|
|||||||||||||||
| |
|||||||||||||||
|
|
Maynard Keynes David Solar
Los
representantes británicos en la Conferencia de Versalles de 1920
trataban de calmar a sus colegas franceses, que hervían de indignación.
¿Cómo se atrevía aquel jovenzuelo inglés
a contradecir a los políticos vencedores? ¿Con qué
raras teorías trataba de impedir que se le impusiera a Alemania
una indemnización de guerra de 33.000 millones de dólares?
Esa cifra, aunque inmensa, no superaba los daños ocasionados
por la Primera Guerra Mundial y Alemania debería asumirla puesto
que había sido declarada única nación responsable
del conflicto. Aunque con ciertas dudas -en Estados Unidos tampoco estaban
de acuerdo con las sanciones la delegación británica,
presidida por Lloyd George, aceptó la tozuda postura francesa,
encabezada por Clemenceau, un político al que apodaban Tigre.
Era el economista joven más brillante e influyente y ya se le veía como futuro ministro. Pero esa carrera -si es que alguna vez le interesó se truncó por su decidida oposición a la política revanchista de Versalles (en 1922 escribió la obra "Una revisión del tratado"). Un
año después se desmarcaba de la política considerada
clásica y arremetía contra el patrón oro, usado
hasta entonces como indicador del valor del dinero de cada país,
al que calificaba como «bárbara reliquia del pasado»en
su libro Un tratado de reforma monetaria. Dos años más
tarde atacó directamente la política del ministro de Hacienda
del momento, en Consecuencias económicas de Winston Churchill,
por volver al patrón oro. Tras
el Crash de 1 929 Y de la Gran Depresión que sacudió a
EE.UU. primero y luego a Europa, el Gobierno requirió sus servicios.
Sus críticas al sistema económico clásico se habían
demostrado certeras. Sus recetas consistieron en la intervención
estatal mediante la planificación, la política fiscal
y monetaria y la inversión pública colmo modo único
de paliar el desempleo que azotaba la sociedad. Las razones que Keynes
hallaba para el desempleo eran el descenso del consumo debido a la desigualdad
en el reparto de las rentas y la falta de alicientes del capital, debido
a la falta de consumo (si los tipos de interés son elevados,
se ahorra, pues los intereses del capital pueden ser más altos
en el mercado de valores que en la industria...). El intervencionismo
estatal bajaría los tipos de interés, incrementaría
las inversiones públicas y el consumo -mediante una redistribución
de las rentas vía impuestos- y establecería protecciones
aduaneras. En
sintesis, su pensamiento alcanzo un puesto privilegiado en la historia
economica gracias a que Por contra, Keynes Sus
críticos le acusan de propugnar un arriesgado dirigismo estatal
y de bordear peligrosamente el abismo de la inflación. Tres citas de estudiosos e historiadores de la ciencia económica puden ayudarnos a comprender mejor la importancia de este hombre Keynes
se educó en las doctrinas de los economistas neoclásicos,
pero percibió a la perfección cuáles eran los males
que aquejaban a las economías de su época. Sin dejar de
ser defensor de la economía de mercado, fue sensible a esas llamadas
a la presencia del Estado en la cosa económica que, primero de
forma tímida desde 1970 y, luego, reafirmándose, habían
calado en la opinión pública en general. El
empirismo de Keynes (hombre al que sólo preocupaban las soluciones
a corto plazo porque, decía, a largo plazo todos muertos logró
elaborar una esperanza de futuro para el mundo. Las
teorías de Keynes son un tema de permanente controversia. Su
receta consumista no tiene respuestas universales homogéneas
tanto por lo que se refiere al tiempo como a las diversas sociedades;
las intervenciones monetarias conducen directamente al dirigismo político
|
|
|||||||||||||
|
|||||||||||||||