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TEMAS DE HISTORIA
22. Felipe III, decadencia y arbitrismo (1598-1621)
 

 

Introducción.

Felipe III es el primero de los austrias menores, su mandato, marcado por una relativa paz en Europa, es el inicio de la decandencia española.

Básico 16 Básico 17 Textos de trabajo

 

 

1. EL REINADO DE FELIPE III

A la muerte de su padre, en 1598, subió al trono Felipe III, a la postre un hombre joven, inexperto, indolente, despreocupado, irresponsable y dotado de pocos valores personales y de gobierno aunque, eso si, amante de las fiestas y los goces mundanos.
Ante tan cúmulo de desgracias, y con un país muy tocado por el conflicto holandés y el desgaste de las guerra expansivas optó por confiar el gobierno a un noble de su plena confianza, el duque de Lerma, miembro del grupo de cortesanos que compartían con él su tiempo, pero que tampoco tenia experiencia de gobierno. había nacido el sistema de validos. La confianza del monarca aumento en este personaje, hasta el punto de ordenar en 1612 a todos los consejos e instituciones que obedecieran las órdenes del duque como si fueran firmadas por él.
Con dos personajes así al frente del país, su reinado careció de un programa político coherente, dedicándose Lerma a satisfacer sus intereses personales, ante la parálisis del país.
En política internacional la característica fue la paz, motivada por la incapacidad de ingleses y españoles para imponerse y por el agotamiento financiero de España, más que por su convicción de la necesidad de la Paz. Sin embargo, el periodo no seria aprovechado para el saneamiento del país, ante la ineficacia y corrupción de la administración.
En 1604 el Tratado de Londres puso fin a veinte años de guerra con Inglaterra, lo que permitía pacificar las rutas hacia América y socavar el apoyo extranjero a los holandeses. Sin apoyo exterior, y con el formidable ejercito español enfrente, los rebeldes holandeses sufrieron serios reveses, que no pudieron aprovecharse por la falta de fondos, que paralizaba el avance cada vez que se disponía de ventaja frente al enemigo y provocaba el amotinamiento de las tropas. Además, en el mar eran los holandeses quienes tenían la iniciativa. Ante ellos, España impulso conversaciones de paz que concluyeron en 1609 con la firma de la Tregua de los Doce Años, que significaba el reconocimiento diplomático del Estado holandés, por más que no se declarara formalmente.
A parte de la ineficacia del gobierno, la raíz de estas decisiones se encontraba en el agotamiento de la Hacienda. En 1599 se había comenzado a emitir moneda de vellón, lo que afectó a los precios y al comercio, y en 1607 la Corona se declaró en bancarrota.
Serenadas las cosas en el exterior, Lerma y su soberano decidirían poner en marcha en 1609 la operación naval de expulsión de los moriscos, sobre los que pesaban sospechas de deslealtad. Y ello, por que pese a su dispersión y control tras la Guerra de las Alpujarras, la minoría morisca había permanecido impermeable, en su gran mayoría, a los intentos de cristianización que las autoridades civiles y eclesiásticas habían emprendido. El aislamiento, el mantenimiento de sus costumbres, su crecimiento demográfico superior al de los cristianos y las sospechas de su contacto con turcos y bereberes hicieron crecer el odio popular y la convicción del gobierno de lo popular de la decisión de expulsión. Tranquilizada la situación internacional, se planifico una gigantesca operación logística para enviarlos al norte de África. La expulsión se aplico a todos, incluso a los conversos, pese a sus protestas e incluso motines. La Península perdió casi medio millón de almas, lo que afectaría, y así lo hizo saber la nobleza, al trabajo en el campo, al perder los señoríos aragoneses un tercio de sus obedientes siervos. Se tardó mucho en repoblar las tierras, a causa del vació demográfico y sobre todo por la dureza del régimen señorial.
Otro problema fue la queja permanente del reino de Aragón ante la situación fiscal y económica de la monarquía, y el creciente autoritarismo de los gobernadores castellanos, que ellos veían como una amenaza a sus privilegios y autonomía.
En medio de todo ello, las pruebas de la corrupción y el robo de Lerma se hicieron tan palpables, que el rey se vio obligado a retirarle del gobierno. Para ello, Lerma se había hecho nombrar Cardenal, a fin de evitar la acción de la justicia, y colocado como valido a su hijo, el duque de Uceda, aunque con los poderes mucho más recortados.
Justo en ese momento, estallaba uno de los conflictos mas devastadores de la historia europea, la guerra de los 30 años, a la postre el fin del imperio.


2. LOS VALIDOS

Es una práctica política común en la España y Europa del XVII, consiste en delegar por el rey, parte de su poder en un hombre, generalmente aristócrata, siguiendo un criterio de confianza personal. El valido representaba la dejación de autoridad del rey, en estados muy complejos de gobernar ya en aquella época., y en un siglo en el que los Habsburgo demostraron muy pocas capacidades de gobierno y muy poco interés por asumir sus responsabilidades.
En España, intentaron un gobierno personalista, tomando decisiones al margen de los consejos, que eran los titulares de la administración del estado. Para ello se apoyaban en juntas, comisiones formadas por sus partidarios, con el fin de agilizar y soslayar el control de la nobleza tradicional. Sin embargo, solo consiguieron aumentar la corrupción (venalidad y nepotismo) y sumir a la administración en un juego de intereses e intrigas. Los más atrevidos aprovecharon el apoyo del rey para controlar la concesión de cargos, pensiones y mercedes de todo tipo, que canalizaron hacia sus familiares y sus propios favoritos.Desde el poder, apartaban a sus enemigos y colocaban en los puestos más importantes a hombres de su confianza. La oposición a los validos la encabezaron los letrados que formaban los Consejos, y los miembros de la aristocracia que eran apartados de la Corte por formar parte de facciones enfrentadas al valido de turno.

