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Miguel de Unamuno
S. Manuel Bueno, martir

Miguel Garcia Rodriguez
Departamento de Lengua y Literatura Castellana
Colegio Ntra. Sra. de la Paz

CONTEXTO HISTÓRICO-LITERARIO

1.- La crisis de fin de siglo

Los años finales del siglo XX fueron años de recapitulación y de análisis crítico de la realidad circundante. El siglo XIX español había significado una continua lucha para modernizar el país y dotarlo de más estructuras sociales y políticas adecuadas. El esfuerzo,, sin embargo, no había dado los frutos apetecidos. A finales de siglo la situación era desalentadora.

* Los núcleos rurales estaban dominados por los caciques, que imponían a las clases populares sus particulares concepciones sobre política o economía.
* En las pequeñas ciudades provincianas dominaba una burguesía banal, de miras estrechas, inhibida de todo aquello que no fuera el propio bienestar personal.
* La Iglesia mantenía un papel beligerante contra la ciencia y contra todo movimiento político de carácter progresista, ejerciendo un estricto control social.

Este panorama, recogido en la literatura por autores de la talla de Clarín, Galdós, Baroja o Antonio Machado, hizo que cundiera el desánimo y se extendiera la impresión de crisis social y política. Intelectuales como Joaquín Costa o Ángel Ganivet proclamaron entonces la necesidad de regenerar el país, y la palabra “regeneración” se convirtió en una palabra clave en la época.
Un hecho trascendental se añadió a esta situación y vino a sacudir las conciencias más dormidas: el desastre del 98 y la consiguiente pérdida de Cuba, Filipinas y Puerto Rico. El siglo había comenzado con la independencia de los territorios españoles enclavados en el continente americano y se cerró con la pérdida de las últimas posesiones coloniales que España mantenía en América y Asia. De lo que había sido un vasto imperio, sólo quedaban algunos enclaves situados en África. España había quedado relegada a potencia de segundo orden.
En este contexto de crisis surgió el “Modernismo” como reacción al Realismo y al Naturalismo. El Modernismo se ramificó en dos corrientes o actitudes: una “estetizante y decadentista”, representada por Rubén Darío, y otra “combativa y crítica”, representada por los miembros de la G. 98: Unamuno, Azorín, Baroja... Ambas corrientes parten de la misma insatisfacción personal ante lo que consideran como mediocridad burguesa y corren parejas hasta confundirse. Así, Rubén Darío, máximo exponente de la actitud estetizante, evolucionó hacia la corriente crítica en “Cantos de vida y esperanza”, y lo mismo cabe decir de Antonio Machado. Y, a la inversa, autores que se habían iniciado en la crítica social, como Azorín. Evolucionaron más tarde hacia posiciones estetizantes, alejadas de todo compromiso social.
En definitiva, el Modernismo responde en sus dos vertientes a un actitud de “rebeldía e inconformismo”. Rubén Darío reniega del tiempo que le ha tocado vivir y piensa que la búsqueda de la belleza ideal es la mejor provocación al espíritu utilitario burgués. Igualmente, los miembros de la G. 98 combaten el espíritu burgués desde posiciones ideológicas próximas, en algunos casos, al anarquismo, enlazando con las actitudes inequívocamente críticas de Larra.

2.- La novela en las primeras décadas del siglo XX.

2.1. El Modernismo,. Movimiento renovador. La novela.

El Modernismo se plantea la complejidad de la realidad y la creación – en la obra de arte -- de una nueva realidad artística,
Esas ansias de renovación, que hemos advertido en la poesía, producen también una búsqueda de nuevas formas narrativas. El “realismo” decimonónico era contemplado ya con enorme insatisfacción por sus mejores novelistas: Galdós, por ejemplo, escribió en forma exclusivamente dialogada algunas de sus últimas novelas.

