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TEMAS DE HISTORIA
23. Felipe IV, Westfalia (1621-1665)
 

 

Introducción.

Felipe IV debio afrontar la reforma de su autoridad y la guerra general en Europa. Su fracaso fue el punto final a las ansias hegemonicas de nuestro pais. Pese a ello grandes artistas como Velazquez, politicoa como Olivares o literatos con Calderon, marcaron el siglo de Oro

Básico 16 Básico 17 Textos de trabajo

 

 

1. EL INICIO DEL REINADO DE FELIPE IV

Hijo de Felipe III, Felipe IV asumió el trono, a la muerte de su padre en 1621, meses después de que la defenestración de Praga iniciará la guerra mas devastadora de la Europa moderna, la Guerra de los Treinta años.
Su carácter, propio de la familia, taciturno, inestable y débil, no era el adecuado para los tiempos a los que hubo de enfrentarse.
Nada mas subir al trono concluía el periodo de vigencia del Tratado de Londres, con lo que las hostilidades con Inglaterra pronto se reabrirían, tanto por el enfrentamiento de ambos por la hegemonía europea, como por el control del comercio americano.
También terminaba la tregua de los 12 años lo que reabría la posibilidad de guerra con Holanda. En los Países Bajos el deseo de independencia no se había quebrado por el periodo de paz. En España los partidarios de la guerra estaban reafirmados en sus posiciones por la amenaza que una nueva potencia representaba para las posiciones Habsburgo en el centro de Europa, y por que el envalentonamiento holandés se traducía en continuas intromisiones y ataques a las colonias, especialmente portuguesas.
Precisamente esto ultimo dejaba abierto al joven rey un nuevo frente, el deseo portugués de independencia, tras ver la escasa rentabilidad de ser español, Castilla no les protegía de los Holandeses, sus guerras perjudicaban su comercio y sus instituciones estaban copadas por castellanos.

2. LA UNION DE ARMAS DE OLIVARES

El nuevo monarca entregó desde el principio la dirección del gobierno a su favorito, D. Gaspar de Guzman y Pimentel, conde-duque de Olivares, quien actuó durante veinte años en plena armonía con el rey, sin apenas discrepancias.
A diferencia de otros validos, Olivares quería el poder para gobernar. Su programa político no era muy novedoso en cuanto a sus objetivos: mantener la herencia dinástica y la reputación de la Monarquía, la hegemonía europea.
Eso implicaba, como de costumbre, supeditar los intereses de los reinos y la sociedad a los intereses expansionista de la monarquía, esto es a las necesidades diplomáticas y militares del rey.
Para conseguir los recursos necesarios, Olivares emprendió una reforma de la administración, que si resulto novedosa. El planteamiento era que la guerra exigía recursos y para ello se precisaba el resurgir de la economía y el aumento del poder real. Así, recuperó parte de las mercedes de los partidarios de Lerma y recortó gastos en la corte. También intentó evitar las emisiones de vellón y proteger la producción artesanal, medidas todas ellas arbitristas.
Pero la reforma más importante fue el proyecto de la Unión de Armas, que pretendía obligar a todos los reinos a contribuir a la defensa de la monarquía, y de esa forma fortalecer el poder absoluto del rey. Olivares presentó el proyecto en 1625, y en él proponía un ejército permanente compuesto de contingentes de cada reino, en función de la población y riqueza de cada uno de ellos. Además aumentar el poder real a costa de los fueros y crear unas cortes que expresaran la voz de los reinos y favoreciesen la uniformización y la coordinación de toda la monarquía.
Sin embargo, la idea suscitó una fuerte resistencia de los reinos, los cuales alegaban que sus fueros impedían el envío de soldados fuera del territorio, así como la situación de penuria económica. Las Cortes se enfrentaron a la Corona, sobre todo en Cataluña, donde incluso se negaron a aprobar nuevos servicios. Aunque la Unión de Armas se puso en marcha en Aragón y Valencia, finalmente resultaría un fracaso. De igual modo, la nobleza veía en Olivares una mezcla de visionario que con sus ideas podía hacer peligrar la monarquía y ambicioso que podría acabar con el poder del estamento en beneficio de su clan.


