolucionario en 1934. Tras esto fue detenido y torturado, como consecuencia de esto perdió la visión de un ojo, de ahí su apodo.

En 1936 se levantó en armas para defender el gobierno del pueblo y fue ascendido a capitán por su valor y rectitud.

Al ser vencido, y al igual que tantos otros, se retiró a su pueblo, Olloniego, a esconderse en el monte, desde donde observó la victoria del ejército franquista.

Entonces “El Gafas”, al ver las duras condiciones que les tocaban vivir a los que habían perdido, decidió huir a Portugal, aunque finalmente se quedó en los montes entre León y Galicia.

Durante el verano de 1948 se pone en marcha un movimiento que pretendía cruzar la frontera y huir a Francia ya que las condiciones de vida en España eran nefastas debido a las constantes emboscadas de las que muy pocos habían sobrevivido.

Por aquel entonces Marcelino era comandante jefe de la Federación Guerrillera de León-Galicia, se reunió con el comandante José Mata y el comandante Flórez para intentar llegar hasta Francia, objetivo que alcanzaron sin mayor novedad.

Entonces viajó a Buenos Aires donde comenzó su vida, no sin un enorme esfuerzo, ya que no tenía nada, y acabó creando sus propios negocios. Pero no olvidaba el motivo que le había forzado a alejarse de su casa, de su familia y de su país. Una vez allí se convirtió en el Presidente del Partido Socialista Obrero Español en Buenos Aires hasta el verano de 1999, el verano en que murió.

 

 

Como esta, millones de personas podrían dar el testimonio tan triste y doloroso que les proporcionó la guerra. No solo por el hecho de tener que huir de su propia nación y abandonar a la familia o quedarse en su propio país y perder todo lo que tenían, sino porque, tanto a lo largo de toda la historia, como en la actualidad, existen millones de personas que tienen en sus mentes el recuerdo de una época que les partió la vida.

 

Imagen El Mundo

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