2.2. Primeros intentos renovadores.

Durante la primera década del siglo XX, mientras el público todavía sigue adicto a los folletines realistas, surgen los primeros intentos de renovación de la novela: un año después de la muerte Clarín, en 1.902 aparecen cuatro títulos que suponen ya una nueva concepción del género:

- “La voluntad”, de Azorín.
- “Camino de perfección”, de Pío Baroja.
- “Sonata de Otoño”, de Valle-Inclán.
- “Amor y pedagogía”, de Unamuno.

Se trata de intentos diferentes de conseguir un objetivo común, la ruptura con el Realismo. A partir de este momento, la novela deja de ser un género cuyo único objetivo es reflejar la realidad cotidiana, o hacer una crónica de la sociedad, y se concibe ahora como un juego artístico libre. Unos pretenden, en ese juego, crear mundos alejados de lo cotidiano (el mundo de lasa sensaciones, investigado por Valle y Miró); otros, buscar materia narrativa para sus planteamientos filosóficos e intelectuales (Unamuno o P. Ayala), o explorar el mundo interior de los personajes a través de su relación con el mundo exterior (P. Baroja o algunos de los anteriores.).
Todos ellos piensan que a través de la literatura se pueden descubrir aspectos de la realidad humana oscurecidos por la costumbre o por la rutina, y que la novela puede dejar en un plano secundario la acción, los conflictos de los personajes, o la descripción de ambientes y escenarios, elementos que en la novela realista eran objetivo primordial de la narración.
Todos ellos aspiran a la perfección formal, pues piensan que a través del arte se puede captar “la inmensa complejidad de la experiencia” (Pérez de Ayala).
A los primeros intentos renovadores de los escritores, llamados modernistas o del 98, se incorporan después los de la generación del 1.914, es decir, tambíen llamada novecentismo: Gabriel Miró, Ramón Pérez de Ayala, Eugenio de Ors, Ramón Gómez de la Serna, etc. Unos y otros contribuyen al florecimiento literario del primer tercio del siglo XX, el cual después se enriquecerá con el grupo del 27, hasta hacer hablar a los críticos de “La edad de plata” de la literatura española, aludiendo a una brillantez paralela a la de nuestro Siglo de Oro.

MIGUEL DE UNAMUNO

1.- Biografía

Nació en Bilbao el año 1.864. Obtuvo la cátedra de griego en al Universidad de Salamanca y durante muchos años fue rector de esta Universidad
En su juventud fue socialista, pero paulatinamente evolucionó hacia posturas conservadoras. No obstante, mantuvo ideales republicanos que el valieron el destierro y el exilio durante al dictadura de Primo de Rivera (1924-1930).
En 1.897 sufrió una crisis religiosa que le llevó a plantearse seriamente el problema de Dios y el papel del hombre en el mundo. Estas preocupaciones religiosas se mantuvieron durante toda su vida e influyeron notablemente en su obra.

2.- Su obra

La obra de Unamuno es una continua meditación sobre el hombre, la muerte y Dios. El tema central de sus obras es la perduración del hombre tras la muerte, lo cual le lleva a plantearse el sentido de la vida y la existencia de Dios
Unamuno mantuvo en sus escritos una postura racional: el hombre solo puede conocer a través de la razón. Ahora bien, según Unamuno, la razón no nos permite tener la certeza de la existencia de Dios; a Dios sólo se puede acceder a través del sentimiento, no de la razón. Por eso su obra resulta contradictoria; y precisamente es una contradicción, esa lucha íntima entre razón y fe, la que da sentido a la vida..

