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Texto
19.1.
Las reivindicaciones de los comuneros
El
reino está alterado, el rey desacatado, el pueblo levantado.
Si vosotros [los comuneros] queréis olvidar algo de vuestro
enojo y los gobernadores perder algo de su derecho, yo lo doy
todo por acabado, porque en las guerras civiles más pelean
los hombres por la opinión que toman que por la razón
que tienen [...]. Y porque no parezca que los gobernadores no
desean el bien del reino, quiero ahora aquí mostrar lo
que quieren hacer. Lo primero que prometen es que nunca que salga
Su Majestad del reino se pondrá gobernador en Castilla
que no sea castellano [...]. Que todas las dignidades, tenencias
y oficios del reino se darán a naturales y no a extranjeros.
Que las rentas reales se encabezarán en un honesto arrendamiento,
de manera que las ciudades ganen bien y la Corona real no pierda
mucho [...]. Que Su Majestad mandará reformar su casa y
cercenar los gastos, atento a que los desordenados gastos acarrean
nuevos tributos. Que, por extrema necesidad que tenga, el rey
no sacará ningún dinero de estos reinos para llevar
a Flandes, ni a Alemania, ni a Italia, atento a que pronto paran
los tratos en los reinos en que no hay dineros.
También prometen que no permitirá el rey que hierro
de Vizcaya, alumbres de Murcia, vituallas de Andalucía
ni sacas de Burgos se carguen en naos extranjeras sino de Vizcaya
y de Galicia, atento a que los extranjeros no puedan robar y los
naturales tengan con qué ganar de comer. Que su majestad
no dará castillo roquero, casa fuerte, puente, puertas,
torre si no fuere a hidalgos llanos y abonados, y no a caballeros
poderosos que, en tiempos revoltosos, se puedan alzar con ellos.
Que el rey no dará cédulas para sacar pan de Campos
para Portugal ni de La Mancha para Valencia, atento a que muchas
veces el poderlo llevar allá lo hace encarecer acá.
Y también prometen que el rey mandará reformar los
trajes, tasar los casamientos, dar ley a los convites, reformar
los monasterios, visitar las chancillerías, reparar las
fortalezas y fortificar las fronteras, atento a que en todas estas
cosas hay necesidad de reformación y aún de corrección.
Fray
Antonio de Guevara (1480-1545), Epístolas familiares, n°
LVIII
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