En la época de Felipe III destaco sobremanera la figura de Duque de Lerma, que mantuvo una actitud de apaciguamiento frente a los reinos de España y de tregua frente a las potencias europeas. Es conocido por la expulsión de los moriscos de 1609. En la mayoría de los casos fueron negativos y desprestigiaron a la institución monárquica. Tan solo Olivares, impulsor de un ambicioso programa de reforma, y los últimos validos de Carlos II (Oropesa y Medinaceli), desarrollaron políticas positivas, casi siempre arbitristas.
Los validos fueron conscientes que España era un conjunto de reinos con instituciones y leyes diferentes, a las que sólo la Corona unía. Los intentos que se realizaron para unificarlos chocaron con los intereses de los estamentos privilegiados y de los territorios con fueros.
La oposición a los validos la encabezaron los funcionarios burgueses de los Consejos, y los miembros de la aristocracia que eran apartados de la Corte por formar parte de facciones enfrentadas al valido de turno.

Otra novedad politica del periodo fue la venta de cargos (venalidad) como fórmula para conseguir dinero rápido en situaciones de emergencia. Apareció ya en reinados anteriores, pero fue Felipe II quien comenzó a utilizarla de forma alarmante. Se vendían, sobre todo, cargos de regidores de las ciudades, escribanías y otros oficios menores, pero también llegaron a venderse puestos en los mismos Consejos. Quienes compraban un cargo lo hacían en régimen hereditario, por lo que el rey cedía en la práctica parte del poder de nombrar a sus funcionarios. Pese a las protestas que suscitaba tal práctica, todos los reyes del siglo XVII la mantuvieron.

3. LA INTRODUCCIÓN DEL ARBITRISMO Y EL MERCANTILISMO

Una de las características mas acusadas del siglo XVII es la de la introducción en la vida europea de movimientos renovadores, como, en el caso de la economía los mercantilistas.
El mercantilismo fue un movimiento económico surgido en Francia, donde también recibió el nombre del colbertismo. Los mercantilistas pretendían el fortalecimiento del estado a través de la economía, su finalidad no era por tanto mejorar a la población. Para ello defendían una economía soportada en:

- la acumulación de oro y plata
- el desarrollo del comercio, especialmente el colonial, protegiendo en exclusiva sus colonias o ampliándolas.
- fortaleciendo el poder real, tanto político como económico a través de un mayor intervencionismo, lo que implicaba imponerse a nobleza y reinos
- mejorar la balanza de pagos reduciendo las exportaciones, para lo que se defendía una agresiva política fiscal consistente en cobrar fuertes impuestos aduaneros (aranceles) a los productos extranjeros.

En España el mercantilismo era defendido por los arbitristas, que como hemos dicho pretendían desde el análisis y la aplicación de reformas sacar al país de su atraso. Ellos comprendieron que uno de los problemas de la economía peninsular era un sistema comercial que exportaba materias primas (aceite, vino, arroz, aguardiente, lana) y se adquirían productos mucho mas caros, manufacturas ( paños, pertrechos navales, papel, productos de lujo). El déficit comercial se cubría con la plata de América, por lo que la riqueza del imperio colonial acababa en los bolsillos de los banqueros y los comerciantes europeos.
Estos problemas y la falta de competitividad de la economía española, así como su endeudamiento, se analizo por los arbitristas y se denuncio en las instituciones centrales, por comités de expertos o en las cortes. También denunciaron la excesiva presión fiscal, los abusos señoriales, la falta de inversión de los estamentos privilegiados, la manipulación de moneda y, sobre todo, insistían en la necesidad de que los monarcas iniciaran una política de paz que permitiera recuperarse a una Castilla sumida en un siglo largo de guerras europeas. Pero todas sus recomendaciones fueron desoídas ante la obsesión de los Austrias y de sus consejeros por la política de prestigio y de mantenimiento a toda costa de la herencia recibida.
Los arbitristas, al hilo de las temías mercantilistas que comenzaron a extenderse en Europa durante el siglo XVII, recomendaban la restricción de las importaciones de manufacturas y la protección de la artesanía, el saneamiento fiscal, la paz en Europa y el incremento del poder real en detrimento de nobles y reino. Pero, aunque se dictaron varias disposiciones que prohibían la importación de manufacturas y el uso de productos de lujo, las necesidades de la guerra impidieron en la práctica que se aplicaran.
Sólo a finales del siglo XVII, los ministros de Carlos II emprendieron una auténtica, aunque tímida, política mercantilista. En 1680 realizaron una drástica devaluación de la moneda. También promovieron el establecimiento de manufacturas y la llegada de técnicos extranjeros, e intentaron reducir los gastos de la corte y, con ellos, los impuestos. Pero eran pasos pequeños ante la magnitud del problema, por lo que estas medidas darían frutos en el siglo siguiente al unirse a las medidas borbónicas, pero no impidieron que al finalizar el siglo, España se encontrase arruinada.

 

   
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