2.1. Ensayos

El ensayo literario es para Unamuno un vehículo óptimo para exponer y dramatizar
sus teorías.
Dentro del tema general del hombre destacan en los ensayos dos aspectos concretos: la preocupación por la historia (España) y la preocupación por la religión, el sentido de la vida humana.

a) La preocupación por España surgió del interés por conocer los aspectos del hombre que han permanecido inalterables a lo largo del tiempo
Unamuno se planteó el problema de España, intentando profundizar en las raíces de los español. Su amor por ella le arranca su conocido grito: “¡Me duele España!”. En sus obras deslindó entre historia e intrahistoria. La historia la hacen los héroes; la intrahistoria, en cambio, la hacen “los millones de hombres sin historia”, es decir, los hombres normales, anónimos. El verdadero carácter de un pueblo se manifiesta en su intrahistoria.
Son numerosos los ensayos sobre estas ideas, como los recogidos ej sus libros, “En torno al casticismo (1865)”, “Por tierras de Portugal y España (1911)”, “Andanzas y visiones españolas 1912)” “Paz en la guerra” etc. Tiene singular fama su “Vida de don Quijote y Sancho (1905)”, personal y apasionada interpretación del magno libro como expresión de la esencia española y permanente modelo de idealismo.

b) Meditaciones sobre el sentido de la vida dan a Unamuno un puesto eminente en la filosofía española. Surgió del interés de Unamuno por la muerte y más allá. Para Unamuno, la Naturaleza no obra en valde: si en el hombre existen deseos de eternidad, tales deseos tienen que tener respuesta. El hombre necesita que exista un Dios que garantice su perdurabilidad más allá de la muerte, aun cuando la razón niegue la existencia de ese Dios. Estas ideas están recogidas en dos ensayos: “Del sentimiento trágico de la vida (1923)” y “La agonía del cristianismo (19125)”., En el segundo la palabra “agonía” se emplea en su sentido etimológico de “lucha”.

2.2. Novelas, poesía y teatro.

a) Novelas: Unamuno escribe en general relatos cortos en los que plantea sus problemas vitales.
Para centrarse aún más en el drama de la existencia humana, Unamuno evita situar la acción en un lugar y en un tiempo concretos, prescinde casi de la descripción y rehuye el análisis psicológico de los personajes. Por eso dice que sus novelas no son realmente novelas, sino “nivolas”.
Su narrativa comienza con “Paz en la guerra (1897)”, novela intrahistórica sobre la guerra carlista. Entre sus novelas posteriores destaca “Niebla (1914)”, en la que intentó renovar las técnicas narrativas, de ahí que la llamara, no “novela”, sino ... “nivola”. Otros títulos “Amor y pedagogía”, “La tía Tula”, “San Manuel, Bueno, mártir”

b) Poesía: Amplísima, compone una biografía de su espíritu, desde sus “Poesías de 1907” al “Cancionero” póstumo, pasando por “El Cristo de Velázquez (1920)”, en que vierte su pasión por Jesús. Aparecen los mismos temas que en su prosa: la angustia existencial, el sentimiento religioso, la familia, la contemplación del paisaje, los problemas filosóficos. Sus versos, de ritmos ásperos y robustos, al margen de las
tendencias, tardarían en ser apreciados.

c) Teatro: Ha tenido escaso éxito. La densidad de ideas no va acompañada de la fluidez escénica. Citemos “Fedra”, “El otro” y “El hermano Juan”.

3.- Estilo

Unamuno no fue un estilista que adornase la expresión. Él prefirió un estilo sobrio, preciso, en el que la lengua reflejase con exactitud su pensamiento.
Como ocurre en otror escritores de la G.98, Unamuno gustó de rescatar localismos y palabras tradicionales de corte popular; cuando de le acusaba de emplear palabras que no recogía el diccionario, Unamuno respondía: “¡Ya las pondrán!”.
El espíritu contradictorio de Unamuno se resuelve en multitud de antítesis y paradojas que reflejan la lucha del hombre consigo mismo.


SAN MANUEL BUENO, MARTIR


1.- Argumento y problema central

2.- Temas.
2.1. La inmortalidad.
2.2. La religión
2.3. Religión y cuestión social.
2.4. Religión y activismo.
2.5. Religión y fe.

