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TEMAS DE HISTORIA
24. Carlos II, el fin de la España Imperial (1665-1700)
 

 

Introducción.

El reinado de Carlos II, representa el final de la España imperial y de su dinastia, sustituida a partir del XVIII por los borbones. Se representan aqui dos elementos típicos de la España moderna: el arbitrismo y los validos.
El tema se corresponde con dos preguntas del básico que iremos contestando en este tema y los anteriores.

Básico 16 Básico 17

 

 

1. EL REINADO DE CARLOS II

Fue un rey débil y enfermizo ( 1665-1700) atormentado y desequilibrado, manejado por la corte y su madre la regente Mariana de Austria, que accedió al trono en medio de la derrota, la bancarrota y todo ello con 4 años de edad.
Su gobierno representa dos ciclos marcado por dos grupos de validos bastante diferentes.

2. EL CICLO NEGRO

Entre 1665 y 1679 se caracteriza por la postración económica y las luchas por el poder entre don Juan José de Austria, hijo ilegítimo de Felipe IV, pero apoyado por una buena parte de la aristocracia que veían en él el jefe militar y el hombre fuerte que el rey no era, y los favoritos de la regente, el padre Nithard (1665-1669) y Fernando Valenzuela (1670-1676). Don Juan José se valió del respaldo de Aragón, a donde fue enviado como gobernador militar, para organizar un golpe de estado y entrar con un ejército en Madrid en 1677, obligando a Carlos II a expulsar a Valenzuela. El golpe significó el triunfo de la aristocracia y la recuperación del control del gobierno por los grandes, a la vez que los reinos fortalecían sus fueros, lo que dio nombre a esta etapa: el neoforalismo.
Algunos de los validos siguientes intentaron aplicar alguna medida arbitrista, tales como reducir los impuestos para reactivar la economía de los reinos. Pero los intereses enfrentados de la aristocracia y de las ciudades, y las continuas agresiones francesas que obligaban a mantener los gastos de guerra, hicieron imposible llevar adelante estas medidas.

3. EL CICLO GRIS


En 1680, en un contexto internacional que tendía a pacificarse y estabilizarse, llega al poder el duque de Medinaceli.
Ese año se dictó un decreto de devaluación de la moneda de vellón que buscaba equiparar su valor con el que realmente tenía en el mercado. El impacto fue brutal, porque empobreció bruscamente a quienes tenían su dinero en moneda de cobre, pero terminó con las subidas de precios y permitió estabilizar la moneda, iniciándose a partir de entonces una lenta recuperación del comercio. También se reorganizó la recaudación de impuestos y se recortaron los gastos, lo que permitió rebajar la presión fiscal. Por fin se establecía un presupuesto y se racionalizaba la administración y la hacienda.
A partir de 1685, el conde de Oropesa, quien sustituyó a Medinaceli, estableció un presupuesto fijo para los gastos de la Corte, y se dictaron normas para promover la creación de manufacturas y para favorecer la llegada de inversores extranjeros. Se inició entonces una lenta recuperación económica, más marcada en la periferia, y sobre todo en Cataluña.

4. EL CONTEXTO INTERNACIONAL

Parte de este éxito hay que asociarlo a estos dos ministros arbitristas, pero también a la situación internacional.
El país abandono sus sueños de gloria, centrándose en mantener el control del Mediterráneo occidental y la carrera de Indias.
En la primera parte del reinado, la debilidad militar, sin embargo, fue aprovechada por la Francia de Luís XIV, que a lo largo de todo el periodo emprendió una política agresiva encaminada a ampliar sus dominios.
Cuatro guerras sucesivas con Francia obligaron a España a ceder buena parte de sus territorios, dejando aislados a los Países Bajos. En los años finales del siglo, incluso Cataluña fue atacada. Pero la monarquía española contó con el apoyo de Inglaterra y Holanda, que no aceptaban la expansión francesa, lo que, unido al interés de Francia en la sucesión española, permitió que en la Paz de Ryswijk (1697) Luís XIV devolviera buena parte de sus conquistas.
De hecho, los últimos años del reinado están presididos por las tensiones suscitadas por el problema sucesorio. La imposibilidad de Carlos II, cada vez más enfermo, de tener un heredero multiplicó el interés de las cortes europeas por la Corona española. No sólo estaba en juego el conjunto de los reinos peninsulares y las posesiones en Italia y los Países Bajos, sino también el imperio colonial.
A partir de 1697, dos candidaturas se disputaban el trono: la del archiduque Carlos de Habsburgo y la de Felipe de Anjou, nieto de Luís XIV y candidato borbónico. Carlos II moría en noviembre de 1700, un mes después de firmar un testamento que dejaba la Corona al segundo de ellos.

 

   
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