Tras
recaer el premio en el dramaturgo
británico Harold Pinter, y
en la austriaca Elfriede Jelinek,
en los dos últimos años,
el nobel de literatura vuelve a sus
raíces, a su espíritu
primigenio en la figura del turco
Orhan Pamuk, que representa, en toda
su dimensión, el espíritu
del que Alfred Nobel quiso dotar a
sus galardones, "hemos de premiar
una obra literaria que se destacara
por su dirección o propósito
"idealista".

Orhan
Pamuk nació el 7 de junio de
1952 en Estambul, en el seno de una
familia de clase media acaudalada.
Su padre y su abuelo eran ingenieros.
En su juventud, soñaba con
ser pintor, pero estudió arquitectura
y periodismo. Desde 1985 hasta 1988
vivió en Estados Unidos, invitado
primero por la Universidad de Columbia
de Nueva York y posteriormente en
la de Iowa. Se inició como
escritor a finales de la década
del 70, publicando su primera novela
en 1982. El reconocimiento le llegaría
en 1985 con la novela El astrólogo
y el sultán (Beyaz Kale, 1985),
una novela inteligente, y premonitoria,
por su planteamiento y estilo del
posterior best-seller "El código
Da Vinci", en la que Orhan mezcla
misterio, historia de amor y reflexión
filosófica, con el atractivo
de ambientarse en el Estambul del
siglo XVI, bajo el reinado del sultán
Murad III. Su obra ha sido traducida
a 34 idiomas, y publicada en un centenar
de países distintos. Ha recibido
numerosos galardones internacionales,
entre ellos el premio France-Culture,
en 1995; el premio al mejor libro
extranjero del New York Times, en
2004 y el premio de la Paz de los
libreros alemanes en 2005”.
En Turquía, donde es un personaje
de éxito, y con gran reconocimiento
entre la intelectualidad, Pamuk ha
obtenido tres grandes premios literarios,
dos de ellos son: en 1979 Milliyet
Yayinlari Roman Yarismasi —Certamen
de novela Milliyet— por su novela
Karanlik ve Isik (Ex aequo) y en 1984
Madarali Roman Ödülü
—Premio novelístico Madarali—
por su novela Sessiz Ev. Uno de sus
últimos premios le recogio
en Francia a finales del 2005, el
prestigioso premio Médicis
extranjero, por su última novela:
Kar (Nieve).
Recibirá
el galardón como escritor que
"en búsqueda del alma
melancólica de su ciudad natal
ha encontrado nuevos símbolos
para reflejar el choque y la interconexión
de las culturas", según
la explicación del veredicto.
El
secretario de la Academia, Horace
Engdahl, dijo tras darse a conocer
el fallo: "Apenas hay autores
en la literatura mundial capaces de
escribir una descripción de
la ciudad tan fascinante como Pamuk".
El galardonado de este año
"es conocido a nivel internacional
y había sido señalado
como candidato", dijo Engdahl,
quien ensalzó la "fluida
fantasía" de Pamuk.
Su
obra ha sido traducida a 34 idiomas.
El escritor se ha destacado en el
panorama internacional por sus novelas
históricas, y entre sus obras
más conocidas figuran:
•
1982 - Cevdet Bey ve Ogullari (Cevdet
Bey y sus hijos). Inédita en
español.
• 1983 - Sessiz Ev. Traducción
al español: La casa del silencio
(Metáfora Ediciones, 2001).
• 1985 - Beyaz Kale. Traducción
al español: El astrólogo
y el sultán (Edhasa, 1994).
• 1990 - Kara Kitap. Traducción
al español: El libro negro
(Alfaguara, 2001)
• 1995 - Yeni Hayat. Traducción
al español: La vida nueva (Alfaguara,
2002)
• 1998 - Benim Adim Kirmizi
. Traducción al español:
Me llamo Rojo (Alfaguara, 2003)
• 2001 - Kar. Traducción
al español: Nieve (Alfaguara,
2005).
• 2005 - Istanbul: Hatiralar
ve Sehir. Inédita en español.
El
reconocimiento general a la obra de
Pamuk no es, sin embargo, fruto exclusivo
de su labor literaria, sino mas bien
del halo político de su vida
y su obra. En su biografía
hay un capítulo grande y esencial,
muy resaltado, que cuenta como
Pamuk tuvo problemas con las autoridades
turcas, debido a unas declaraciones
que hizo en el año 2005 al
diario suizo Tages Angeizer, relacionadas
con los problemas kurdo y armenio
de ese país. su posicionamiento
crítico contra un gobierno,
tradicionalmente poco respetuoso con
las minorías, le granjeo la
enemistad de una parte de la dirigencia
de su país, y el aplauso de
la vieja Europa, muy dada a llorar
de las desgracias ajenas, y poco dada
a solucionarlas. Algunos comentaristas
e intelectuales turcos han criticado
esta buena y sincera actitud del escritor,
por dar alas al "enemigo".
Es conocido que en Europa tiende a
veces a politizar estas miserias de
sus vecinos, o de cualquier otro país
tercermundistas. Se critican aspectos
de la historia o la vida política
interna, para poder hacer presión
política desde afuera y lograr
con ello concesiones que “casualmente”
redundan en grandes beneficios para
las empresas occidentales a la hora
de invertir en los mismos, a través
de una acertada presión política.
También es un fenómeno
recurrente que aflore cierto oportunismo
en algunas personalidades públicas
de estos países, quienes son
prontamente “protegidos”
por Occidente, obteniendo casi de
inmediato becas, premios, publicaciones
y reconocimiento, por lo que se convierte
este tipo de actitud en una vía
expedita de “entrada”
al mercado internacional de la manifestación
artística de que se trate.
Para algunos este es el caso de Pamuk.