3.- Estructura.
3.1. Desdoblamiento autor narradora.
3.2. Estructura externa
3.3. Estructura interna.
3..4. Anécdotas o historias intercaladas.
3.5. Estructura cerrada y cíclica.
3.6. El tiempo del relato
3.6.1. Tiempo externo o histórico
3.6.2. Tiempo interno
3..7. El espacio.
3.7.1. Espacio real.
3.7.2. Espacio novelesco.
3.7.3. Identificación de don Manuel con el espacio novelesco.
3.7.4. Los tropos

4.-. Personajes
4.1. Caracterización.
4.2. Personaje don Manuel.
4.2.1. Descripción de don Manuel.
4.2.2. Su personalidad.
4.2.3. Relaciones simbólicas de don Manuel.
4.2.4. Don Manuel visto por el autor y los personajes.
4.3. El personaje Ángela.
4.3.1. Ángela-narradora.
4.3.2. Ángela-personaje.
4.4. El personaje de Lázaro.
4..5. Blasillo

5.- El estilo
5.1. Técnica narrativa. .
5.1.1. El recurso técnico de manuscrito encontrado.
5.1.2. Reflexiones de la narradora.
5.1.3. Formas de expresión: predominio de la narración y el diálogo.
5.2. Lenguaje.
5.2.1. Lenguaje cuidado y complejo en su aparente sencillez
5.2.2. La utilización del Pret. Imperf.
5.2.3. Citas y referencias bíblicas.
5.2.4. Lenguaje literario.

6.- Interpretación y sentido.
6.1. El problema de la inmortalidad y las memorias de Ángela.
6.2. Unamuno y don Manuel.
6.3. El mensaje de la novela y la actitud del autor.



SAN MANUEL BUENO, MÁRTIR

1.- Argumento y problema central

Don Manuel es un párroco que no cree en la inmortalidad del alma, incapaz de pasar en un acto de fe de la realidad de Cristo a la idea de la existencia de Dios. Y como don Manuel necesita creer, la voluntad de fe y la carencia de ella luchan en el fondo de su alma. Pero esta agonía jamás sale a la luz pública. Lo que más le preocupa es evitar todo dolor a sus hijos que creen en él, que le necesitan, por lo tanto, no puede revelar su secreto, ni colgar la sotana, ya que cualquiera de estos dos actos “despertaría” al pueblo de la paz en que duerme, provocando dolor y desengaño..
Así las cosas, un día vuelve al pueblo Lázaro, hermano de Ángela Carballino, hombre de ideas progresistas y anticlerical. Y es a él precisamente a quien el sacerdote confiará su terrible secreto: no tiene fe, no puede creer en Dios y en la otra vida, pese a sus vivísimos deseos. Tal actitud acaba arrastrando al mismo Lázaro, quien finge convertirse y colaborar en la labor con Don Manuel. Don Manuel, como su creador, no es incrédulo ni creyente; vive como Unamuno creyó vivir, en la duda y en ella muere. Precisamente su triunfo consiste, no solo en alimentar la fe ingenua del pueblo, sino en traer a Lázaro de la negación a la duda, no a la credulidad.
Y así pasará el tiempo hasta que el Santo muere sin recobrar la fe, pero considerado un Santo por todos. También muere Lázaro sin fe. Y Ángela se pregunta acerca de la salvación de aquellos seres queridos: “murieron creyendo no creer lo que más nos interesa, sin creer creerlo, creyéndolo en una desolación activa y resignada”.
Nada pues, más lejos del Unamuno agonista y despertador de conciencias que el creador de este párroco y de este Lázaro al revés..
“La paz es mentira, la verdad es antes que la paz”.
* En esta novela podemos observar muchas de las constantes unamunianas:
. En primer lugar el tema religioso que preocupó a Unamuno durante toda su vida. En la obra se enfrentan varios tipos de fe: la “ingenua”, “fe del carbonero”, de los sencillos campesinos; “la profunda” y cálida de Ángela, y ña “fe angustiada” de don Manuel.
. En segundo lugar, el problema filosófico de la personalidad y su perduración. Según Unamuno, la personalidad humana es algo dinámico: el hombre se hace a sí mismo viviendo. La personalidad no está hecha hasta el momento final: la muerte. Aquí comienza el problema que angustió a Unamuno durante toda su vida: ¿se acaba el hombre con la muerte?