3. LA GUERRA DE LOS TREINTA AÑOS

En medio de este contradictorio escenario la corona desarrollo su drama en una pavorosa guerra, en la quedemos enmarcar el ocaso de los Habsburgo (básico 17). tras la Defenestración de Praga, España entro en guerra en centroeuropea en apoyo de Austria, gobernada por el primo del rey, y amenazada por la rebelión de los príncipes protestantes. La intervención española en la guerra encendió la alarma en Europa ante el miedo a la expansión de España como en tiempos de Carlos. Ello unido al final de la vigencia de la Tregua de los 12 años y del Tratado de Londres y a los problemas a que antes aludíamos con Holanda y Portugal hacía imposible el cualquier acuerdo. Se iniciaba así un periodo de guerra que se iría complicando y se extendería durante medio siglo.
Poco después Dinamarca e Inglaterra entraban en la guerra del lado de los protestantes.
Durante los primeros años de la guerra, los Habsburgo llevaron la iniciativa en Europa y consiguieron mantener el control sobre buena parte de Alemania y sobre el camino español, el rosario de Estados que unían España con los Países Bajos. Así, en la década de los 20 Felipe IV consiguió una serie continuada de victorias: rechazo la invasión danesa en Alemania, conquistó Breda (en Flandes), derrotó a la armada inglesa enviada contra Cádiz y liberó Génova, asediada por los franceses. La euforia se apoderó del gobierno de Olivares, cuyas exigencias hicieron imposible llegar a un acuerdo con los holandeses, pese a la insistencia de algunos de los consejeros.
En 1626, perdía esa gran oportunidad, la guerra cambió de rumbo. Ese año apenas llegó plata, y al año siguiente la Corona anunció una nueva suspensión de pagos, que obligó a renegociar la deuda. En 1628 se produjo la captura de la flota de la plata por la armada holandesa en Cuba. Era la primera vez que esto ocurría y el impacto fue tremendo, no sólo porque dejaba a Felipe IV sin fondos, sino también porque los holandeses aprovecharon la plata para contraatacar en Flandes.
En 1629 estalló un nuevo conflicto, la guerra de Mantua, entre Francia y España, por la herencia del ducado. El fracaso de los tercios condujo en 1631 a la firma de la paz y a una retirada humillante para la Corona española.
En 1632 se produjo la entrada de Suecia en la guerra a favor de los protestantes. Los suecos ocuparon Baviera, el Estado católico más importante aliado de los Habsburgo. La reacción de éstos fue igualmente contundente: Madrid y Viena restablecieron su alianza militar, y en 1634 el ejército católico derrotó a los suecos en Nordlinguen.
Fue un espejismo, además la victoria alarmo aun más a los europeos ante la prepotencia y el poderío español.
Nordlinguen, llevó a la entrada de Francia en la guerra, en 1635. El valido de Luís XIII, el cardenal Richelieu, no estaba dispuesto a permitir que los territorios españoles bordearan por completo la frontera francesa.
Pronto la guerra dio un giro en contra de España. En 1637 los holandeses recuperaron Breda, y dos años más tarde tuvo lugar la decisiva derrota naval de las Dunas, donde la armada española fue destrozada por los holandeses.

4. LA CRISIS DE 1640

La derrota dio alas a los descontentos, incluso en España.
La monarquía estaba arruinada, el esfuerzo militar había aniquilado a España financiera, económica y demográficamente.
Al descontento de la población se unió el de los reinos más díscolos, como Portugal, Nápoles o Cataluña, que veían amenazadas sus economías y sus fueros, y que veían en la derrota el momento de debilidad propicio para conseguir la independencia.
Así, en 1640 se inicia un rosario de rebeliones de la nobleza y de los reinos. La sociedad clama contra el agotamiento económico, el pueblo contra las levas constantes, los reinos contra el derrumbe político, la aristocracia se rebela (Andalucía y Aragón) o abandona la corte oponiéndose al creciente autoritarismo de Olivares. El clima de enfrentamiento fue especialmente grave en Cataluña, donde el valido había fracasado de nuevo en su intento de implantar la Unión de Armas. Tras la entrada en guerra de Francia, la presencia de tropas castellanas acentuó la tensión, y en 1640 estallaron motines entre los campesinos de Gerona y los soldados que guardaban la frontera.
El día del Corpus Christi los segadores entraron en Barcelona, y el motín terminó con el asesinato del virrey y la huida de las autoridades. Era el Corpus de sangre, la rebelión catalana. las cortes fueron disueltas y una junta se hizo con el principado. Ante la intervención de tropas castellanas el nuevo gobierno determino aceptar la soberanía de Francia. Un ejército francés entró en Cataluña, derrotó al castellano en Montjuich y en 1642 conquistó el Rosellón y Lérida.
En diciembre de 1640, mientras tanto, estallaba el levantamiento en Portugal. Los portugueses llevaban muchos años soportando la invasión holandesa en sus colonias sin que hubiera ayuda alguna por parte castellana. Rechazaban, además, la presencia de los castellanos en el gobierno del reino, así como los perjuicios que la guerra ocasionaba al comercio luso, vital para su economía. No veían, pues, ventaja alguna en continuar bajo la soberanía de los Habsburgo. Por eso la rebelión se extendió rápidamente, en torno a la casa de Braganza.

