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1.El
Mundo Clasico
A principios del siglo III A.C.,la humanidad había alcanzado
un notable grado de desarrollo, plasmado en la obtención
de avances como la escritura, el comercio, la agricultura, las
organizaciones estatales o el avance tecnológico. En aquella
época de sociedades agrícolas y urbanas, el centro
histórico de la Humanidad comenzaba a centrarse en las
tierras ribereñas del Mediterráneo. Exceptuando
los lejanos y desarrollados estados de Corea, China y la India,
las demás grandes civilizaciones se desarrollaban aquí:
egipcios, persas, babilonios, hititas, griegos, romanos o cartagineses.
Sin embargo entre estas primeras civilizaciones existían
notables diferencias que no solo las distinguían, sino
que las acabarían enfrentado.
Por una parte eran visibles la diferencias existentes entre las
sociedades militarizadas y autoritarias (como Cartago, dependientes
en exceso de sus gobernantes) y las de base social igualitaria
(Roma y Grecia),donde los hombres, libres, luchaban y prosperaban
con mas ilusión. Por otra, entre las pequeñas sociedades
locales, poco organizadas y extendidas (iberos, sammnitas, lidios,etc.)
y los grandes estados de pueblos extendidos fuera de sus fronteras
y de compleja organización (Roma, Persia o Cartago).Precisamente
esta dinámica acabaría enfrentando a estas últimas.
Además, la escasa capacidad del hombre para comprender
y dominar, aun, la naturaleza, le empujaba a unirse en grupos
complejos, que le dotaran de mas fuerza, que le dieran mas recursos,
dada la escasa capacidad técnica para aumentar la productividad
(por lo que el aumento de producción solo se podía
conseguir con un aumento de tierra), y que justificasen el poder
de los grupos dominantes y el sacrificio de las poblaciones dominadas.
Por estas causas se iniciaría en el Mediterráneo
un proceso de unificación cultural, que marcaría
el destino de España.
La primera fase seria regional, en cada zona una potencia intentaría
imponerse a las demás. Así Roma dominaría
Italia, Persia Mesopotámia, Grecia los Balcanes, y Cartago
África y España. En una segunda fase la lucha seria
por controlar el Mediterráneo Oriental y el Occidental.
Los ganadores intentarían el dominio total.
2.Las
Guerras púnicas.
Muy pronto quedó claro que el dominio de Occidente (donde
se ubica la Península Ibérica) era cosa de dos,
Cartago y Roma. La primera chispa fue por el control de la isla
de Sicilia. Punto estratégico de comercio, situado entre
las dos potencias. Tras una larga y sangrienta guerra, la armada
romana derrotó a la Cartaginesa en el 241 a.C. La victoria
romana no fue definitiva, y precisamente por eso, dejó
abierto el camino a la revancha, máxime entre los hijos
del líder cartaginés Amilcar Barca, muerto en el
conflicto. Justamente uno de ellos, Aníbal, planearía
23 años después un osado plan de venganza.
Con el aparente deseo de resarcirse de la derrota anterior, Cartago
comenzó, a fines del siglo III la conquista de la Península
Ibérica, de la que esperaba obtener los recursos necesarios,
económicos y humanos para enfrentarse de nuevo a Roma y
vencerla. En el 237 a.C. un ejército cartaginés
desembarcó en Cádiz, y en pocos años, alternando
las acciones de fuerza con la alianza con estados íberos,
sometió a los pueblos de Andalucía y del sudeste.
Mas difícil fue la sumisión de las tribus íberas
del interior, donde tras una fase militar se impondría
la táctica de atracción y amistad del joven Asdrúbal
Barca. Este, en el año 228 a.C., llegaría a controlar
un tercio de la Península, estableciendo la capital de
las colonias púnicas en Cartago Nova.
