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En
"Nieve", Pamuk escribio:
“He pasado mi vida en
Estambul, en la costa europea
de esta ciudad, en las casas
cuyas fachadas dan a la costa
de enfrente: Asia. Habitar cerca
del agua, observar la orilla
de en frente, el otro continente,
me recordaba sin cesar mi lugar
en el mundo, y eso estaba bien.
Luego un día, construyeron
un puente que unió las
dos orillas del Bósforo.
Cuando subí al puente
y observé el paisaje,
comprendí que aquello
era aún mejor, que era
aún más bello
ver las dos orillas al mismo
tiempo. Comprendí que
lo mejor era ser un puente entre
las dos orillas. Dirigirme a
las dos orillas, sin pertenecer
completamente ni a una ni a
la otra, me revelaba el más
bello de los paisajes”.
PREGUNTA.
Nieve en turco se dice kar,
el protagonista de este libro
se llama Ka y la ciudad en la
que transcurre la historia se
llama Kars. Usted describe la
nieve como algo que representa
el aislamiento, la belleza,
la frialdad, todo unido. ¿Por
qué ha prestado tanta
atención a la nieve como
fenómeno y símbolo? |
RESPUESTA.
Yo necesitaba un pueblecito del noroeste
de Turquía, en el que nevase
lo bastante como para que el pueblo
se quedara aislado del resto del país.
Por eso necesitaba la nieve, para
que la historia fuera creíble.
A la vez, está también
la idea de que cada copo de nieve
es diferente de los demás,
por lo que nosotros, como personas,
nos podemos identificar con esta individualidad,
con la personalidad de seres humanos.
Cada ser humano es diferente a los
demás, como los copos de nieve.
Además está la belleza
del paisaje nevado, que es un tema
que me gusta mucho. Y estas cosas
se combinan. Usted ha dicho que son
símbolos, pero yo no creo que
se trate de eso, sino que más
bien son temas que me gusta unir en
el argumento de la novela. Casi todas
estas cosas las fui haciendo de tal
forma que no sé muy bien por
qué las hice. Pero así
las hago, me interesa y queda muy
bonito. Hay una extraña geometría
oculta en todo ello y yo simplemente
me dejo llevar por la intuición
cuando las junto todas.
P.
Su novela no sólo habla de
la situación política
y religiosa en Turquía hoy
día, también habla del
amor y de la amistad. ¿Usted
cree que el amor y la amistad son
los mejores instrumentos para la lucha
contra el fanatismo, la represión
o simplemente los malos momentos?
R.
Sí, de hecho, aunque ésta
sea una novela política, sobre
gente que está muy concienciada
políticamente o que manifiesta
su rabia a través de la política,
el narrador, Ka, es muy similar al
narrador de otro libro mío,
Orhan, y ambos tienen un punto de
vista más distanciado. Los
narradores no viven la política
tanto como la vive la gente del pueblo
o los que son más políticos.
El texto, de alguna forma, recuerda
al lector que aunque se trata de un
libro enormemente político,
el escritor o el narrador no creen
tanto en esto. De hecho, se dan a
entender otras cosas con un toque
de humor. Pero se comprende que esta
furia política, esta obsesión
política, es algo que surge
por todas partes, mientras que el
punto de vista del narrador es mucho
más moderado, porque el narrador
tiene la sabiduría del hombre
que no se toma las cosas tan en serio.
Es decir, es una novela política
escrita por alguien que no cree tanto
en la política, pero que la
considera como una especie de destino
inevitable que no le gusta.
P.
Su historia también refleja
el conflicto entre la Turquía
urbana y proeuropea y, por otro lado,
el país islamista rural. ¿No
existe una solución a este
enfrentamiento?
R.
Mire, este libro no trata de soluciones.
Le pondré un ejemplo más
claro, este asunto del velo, que todavía
es un problema muy grande en Turquía.
Los periodistas turcos me preguntaban
por el libro y me decían que
yo había definido la postura
política de todo el mundo intentando
identificarme con todas las personas.
Con las niñas, con los laicos,
con la gente como Ka, etcétera.
Así que me preguntaban: ¿cuál
es tu punto de vista, cuál
es la solución? Y mi respuesta
es que este libro no pretende solucionar
los problemas de Turquía o
imponer soluciones a los problemas
políticos de Turquía.
De lo que se trata en este libro es
de comprender a la gente que ha quedado
totalmente atrapada por estos problemas
de laicismo, islamismo político,
modernidad, tradición, amor
a la familia y la imposición
de una manera de pensar, vestir, hacer...
El
objetivo de esta novela política
es diferente del que tenían
las novelas políticas de los
años treinta, cuarenta y cincuenta,
en las que había una agenda
y se servía a una causa. De
hecho, la intención política
de este libro es describir mi país,
más que hacer un comentario
político. El tema de este libro
es político pero, por otra
parte, no tiene la aspiración
de adoptar una postura política.
Tanto los lectores laicos, como los
islámicos, se sintieron ofendidos
de alguna forma con este libro cuando
se publicó en Turquía
hace tres años. Porque los
laicos pensaron que yo estaba mostrando
algo de comprensión hacia los
políticos islámicos,
que se retrataban en el libro como
una especie de víctimas del
Ejército turco. Y los políticos
islámicos pensaron que me estaba
riendo un poco de ellos por sus ideas,
su brutalidad, su confusión
y su miseria.