5. LA PAZ DE WESTAFALIA Y EL FINAL DEL REINADO

Las derrotas y las rebeliones doblegaron la voluntad del rey. Ordeno a Olivares que abandonara su cargo y marchara de Madrid e inicio las negociaciones con los protestantes. La monarquía, en un último esfuerzo había conseguido controlar entre 1643 y 1648 parte de Cataluña restableciendo su autoridad en Napoles y Sicilia.
Pero la frustrante derrota ante los franco holandeses en Rocroi, impulsaron el definitivo tratado de paz.
En 1648, finalmente, los países en guerra, agotados, acordaron un alto al fuego, que acabó cristalizando en el congreso de paz de Westfalia. En él se consolidó el mapa religioso alemán y se reconocieron las conquistas de algunos principados frente a los Habsburgo. Francia obtenía varios de los territorios conquistados a los españoles. En el acuerdo firmado en Munster con los holandeses, Felipe IV reconocía la independencia de las Provincias Unidas y admitía las posiciones conquistadas por ellas en las colonias portuguesas, aunque se negaba a admitir el libre comercio en sus propios territorios americanos. Ese trato discriminatorio no hizo sino acentuar el abismo que separaba a Portugal de la monarquía española. Además de las compensaciones financieras y territoriales, Felipe concedía a las potencias el navío de asiento, que permitía a estas comerciar en sus colonias, rompiendo el monopolio colonial propio de los sistemas mercantilistas.

6. LOS ULTIMOS AÑOS DE FELIPE IV

La paz con los holandeses permitió retirar las tropas de los Países Bajos y enviarlas a Cataluña. En 1652 las tropas castellanas entraron en Barcelona. Al fin de la rebelión contribuyeron el cansancio, los efectos de la peste y el descontento que la soberanía francesa había suscitado en Cataluña. Para Francia el principado sólo había sido una fuente de recursos fiscales y un frente secundario, idóneo para distraer a las fuerzas castellanas. La actitud de Felipe IV de evitar represalias generalizadas y de respetar los fueros catalanes facilitó la pacificación.
La guerra con Francia y Portugal continuaba, cuando en 1654 se abrió un nuevo frente, al exigir Inglaterra la apertura de las colonias de América al libre comercio. Sin previa declaración de guerra, la armada inglesa atacó los puertos del Caribe y, aunque no pudo tomarlos, los ingleses se apoderaron de Jamaica en 1655. En los años siguientes, franceses e ingleses coordinaron sus operaciones. Una serie de derrotas sucesivas, incluida la captura de la flota de la plata en dos ocasiones, llevaron finalmente a Felipe IV, sin recursos y con los reinos agotados, a aceptar la negociación.
La Paz de los Pirineos de 1659 ponía fin a la guerra con Francia, a la que se cedían el Rosellón y la Cerdaña y algunas plazas de los Países Bajos. Además, se pactaba el matrimonio de una infanta española con Luís XIV (origen de la llegada de los borbones al trono a fines de siglo, con Felipe V).
Felipe IV concentró todo el esfuerzo de guerra en intentar recuperar Portugal. Pero ya era tarde: los portugueses habían afianzado su independencia y en 1661 firmaron una alianza militar con Inglaterra. Se sucedieron nuevas derrotas frente a los portugueses hasta que en 1668, ya en el reinado de Carlos II, se firmó la paz definitiva, con el reconocimiento de la independencia de Portugal.

7. LA CRISIS DE LA MONARQUIA DE LOS HABSBURGOS

La crisis de la monarquía española de los Habsburgo se inicia bajo el reinado de Felipe II, motivada por el agotamiento militar y la crisis económica asociada al modelo económico (depredador) y a la revolución de los precios. Sin embargo, el fenómeno se desarrolla principalmente durante el siglo XVII. Son varios los motivos:

- La crisis demográfica motivada por la expulsión de los moriscos, las epidemias, las levas y la emigración.
- La crisis económica asociada a la inflación, la baja producción, la crisis agraria del XVII, el escaso mercado e inversión, la decadencia de la manufactura ( por las causa anteriores) y el colapso del comercio, en parte por los precios, en parte por la caída de la producción y en parte por las guerras que afectaban a las líneas comerciales.
- La decadencia política. La falta de reyes de carácter, la falta de proyecto político, la insolidaridad de los reinos y el fracaso de las reformas (arbitristas y Unión de Armas).
- La crisis de 1640. Primero por la derrota en la Guerra de los Treinta años ante las potencias protestantes y Francia, y el subsiguiente tratado de Westfalia, (que nos hizo perder territorios, provoco el navío de asiento y multiplico el déficit de la corona), y después por las rebeliones internas que se produjeron aprovechando esa coyuntura de debilidad del rey y que pretendían afianzar los privilegios territoriales y acabar con los planes de Olivares. Ello provocaría un importante conflicto civil de desgaste y la perdida de territorios como Portugal.

La crisis de prolongaría durante el reinado de Carlos II, en al ámbito económico, donde los validos de fines de siglo poco pudieron hacer, y en el militar donde el rey cosecharía continuos fracasos ante Holanda y Francia que ratificarían en los Tratados de Riswyck y Los Pirineos nuevas perdidas territoriales.

 

   
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