Ante el temor a un nuevo conflicto territorial Roma ofreció
a Cartago un tratado de límites en Iberia. Así se
suscribiría el Tratado del Ebro, que marcaba este
río como límite norte de la expansión cartaginesa,
con la excepción de la íbera Sagunto, que estando
al sur del rió, y siendo aliada de Roma debería
ser respetada por Cartago.
Con este tratado, Roma protegía a sus aliadas griegas de
Gerona y evitaba una ampliación ilimitada en fuerza y territorio
de su enemigo. Pero Cartago no pensaba cumplir el tratado, sino
ganar tiempo. Asesinado Asdrúbal por rebeldes íberos
de la Meseta, Aníbal Barca asumió el mando cartaginés
poniendo en practica su venganza, por la muerte de su padre Amilcar.
Atacaría Roma por la espalda, atravesando Francia y centroeuropea
con miles de mercenarios, caballería y elefantes africanos,
en lugar de por el mar como Roma esperaba. Pero antes era preciso
asegurarse la retaguardia y una base permanente de avituallamiento
para las tropas expedicionarias. Con este propósito completó
la conquista de Baleares y de las tierras situadas entre Sierra
Morena y el Duero, donde reclutó centenares de combatientes.
Luego asedió y tomó la ciudad de Sagunto
(219 a.C.) a fin de no dejar enemigos a su espalda. Ante la destrucción
de su aliada, Roma exigió la devolución de la libertad
a la ciudad, la retirada de las tropas cartaginesas de España
y la entrega de Aníbal como criminal de guerra. Aníbal
no solo no cumplió las condiciones exigidas, sino que declaró
la guerra (Segunda Guerra Púnica).En una desconcertante
ofensiva, Aníbal atravesó el Ebro con el grueso
de su ejercito, sometió a las tribus catalanas, tomó
nuevos mercenarios y en una gesta histórica cruzó
los Pirineos y los Alpes con sus tropas y elefantes. En menos
de un año, Aníbal se había colocado a la
espalda de Roma, y atacando por tierra desde el norte inflingiría
cuatro tremendas derrotas a las legiones romanas. Pero Roma era
un estado libre, donde sus hombres combatían por sus familias
y sus tierras con mas convencimiento que los mercenarios romanos.
En el 218, cuando la capital romana se veía ya amenazada
por Aníbal, un joven general, Cneo Cornelio Escipion, viajó
a España con un pequeño pero aguerrido ejercito.
Solivianto a las tribus íberas contra Cartago, hartas de
impuestos y reclutamientos, y prometiéndolas la libertad,
alzó una gran rebelión que acabó con los
cartagineses que Aníbal había dejado en las batallas
de Cartago Nova e Illipa. Solo, sin posibilidad de recibir apoyo,
y aislado de sus colonias ibéricas, Aníbal abandono
a la mayor parte de su cansado ejercito y huyó por mar
a Cartago (norte de África). Hasta allí le perseguirían
los romanos derrotándole definitivamente en Zama, con lo
que concluiría la guerra, que no la rivalidad.
3.
Las fases de la ocupación romana.
En sus primeros momentos, la intervención romana en España
tuvo motivos exclusivamente estratégicos, pero pronto el
gobierno y las clases acomodadas de Roma se percataron de los
beneficios de explotar el vasto territorio dejado por Cartago.
Las promesas de libertad dadas a los íberos se transformaron
en planes de ocupación y explotación. La conquista
de esta tierra de metales y alimentos fue larga y enconada y en
ella cabe distinguir tres etapas :
el dominio del litoral Mediterráneo y del valle del Guadalquivir;
la ocupación de la Meseta y el valle del Ebro,
y, finalmente, la sumisión de la franja cantábrica.
La
primera fase concluiría en el 197 a.C., creándose
una gran red urbana y dos provincias, la citerior y la ulterior,
separadas por el río Almanzora.