2.- Temas.

- Escribe J. Butt que “en el caso de esta novela, las cuestiones planteadas son verdaderamente numerosas parea una novela tan corta”. En efecto, el autor desarrolla con mayor o menor extensión cuestiones como la ociosidad, la soledad, el tedio, el progreso, la angustia, y otras más conectadas con el tema religioso; la superstición, la gracia, el pecado, la teología, la religión y el sentido último de la vida.
- Los temas enunciados forman un sistema organizado en torno a y desde don Manuel Bueno, por dos razones al menos: la primera es que casi todas las cuestiones son suscitadas por el sacerdote; la segunda, que están relacionadas con el conflicto entre la fe y la razón que le impide creer aquello que desea, su resurrección para la vida eterna. El análisis temático tiene que partir de la cuestión esencial del relato, que es el binomio muerte/inmortalidad.

2.1. La inmortalidad.

- El problema de fe que angustia al personaje se plantea en términos de dogma cristiano y se limita exclusivamente a uno de sus proposiciones; la resurrección de la carne y la vida eterna, La esperanza de la inmortalidad es la ilusión más grande que se puede ofrecer al hombre. Don Manuel ha perdido la fe, que es perder la ilusión, pero da por supuesto, sin ninguna explicación, que el pueblo vive con la creencia de la inmortalidad y que esa ilusión es causa de la alegría de vivir. Por eso Unamuno se plantea ahora con un enfoque nuevo en él: “la alternativa entre una verdad trágica y una felicidad ilusoria”, parece optar por lo segundo.

- El sentimiento de la muerte irreparable ensombrece la intimidad del sacerdote. Si hemos de morir, “el delito mayor del hombre es haber nacido”, afirma con palabras de Calderón de la Barca; a menudo se refiere a la “cruz del nacimiento” para expresar el tormento de una vida que se sabe finita; también la ha tentado alguna vez el “suicidio” como liberación de su angustia o agonía existencial.
- Sin embargo, don Manuel reacciona contra la tentación de aniquilarse o de aislarse, entregándose a los demás por entero y con un contento aparente que Angela ha acuñado en una bella antítesis: “la alegría imperturbable era la forma temporal (...) de eterna tristeza (pág. 108). Esta huida de sí mismo puede ser explicada desde el ministerio sacerdotal o religioso concebido por el personaje como entrega o servicio a los demás, una entrega que tiene como fin último el mantenimiento de la fe del pueblo, su “contentamiento de vivir”.

2.2. La religión.

Unamuno ha expresado por don Manuel una idea clave de su pensamiento religioso, según la cual la religión, cualquier religión, hace soñar vida. Las palabras del sacerdote en la novela (pág. 123) recuerdan frases de “Del sentimiento trágico de la vida” como éstas: “Toda religión arranca históricamente del culto a los muertos, es decir a la inmortalidad (...). Este culto, no a la muerte, sino a la inmortalidad, inicia y conserva las religiones”. También es propia del pensamiento unamuniano la crítica de la teología, es decir, del cimiento racional con que se ha pretendido sustentar la fe y, en concreto, la creencia de la inmortalidad.

