proyecto ABP de estudiantes

La importancia de la agricultura en el sector primario

Juan Bolado

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En el siglo XVIII la mayor parte de la población se dedicaba a la agricultura. Por las razones que explicaré a lo largo de este trabajo, era una producción de subsistencia, en terrenos secanos poco productivos, y la mayor parte de las tierras se dedicaban a cultivar cereales que eran la base de la alimentación, aunque también se cultivaban productos destinados al comercio.

Los talleres artesanos estaban asociados en gremios. Estos artesanos no podían crecer en exceso, aunque mejoraron, ni ofrecer demasiado producto porque no había quien lo comprara por la falta de excedente, dinero sobrante de la agricultura y ganadería.

El comercio era local o comarcal y con poco desarrollo, por las dificultades de transporte. El comercio exterior estaba muy monopolizado. En general la falta de excedentes no permitía vender ni comprar. Se trataba de una economía agraria casi de autoconsumo.

Podemos decir entonces que muy poco desarrollados los talleres artesanales y el comercio, la hegemonía del siglo XVIII le correspondió al sector primario: la ganadería y muy especialmente la agricultura

La poca especialización de la agricultura tiene su origen en la forma en la que estaba repartida la tierra y en cierto modo, en la protección ganadera.

La propiedad de la tierra estaba fundamentalmente en manos de los privilegiados, repartida entre: la nobleza, cuyas tierras nunca se dividían debido a los mayorazgos, Ley que obligaba a trasmitir todo el patrimonio al hijo mayor del señor, las manos muertas, tierras del clero y nobleza que tampoco se podían vender al estar bajo la protección directa del rey, y de la burguesía, en cuyas manos estaba el resto de las propiedades.

Los campesinos estaban sometidos al régimen señorial, esto es, que eran siervos de un señor que les permitía trabajar una parte de sus tierras para su sustento y a cambio debían trabajar gratuitamente las tierras del señor y pagarle una renta.

Durante la Edad Media los reyes cristianos se preocuparon y protegieron más a la ganadería que a la agricultura. Se formaron juntas de ganaderos para garantizar el alimento de los animales, principalmente ovinos de producción lanera, que al fin se unieron en el Honrado Concejo de la Mesta, reconocido por Alfonso X en el año 1373. Aseguraba el exclusivo uso para el ganado de cañadas y el aprovechamiento de baldíos, barbechos y rastrojos.

La agricultura española del siglo XVIII, en consecuencia, no tiene un desarrollo importante, los únicos progresos se deben, en general, al aumento de extensión de la tierra cultivada y no a la de intensificación de las labores agrícolas.

En cuanto a nuevos productos como la patata, que se había introducido en varios países europeos jugando un importante papel económico, en España era prácticamente anecdótico. En cambio, la introducción del maíz permite un importante desarrollo agrícola en el Norte, al poder disponer de un cereal de alto rendimiento, y a la vez, forrajero, alimento para los animales, y panificable, alimento para las personas.

El incremento de la población urbana, la expansión económica y las reformas del gobierno van a mejorar en cierto modo las condiciones de los artesanos y de los obreros de las ciudades. Ello origina unas mejores condiciones de vida, produciéndose un flujo desde el campo a las ciudades. Puede decirse que estos últimos van a tener mejores condiciones de vida que los jornaleros del campo.

No obstante, la clase rural formaba la parte más importante de la población del país, presentando a final de siglo la siguiente distribución:

Labradores propietarios 21,0% de la población rural, y el 3.5% de la total.

Arrendatarios 30.3% de la población rural y el 4.8 de la total.

Jornaleros del campo 48,0% de la población rural y el 7.6% de la total.

Estos tres grupos pueden reducirse a dos: los propietarios y arrendatarios que forman un elemento social estable, y los jornaleros, un elemento social inestable y que sufre malas condiciones de vida.

El siglo XVIII, representa una época de preponderancia agrícola a pesar de no tratarse de una agricultura muy especializada. Parece comprobado que el crecimiento de la población de la época fue ocasionado por el crecimiento económico y al tiempo, la recuperación en el crecimiento de la población produjo un auge en la agricultura. De esta forma, la agricultura se había convertido así en la ocupación hegemónica de los españoles. Se produjo una relación causa efecto de una forma recíproca.

Muchos españoles se casaban y tenían sus hijos contemplando el calendario agrícola. Años de buenas condiciones climáticas suponían buenas cosechas, precios estables, mercados bien surtidos, rentas campesinas suficientes y posibilidades de hacer planes de futuro.

Quienes deseaban mejorar el país se ocuparon de mejorar las deficiencias de las producciones agrícolas de la época. Así lo hicieron políticos como Campomanes, y Jovellanos y pensadores económicos como Ignacio de Asso, Antonio Cavanilles o Eugenio Larruga.

De esta forma, la marcada dedicación a las cosas del campo, supuso el comienzo de la reforma agraria, que tomó cuerpo durante todo el siglo hasta que Jovellanos le diera forma definitiva en la presentación ante la Sociedad Económica de Amigos del País, de Madrid, de su Informe sobre la Ley Agraria (1794).

Esta Ley abogaba por la derogación de los obstáculos jurídicos, especialmente la vinculación de la tierra, sociales, la falta de preparación técnica, y naturales, la escasez de las obras públicas que mantenían a la agricultura española en una situación de precariedad.

La agricultura española aumentó su producción durante el siglo, lo hizo con especial relevancia en la primera mitad para mantenerse en un tono más discreto en la segunda. En la mayoría de las regiones la expansión agrícola tuvo un carácter eminentemente extensivo. Nuevas tierras, habitualmente de calidad inferior a las roturadas, fueron puestas en cultivo por los campesinos a través de una deforestación y de ambiciosas construcciones hidráulicas como el Canal Imperial de Castilla o Canal de Aragón.

El aumento de la producción agrícola fue resultado de la extensificación (mucha superficie de cultivo, poco tecnificado), es decir discretas producciones por unidad de superficie, antes que de la intensificación, producciones muy altas en poca extensión de terreno.

El arado romano prosiguió con su predominio; las mulas suplieron a los bueyes, pues eran más fáciles de alimentar aunque no araban con tanta profundidad; la falta de estabulación del ganado impidió un abono suficiente y de calidad que mejorase el rendimiento de las cosechas.

Voy a finalizar este trabajo insistiendo en que a pesar que la agricultura del siglo XVIII no estaba muy desarrollada, fue junto en menor medida con la ganadería, el sector hegemónico que rigió la economía de la centuria e hizo dependiente de este sector primario al resto de los sectores económicos.

Juan Bolado

Colegio La Paz, Torrelavega (Cantabria)

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