P.
En su novela usted describe a un montón
de personajes diferentes. Da la sensación
de que quería mostrar todo
el espectro social de Turquía.
R.
Sí, este libro es, de todos
mis libros, el que aporta una visión
más social, incluso más
periodística, y mi intención
era mostrar la parte más pobre
y problemática de Turquía.
El sector que tiene mayores problemas
políticos, problemas religiosos
y, por supuesto, mayores problemas
económicos de la Turquía
de provincias. Intentaba identificarse
con la gente que está en las
peores condiciones de vida y tratar
de comprender por qué están
furiosos y cómo expresan su
furia. Comprender lo que se llama
"realidad turca". El punto
de vista es el de aquellos turcos
más privilegiados, intelectuales
que han leído libros y tienen
un sentido poético...
¿Quién
quiere ser poeta?
P.
La acción, la historia, es
una historia limitada a tres días.
R.
Sí, la acción transcurre
en tres días.
P.
En una ciudad de la frontera oriental
de Turquía, Kars, lejos de
Estambul y de Ankara. ¿Era
mejor para su novela limitar la historia
a tres días?
R.
Necesitaba hacer eso para que esta
ciudad, Kars, que existe en la realidad,
fuera un microcosmos de Turquía.
Pero para hacerlo, la ciudad tenía
que estar aislada del resto de Turquía
y para que eso fuera realista sólo
podía durar unos tres días,
ésa es una de las razones.
Por otra parte, al igual que en mi
anterior novela, Mi nombre es Rojo,
me gusta concentrar los acontecimientos
en uno o dos días. Eso también
le da al escritor muchas posibilidades
para desarrollar los argumentos y
el drama. Así que es una especie
de representación de toda Turquía,
de una forma ligeramente irónica,
simplista e ingenua. Pero yo creo
que la belleza del libro tiene que
ver con esto. Este tipo de fantasía
de política y realidad y de
los horrores de la vida no puede durar
más de tres días. O
eso es lo que pensé cuando
escribí el libro.
P.
En su libro describe la brutalidad
de los movimientos islamistas, pero
también la represión
del Estado y del Ejército.
¿Son dos aspectos de una misma
situación?
R.
Sí, tiene razón. Ni
los políticos islamistas ni
el Ejército son víctimas
los unos de los otros. Sus lenguajes,
su cultura, sus acciones y lo que
pasa por sus mentes son, en algunos
casos, ideas simétricas. Yo
creo que la política del país
a mediados de los noventa, que es
cuando transcurre esta novela, se
basaba en estas dos fuerzas que radicalizaban
el país, matando civiles y
destruyendo la democracia en vez de
poner fin a la lucha entre las fuerzas
islámicas y las laicas. Las
fuerzas islámicas tenían
más apoyo popular y las fuerzas
laicas tenían el apoyo del
Ejército. Éstos son
los problemas normales en Turquía.
Han pasado 10 años desde los
hechos de la novela, pero en este
momento las fuerzas islamistas y las
fuerzas militares se han unido en
Turquía contra la integración
del país en la Unión
Europea. No todos, pero algunos de
los políticos islamistas y
algunos de los militares se oponen
a que Turquía entre en la Unión
Europea.
P.
Un tribunal de Estambul ha dicho que
usted ha insultado a la identidad
turca y amenaza con procesarlo. ¿Qué
puede decir?
R.
No creo que vaya a salir nada bueno
de esta situación. Desgraciadamente
va a ser un acontecimiento muy público
e internacional y las fuerzas turcas
que están en contra de que
Turquía se integre en la UE
van a utilizar esta situación
y este juicio para demostrar algo,
para decir a los conservadores europeos
que no acojan a Turquía porque
en Turquía se hacen este tipo
de cosas. La gente que defiende que
Turquía sea parte de Europa,
como los verdes alemanes y los liberales
socialdemócratas, están
un poco avergonzados por este asunto,
pero no creo que este juicio vaya
a cambiar mucho las cosas. Va a ser
un juicio político más
que un juicio legal.
P.
El mes que viene va a recibir el Premio
de la Paz de los libreros alemanes
en la Feria de Francfort. ¿Qué
significa para usted este premio?
R.
Claro que estoy contento con el premio.
En Alemania hay una enorme población
turca, pero la cultura y los autores
turcos no son muy conocidos. Ahora,
por primera vez, empiezo a ser popular
entre los lectores alemanes, éstas
son cosas que a mí me importan.
Yo he estado muchas veces en Alemania
promocionando mis libros y conociendo
a la población alemana y turca.
Las relaciones entre turcos y alemanes
tienen una larga historia y esto ya
es importante en sí mismo.
Además, yo sé que éste
es un libro político, por lo
que mucha gente me ha dicho que es
un premio político. A mí
eso me parece bien, me honra y me
halaga. Pero también intento
ver otro aspecto de esto y es que
llevo ya 30 años escribiendo
ficción. Hace 30 años
decidí que no podía
hacer ninguna otra cosa. Ni ser arquitecto,
ni nada más, yo quería
ser novelista y empecé a escribir
novelas por impulso propio. Así
que este año es mi 30º
aniversario como escritor de novelas
y me dan un premio muy importante
en Alemania. Por supuesto que estoy
contento.