2.3. Religión y cuestión social

- El tema de la relaciones entre la religión y la sociedad ofrece bastante complejidad en la novela. Unamuno manifiesta a través del sacerdote su rechazo de la idea marxista que considera la religión como un opio que se le administra al pueblo. Unamuno afirma, por el contrario, que la religión es un producto del pueblo. Por otra parte, autor y personaje no están de acuerdo con la intervención de la religión oficial en las cuestiones sociales
Creando sindicatos católicos, por ejemplo; es indudable que el sacerdote se niega a participar en lo que llama “juego” del sindicato. Conviene insistir en que no sólo se critica el ataque marxista al fenómeno religioso, sino también la práctica social de la iglesia en nuestro siglo. Una frase de don Manuel-Cristo: “mi reino no es de este mundo”, ilumina el segundo punto de la cuestión y envía afirmaciones contenidas en “La agonía del cristianismo”, como “la patria de un cristiano no es de este mundo”, o “la sociedad mata la cristiandad, que es cosa de solitarios”.
- También se afirma en la obra citada que “la historia carece de última finalidad humana, camina al olvido, a la inconsciencia. Y todo el esfuerzo del hombre es dar finalidad humana a la historia”. Se trata de una declaración de antiprogresismo que volvemos a encontrar en la novela, sobre todo en la transformación de Lázaro, su “curación” como él mismo afirma en la pág. 141.. La posición antiprogresista del sacerdote tiene manifestaciones tan claras como “si puedes detener al sol deténle y no te importe el progreso” (pág. 138), que obligan a preguntarse sobre las razones del rechazo.

2.4. Religión y activismo

- Sólo una visión profundamente pesimista de la existencia humana explica la negación del progreso. Don Manuel vive abismado en la idea de la muerte, que es lo único verdaderamente importante, además de ser un asunto exclusivo del individuo al que no puede dar ningún remedio del progreso social. A los ojos de don Manuel cualquier actividad humana es inútil, porque no tiene un fin, pero sirve, al menos, para distraernos del drama central de nuestra vida, es decir, de la muerte y para contrarrestar el tedio de la existencia.
- Muchos de los breves pasajes que, a semejanza de instantáneas o anécdotas, forman la novela, describen la actividad incesante y febril del sacerdote para huir de sí mismo. Además de presidir las funciones religiosas, lo encontramos en los regocijos y festejos populares, junto al lecho de enfermos y moribundos y, como Jesucristo,, también es carpintero. En la entrega de don Manuel a su pueblo, se puede ver manifestado otro aspecto del catolicismo: la necesidad de que la fe vaya acompañada de buenas obras. No se puede abrir las puertas al ocio para que el pensamiento no se concentre en la idea de la muerte.
- El progreso y el bienestar social traerán más tedio, más aburrimiento, concluye el sacerdote. De ahí su antiprogresismo..

2.5. Religión y fe.

- El punto central de la religión cristiana es para Unamuno la promesa de la resurrección en cuerpo y alma después de la muerte. En relación con este dogma cristiano ha planteado Unamuno la lucha entre la fe y la razón que duda. En el campo de la razón se hallan don Manuel y Lázaro, en el de la fe están las gentes sencillas de Valverde de Lucerna. El planteamiento resulta simplista en extremo, pues sorprende una colectividad reunida unánimemente en torno a la misma fe con una actitud tan gregaria y acrítica. La ecuación “pueblo = niño” aparece en varios pasajes del relato.. A don Manuel la razón le ha arrebatado la fe y con ésta el consuelo de la vida eterna; él siente que la fe es para el pueblo un sueño dulce que se debe defender contra su gran enemigo, es decir, contra el racionalismo en acción (Lázaro), y lo consigue.
- Las gente de esa idílica Valverde de Lucerna creen todo, incluso las “supersticiones”. El sacerdote incrédulo no utiliza su influencia sobre la gente para erradicar sus creencias supersticiosas, sino que las mantiene y aun alimenta. Su propia creencia le hace afirmar que es mejor creer todo, “aunque sean cosas contradictorias”, que no creer nada (pág. 131).
- A los temas anteriores hay que añadir otros también importantes cuyo análisis oocuparía mucho espacio: el concepto de “intrahistoria” y su evolución en el pensamiento unamuniano desde sus primeros ensayos hasta San Manuel Bueno; la metáfora de la “vida como sueño” tomada de C. de la Barca; el tópico unamunesco del personaje como ficción del autor y de éste como ficción de Dios, etc. En efecto, estamos ante un relato de extraordinaria densidad temática.