La segunda fase se inició para proteger estas provincias
de los ataques de los íberos del interior, y ante una gran
sublevación anti romana. La campaña militar seria
llevada por los crueles cónsules Marco Poncio Catón
y Fulvio Nobilior, que sometieron a los íberos del Tajo,
Duero y Ebro, esclavizando a miles de ellos y crucificando como
escarmiento a otros tantos. Solo la humanitaria actuación
de gobernadores como Sempronio Graco permitió que estas
campañas de conquista fueran acompañadas de un verdadero
proceso civilizador. Sin embargo predominó la táctica
de la corrupción, los fuertes impuestos y las vejaciones,
por lo que a mediados del siglo II, las tribus íberas y
celtíberas iniciarían una última gran rebelión,
dirigidas por un pastor llamado Viriato. Pero las tropas de Escipión
Emiliano demostraron el mayor poder de Roma, ya entonces involucrada
en la conquista de todo el Mediterráneo.
Viriato fue asesinado en el 138,y Numancia, la ciudad íbera
mas rebelde, arrasada en el 133 a.C. Con estos dos hechos acabaría
la segunda fase de conquista.
En estos años, Roma, convertida ya en gran potencia, y
al asalto del Este, entró en un proceso de largas guerras
civiles, del que saldría su conversión en un imperio
(no una republica como hasta ahora) de base autoritaria. La primera
guerra comenzaría con el siglo I a.C.,enfrentado al bando
republicano de Sila contra el imperial de Mario. Precisamente
uno de los partidarios de este último (Sertorio), viendo
perdida la guerra, intentaría que las tribus íberas
se posicionaran a su favor. La artimaña no dio resultado,
pero se iniciaría un proceso de humanización en
el trato hacia los españoles, en la seguridad de la importancia
de su apoyo en estos conflictos. Estos conflictos acabarían
con la Segunda Guerra Civil, en la que el imperial Julio Cesar
derrotaría en España a su enemigo Pompeyo, creando
las condiciones para que en una tercera y última Octavio
Augusto impondría definitivamente el Imperio.
Tras lo cual, y para asegurar la paz en la Península, sometería
a las belicosas tribus del norte en las cruentas Guerras Cantabras,
poco antes del nacimiento de Jesús, y poniendo fin a la
ocupación Peninsular.
4.
La romanización.
La
romanización de la Península, es decir, la asimilación
de la cultura, ideas, costumbres y formas de vida romanas por
las poblaciones autóctonas se completó en los siglos
I a II de nuestra era, unificándose nuestro territorio
política, cultural y socialmente, aunque no en igual grado,
siendo la cultura romana mas fuerte, cuanto mas cerca del litoral
levantino. En ello debes tener en cuenta varios elementos:
a)
La creación de una economía esclavista, de agricultura
comercial, desarrollo técnico y urbano y reparto amplio
de propiedad (cuando menos hasta el siglo III d.C., por la licencia
de tropas y la llegada de inmigrantes), donde el peso de la economía
estaba en el estado y los grandes propietarios (patricios y caballeros).
b) Una organización política unificada, basada en
la división de la Península en provincias dirigidas
por un gobernador civil y militar romano (cónsul), la concesión
del derecho de ciudadanía a la población local (212
d.C.), la creación de leyes y organismos comunes (derecho
romano),y la participación política (comicios y
conventus), aunque limitada esta última al ámbito
urbano y comarcal en la fase imperial. En este terreno conviene
destacar el que, además de otros grandes personajes públicos,
España llego a aportar a Roma grandes emperadores como
el sevillano Trajano.
c) Una organización social construida sobre el principio
de la igualdad jurídica y el predominio de la ley. Con
dos salvedades, la existencia de la esclavitud, y la división
social en dos grandes clases. Los Honestiores o grandes propietarios
con derecho de elección y elegibilidad, y los humiliores
(decuriones, asiduis y proletariis) solo con derecho de elección.
d) Un fuerte desarrollo cultural, en el que se inscribe la extensión
del latín, el desarrollo urbano, la extensión de
la educación ,el desarrollo del arte romano y la implantación
de nuevas religiones.
e) Presta atención especial a las explicaciones sobre el
desarrollo e importancia del cristianismo y la evolución
económica y la crisis final romana, aspectos que no aparecen
aqui desarrollados.
