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I.
LA REGENCIA DE Mª CRISTINA
Al
mismo tiempo que la guerra discurría, en la España
Isabelina se produjo una autentica revolución legal, que
abriría, sin remisión el camino para el liberalismo.
En 1834, las cortes, estamentales, eligieron regente del reino
a la viuda de Fernando VII, Mª Cristina de Borbón.
La reina , de escasas convicciones liberales, apostó en
un principio por una cierta continuidad con respecto a su marido
(gobierno de Cea Bermudez), y mas tarde por una simbólica
apertura política.
1.1.-
El Estatuto Real.
La
regente intentó vencer en la guerra, sin menoscabar los
poderes que heredaría en su día su hija. Para contentar
a las masas urbanas, intentó una tímida apertura
política, plasmada en un proyecto de Carta Otorgada denominada
el Estatuto Real, impulsada por el ministro Martínez de
la Rosa. El Estatuto era en realidad una ley reguladora de las
cortes, a las que se pretendía dar mas protagonismo en
la gestión del reino, y que adquirirían la forma
del parlamento británico. Se establecían dos cámaras,
una elegida por sufragio censitario y otra (senado) de próceres,
formada por personalidades elegidas por la reina. El Estatuto
no reconocía la iniciativa legislativa del organismo, ni
derechos liberales, ni soberanía nacional. La oposición
liberal a este proyecto hizo ver a la regente, que solo conseguiría
el apoyo de la población, necesario para ganar la guerra,
con cambios profundos en la organización de España.
De esta etapa solo queda como importante la reforma administrativa
de Javier de Burgos, que crearía el mapa provincial español.

1.2.-
La obra de Mendizábal.
En
1835, ante la gravedad de las circunstancias militares y económicas
, y el estallido de una oleada revolucionaria, la regente cede
a las presiones y nombra a un destacado progresista a fin de dirija
la guerra y las inevitables reformas , el hombre escogido es Juan
Álvarez de Mendizábal, prestigioso liberal y banquero,
afincado en Londres, cuyos contactos pueden sacar al país,
además, de la bancarrota.
Su obra quedaría plasmada en las siguientes reformas, abordadas
entre 1835 y 1837:
•
Desmantelo el Antiguo Régimen mediante la abolición
de señoríos, privilegios y jurisdicciones.
• Reforma fiscal, basada en la generalización de
los impuestos directos, y la eliminación de privilegios
y diezmos
• Consolido la deuda, renegociando los pagos y consiguiendo
nuevos empréstitos para hacer frente a la guerra
• Supresión de conventos
• Establecimiento de la ley de ayuntamiento y elección
de alcaldes del Trienio.
• Desarrollo de las leyes de imprenta y libertad de expresión
• Ley electoral que implantaba este derecho
• Creación de la milicia nacional y nombramiento
del general Espartero como jefe del ejercito liberal, purgando
a los mandos militares menos adictos.
Sin
embargo, las dos piezas clave de su reforma serian la desamortización
y la Constitución de 1837.
a)
La desamortización general.
Fue
su obra máxima, pretendía arrebatar poder a la iglesia,
mediante su estrangulamiento económico, especialmente al
eliminar las fuentes de ingresos del clero regular y rural, proclive
a posiciones muy conservadoras. También buscaba el dinero
necesario para amortizar deuda, sin lo cual no se conseguirían
nuevos empréstitos, y financiar la guerra y las reformas.
Eran también objetivos la liberalización del mercado
de tierras, para liberar capitales que pudieran invertirse en
el desarrollo económico, y crear una capa de pequeños
propietarios, fieles al nuevo régimen y pagadores de impuestos.
La desamortización incluía tres pasos: suprimir
la amortización, nacionalizar las tierras de la iglesia
y sacarlas a pública subasta.
El resultado fue desigual.
De una parte significo un triunfo del sistema liberal al acabar
con uno de los privilegios fundamentales del Antiguo Régimen,
y liberar el mercado de tierras, también supuso un duro
golpe para la iglesia, lo que colocó a esta en contra de
Mendizábal y el progresismo. Sin embargo, las subastas
supusieron un trasvase de propiedad a manos de terratenientes
y burgueses, perdiéndose una oportunidad histórica
de redistribución de la tierra, como denunció el
diputado progresista Florez Estrada. Así mismo, la recaudación
no fue la deseada, en parte por el sistema de pago, que contemplaba
la posibilidad de abonar las propiedades (en parte) con títulos
de deuda, valorados según su valor nominal, cuando el de
mercado era muy inferior, dada la escasa solvencia de la hacienda
española.
b)
La constitución de 1837.
Fue
una constitución ecléctica, que intento asumir ideas
de los dos bandos liberales, a fin de mantener la unidad necesaria
ante los carlistas. De este modo, se consagraba la soberanía
nacional, el sufragio directo (pero censitario) y una amplia declaración
de derechos. Sin embargo, la confesionalidad del estado y la existencia
de un ejecutivo fuerte (veto, iniciativa legislativa y bicameralismo,
con un senado designado por el rey entre ternas elegidas por los
votantes) eran de contenido claramente moderado.
1.3.-
La caída de Mendizábal.
Las
diferencias de criterio sobre la profundidad de las reformas abrieron
la crisis de gobierno de 1836 que enfrentaba a los moderados y
la corona de un lado y a los progresistas de otro. La crisis se
saldó con el cese de Mendizábal como primer ministro
(acusado de negociar con el enemigo) y el posterior motín
de los sargentos de la Granja en su apoyo. Convocadas elecciones
en 1837, el triunfo sería moderado, lo que daria paso a
un intento de estos de iniciar una contrarreforma legislativa
con apoyo de la corona (paralización de la desamortización,
recorte de libertades y supresión de la ley de ayuntamientos).
El pertinaz intento de la regente de recortar los progresos políticos
desembocó en la insurrección de la milicia de 1840,
que obligó a la Mª Cristina a dimitir, siendo nombrado
Regente el héroe de la guerra carlista, Baldomero Espartero.

2.
LA REGENCIA DE ESPARTERO
Este
progresista desarrolló una política personalista
y progresista que fracaso por varias causas:
•
Su carácter autoritario
• El centralismo político y la falta de continuidad
en las reformas políticas de derechos y libertades
• Sus medidas librecambistas, el acuerdo de libre comercio
con Inglaterra y los sucesos revolucionarios de Barcelona iniciados
por este motivo, en 1842.
Huido
a Londres, las cortes, el vacío de poder, el clima de revuelta
social y la influencia de líderes moderados sobre la corona,
llevan al adelantamiento de la mayoría de edad de Isabel
II y al nombramiento como jefe del gobiernó del general
Narváez (moderado).
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