3.- Estructura

Aparentemente, San Manuel Bueno, mártir no presenta las llamativas novedades de algunas de las “nivolas” anteriores; pero, tras esta primera impresión, se oculta cierta complejidad.

3.1. Desdoblamiento entre autor y narrador

. Mediante el conocido recurso del “manuscrito encontrado”, Unamuno interpone una narradora entre él y el lector. Quiere esto decir que todo nos llega desde el punto de vista de Ángela; de ahí que una serie de cosas queden a la discusión o la reflexión de los lectores.
Unamuno es la persona física que, a través de un acto de creación, compone y escribe su obra literaria. Esta idea pertenece al plano de la realidad. Sin embargo, finge que el texto del relato no es obra suya: se trataría de las memorias de un tal Ángela. Unamuno encuentra el manuscrito de estas memoria y se limita a publicarlas. Esto pertenece ya al plano de la ficción: Angela = narradora de las memorias y Unamuno = editor.
Por tanto, autor y narradora son realidades distintas, no coincidentes. Y autor y editor son también conceptos distintos: el autor pertenece al plano de la realidad y el editor y la narradora al plano de la ficción.
Las únicas voces que oye el lector en San Manuel son las de la narradora y la del editor (Unamuno como autor no interviene).

3.2. Estructura externa:

Se divide en 25 secuencias. Las 24 primeras con el relato de Ángela; la última, 25, es una especie de “epílogo del autor.

ÍNDICE DE SECUENCIAS
----------------------------------------------------------------------------------------------------------
Número / Palabras iniciales de cada secuencia
--------------------------------------------------------------------------------------------------------
1 Ahora que el obispo de la diócesis de Renada...
2 En el colegio conocí a niñas de la ciudad...
3 Pasé en el colegio unos cinco años ...
4 En la noche de San Juan...
5 En el pueblo todos acudían a misa...
6 Solía acompañar al médico en su visita...
7 Lo primero –decía- es que el pueblo esté contento...
8 Con aquella constante actividad...
---------------------------------------------------------------------------------------------------
9 He querido con estos recuerdos...
10 Aquellos años pasaron como un sueño...
11 Así fui llegando a mis veinticuatro años...
12 Por entonces enfermó de muerte...
13 Quedamos mi hermano y yo solos en la casa...
14 Acabó mi hermano por ir a misa siempre...
15 Después de aquel día, temblaba yo...
16 Mi hermano, puesto ya del toodo al servicio...
17 Don Manuel tenía que contener a mi hermano en celo...
18 E iba corriendo el tiempo...
19 El pueblo todo observó que a don Manuel...
20 Y la hora de su muerte llegó por fin...
--------------------------------------------------------------------------------------------------------
21 Nadie en el pueblo quiso creer en la muerte...
22 El pobre cura que llegó a sustituir...
23 Quedé más que desolada, pero en mi pueblo...
24 Y al escribir todo esto ahora...
25 ¿Cómo vino a parar a mis manos este documento?...
(En algunas ediciones no se hace la separación entre las secuencias 4 y 5, lo que daría un total de 24 secuencias en vez de 24).

 

3.3. Estructura interna:

Si atendemos al desarrollo de la historia, cabe distinguir tres partes:

I. Secuencias 1-8. Son la noticias preliminares sobre don Manuel, que Ángela
nos transmite de oídas o partiendo de ciertas notas de su
hermano.
II Secuencias 9-20: Es el cuerpo central del relato, a partir del regreso al pueblo
de Ángela, primero, y de Lázaro, después. Con ello, la
narradora recibe un “nuevo impulso” que nos lleva hasta
el descubrimiento del secreto del “santo”. Termina esta parte
con la muerte del sacerdote.
III. Secuencias 21-25: Final del relato de Ángela y “epílogo del autor.