5.
Las aportaciones de Roma a la historia española.
Roma
ha tenido una gran importancia en la formación de nuestro
pais. Tienes desarrollado este apartado en tus apuntes de clase,
recuerda sin embargo:
--El latín y desde él el castellano,
idioma que al unificar la comunicación peninsular, no solo
permitio el desarrollo del arte y el pensamiento, sino de la relación
entre regiones
--Las infraestructuras viarias ( las vias o
grandes calzadas, como la Augusta o mediterranea, o la de la Plata,
que recorria España de Norte a sur por Extremadura. Tambien
se incvluyen aqui los puentes, acueductos, embalses, teatros o
anfiteatros).
--El derecho romano, base de nuestro ordenamiento
jurídico, y que permitio superar las relaciones personales
convirtiendo a las personas en iguales ante el estado y protegidas
por una ley escrita y racional y una relación pública
--El arte , impulsora del pensamiento, base de nuestra
industria actual turistica y cimiento de estilos posteriores como
el románico, el renacentista y el neoclásico.
--La primera unificación peninsular, que
comenzo a construir nuestra identidad común
--El cristianismo. La religión cristiana
se impulso con la predicación del apostol Santiago, y la
promulgación por el emperador Constantino del Edicto de
Milan en 313, que autorizaba a la iglesia a desarrollar una actividad
pública. El auge de esta religión acabo con el culto
al emperador, debilitando a la larga al estado romano, pero creo
las bases de toda la cultura, las costumbres e incluso de las
relaciones sociales en España durante los siguientes 2000
años.
6. La crisis
del mundo romano.
La situación de prosperidad comenzó a cambiar desde
el siglo II d.C. La llegada al poder de emperadores de dudosa
capacidad moral e intelectual, la difusión del cristianismo
que socavaba la autoridad de un estado que mantenía la
esclavitud, y el fin de las conquistas que eliminaba las posibilidades
de obtener mas tierras y esclavos, con lo que el precio de estos
aumentaba, y con él el de todos los productos, llevó
a Roma al inicio de su fin, visible en el abandono de las ciudades,
la inflación, el declive del comercio y la incapacidad
del estado para proteger a los ciudadanos. Todo ello en medio
de un gran declive moral.
Desde finales del siglo III d.C., a la situación de crisis
interna que vivía el Imperio Romano se había venido
añadiendo la presión constante de tribus bárbaras
que deseaban penetrar en las fronteras imperiales, no con el ánimo
de destruir al imperio, sino de beneficiarse de sus progresos
y su riqueza. En la frontera romana del Danubio la mayoría
de estas tribus pertenecían al llamado tronco godo (ostrogodos,
alanos o visigodos), caracterizado por ser agricultores y ganaderos,
socialmente organizados y de excelente capacidad militar. En un
principio, Roma optó no tanto por enfrentarse a estos pueblos,
sino por aprovecharse de su nivel cultural asimilándolos
al imperio. Así estos pueblos establecieron pequeños
estados en la frontera, comerciaron con Roma e incluso entraron
en ella en calidad de soldados, funcionarios o trabajadores libres.
Esta equilibrada relación se rompió, empero, a fines
del siglo IV cuando un nuevo grupo bárbaro apareció
en escena. En el año 375,los Hunos, un pueblo bárbaro,
nómada y salvaje, comenzó, por causas desconocidas,
a movilizarse desde sus tierras de caza en el Asia Central hacia
el Oeste. Dirigidos por un temible caudillo llamado Atila destruyeron
cuanto se encontraba a su paso, incluidos algunos de los pequeños
reinos godos amigos de Roma. El suceso provocó una autentica
reacción en cadena de movimiento de pueblos godos que también
huían hacia el oeste para buscar dentro del Imperio protección.
Pero lo que podía haber sido una emigración pacífica,
ante la debilidad romana para controlar la situación, y
los abusos de algunos gobernadores romanos se convirtió
en una sublevación y saqueo en toda regla. Irritados con
Roma por el trato recibido, y presas del pánico por el
avance de los hunos, los visigodos y otras tribus derrotaron a
los romanos en Adrianopolis, arrasando los Balcanes. La situación
se veía además favorecida por la crisis general
del Imperio, que, incluso había llevado al emperador Teodosio
a la promulgación, en el año 395 d.C., de la llamada
ley de Paz Orientalis, por la que se dividían las tierras
del antiguo Imperio en dos estados libres y separados. Por esta
ley surgían el Imperio Romano Oriental, que abarcaba las
tierras de Egipto, Libia, Balcanes y Asia (origen del Imperio
Bizantino), y que Teodosio entregó a su hijo Arcadio, y
el Imperio Romano Occidental, que se extendía por el resto,
entregado a su otro hijo, Honorio. El nuevo Imperio Oriental tendría
como capital la ciudad de Constantinopla o Bizancio, de donde
procedería el posterior nombre de este Imperio. En cualquier
caso la división del imperio en dos facilitaba las invasiones
y la descoordinación defensiva de los dos estados romanos,
rivales, incluso con tal de desviar a los bárbaros en otra
dirección. Así, desde el año 401,las provincias
romanas se convirtieron en un caos total, donde no existía
orden ni ley, amenazando las tribus godas, en su huida descontrolada
de los hunos, la misma Italia. La situación se hizo insostenible
cuando el primer gran rey visigodo conocido, Alarico, saqueó
Roma y destrozo a los ejércitos imperiales de Occidente.
El emperador Honorio consiguió entonces un pacto con los
visigodos, aun admiradores de Roma. El imperio les permitiría
instalarse en el sur de Francia, como un estado casi independiente
con capital en Tolosa, y que incluía la Septimania francesa
y toda la Península Ibérica, entregándoles
todos los elementos materiales necesarios para su instalación
(aperos, herramientas, semillas, armas, etc.).A cambio, los visigodos
limpiarían esas zonas de otras tribus bárbaras,
expulsando sobre todo a los suevos del Cantábrico, a los
alanos de Galicia y Portugal y a los vándalos de Andalucía;
impondrían el orden romano actuando como delegados del
emperador, y obedecerían a este como buenos hijos.
Entre el 411 y el 456, los visigodos actuaron como fieles aliados
de Roma, actuando en España y el sur de Francia, como si
de policías romanos se tratase. El pacto, conocido con
el nombre de pacto de federación, llevo incluso a que las
tropas visigodas lucharan codo con codo con las imperiales frente
a agresiones externas. Ese será el caso de la guerra contra
los hunos, a los que romanos y visigodos derrotaron en los Campos
Cataláunicos en el 451.
Sin embargo, la situación en el Imperio Occidental romano
se fue deteriorando a lo largo de la primera mitad del siglo V,
la inflación, la perdida de capacidad operativa por el
estado, la ruralización y la aparición de relaciones
serviles, presagiaban el futuro feudal, un mundo pobre e individualista
en el que el débil estado romano, con sus fastos y ceremonia
no tenia sitio. Así, siendo su emperador Rómulo
Augustulo, el Imperio Occidental desapareció al destruir
su capital los Herulos en el 456. Sus tierras fueron ocupadas
por diversas tribus bárbaras que desaparecida la autoridad
imperial y el peligro de los Hunos, convirtieron el antiguo imperio
occidental en un conjunto de reinos independientes, dominados
por los nuevos amos de Europa: los ostrogodos en Italia, burgundios
en Bélgica, sajones en Alemania, anglos y yutos en Inglaterra,
francos en Francia y los visigodos en España y sur de Francia,
dado que al desaparecer el Imperio desaparecían las obligaciones
de obediencia hacia el.
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