3.4. Anécdotas o historias intercaladas:

- A pesar de la brevedad del relato, Unamuno intercala – a modo de parábolas – historias que, aunque detienen la acción narrativa, ponen de manifiesto alguna virtud de don Manuel o de otros personajes. Las más significativas son:
- La historia de Perote a quien don Manuel convenció para casarse.
- El episodio del joven payaso cuya mujer murió mientras aquel actuaba.

3.5. Estructura cerrada y circular:

- Podemos considerar a San Manuel Bueno, mártir como una novela cerrada, pues el relato se cierra con la muerte de los protagonistas (don Manuel y Lázaro).
- Desde otro punto de vista la novela presenta una estructura circular: se abre en el presente narrativo, retrocede al pasado – la infancia de Ángela - , punto en el que se inicia un relato que progresa linealmente hacia el presente y se cierra al alcanzar de nuevo el presente narrativo, momento en el que el relato –historia - y realidad de la narradora se funden.

3.6. El tiempo del relato.

3..6..1. Tiempo externo o histórico
- Puede situarse en la España rural de principios del siglo XX:
. Lázaro regresa de América progresista y anticlerical.
. Lázaro propone la creación de un sindicato agrario.
- La escasez de referencias pone de manifiesto la intención de Unamuno de mantener la atemporalidad del relato, el carácter intrahistórico de la novela: al autor le interesa poner de relieve un problema humano que puede darse en cualquier tiempo y lugar

3.6.2. Tiempo interno
- Presente del editor: El autor finge publicar unas memorias.
- Presente de la narradora: el momento en que Ángela escribe sus memorias (50 años).
. Fórmulas introductoras: Ahora.... Recuerdo....
- Pasado: hechos acaecidos, la historia del párrooco:
. Progresión cronológica lineal.
. Tiempo lento.
. Recuerdos fragmentarios.

3.7 El espacio

3.7.1. Espacio real.
La aldea en la que transcurre la novela – Valverde de Lucerna – es trasunto literario de un pueblo real de la provincia de Zamora, situado junto al lago Sanabria. Así lo indica Unamuno en el prólogo.
La leyenda que invoca Unamuno hace referencia a una ciudad – Lucerna – que fue conquistada por Carlomagno y que quedó sumergida en el lago que se formó al brotar el agua de la tierra.

3.7.2. Espacio novelesco
El espacio en que se desarrollan los hechos no se describe, dado que nos hallamos ante una novela de “personalidad” y no de costumbres. El paisaje adquiere importancia no por sus características físicas, sino por su función simbólica.
a) Connotación de los topónimos: la historia de don Manuel transcurre en la aldea de Valverde de Lucerna, perteneciente a la diócesis de Renada.
El nombre de la villa tiene ciertas connotaciones positivas (tal vez simbólicas):
- “Valverde” es compuesto de “val” (apócope de valle) y de “verde” (símbolo de la
esperanza)
- “Lucerna” significa “araña grande para alumbrar o especie de lamparilla o linterna”.
Sin embargo estas posibles connotaciones positivas quedan contrarrestadas, porque el referente real es una aldea del mismo nombre sumergida en el lago; y porque, en segundo lugar, la aldea pertenece a la diócesis de Renada, diócesis imaginaria cuyo nombre encierra connotaciones negativas al estar compuesto del prefijo “re” que indica el “aumento” y el sustantivo “nada”. Renada podría significar, por tanto, “más que nada”.
b) Valverde de Lucerna, monasterio y convento.
Este espacio novelesco es vivido como monasterio por don Manuel y como convento por Ángela, dos ámbitos de vida en comunidad, marcados por el deseo de la fe.

3.7.3. Identificación de don Manuel con el espacio novelesco.
- Unamuno ha puesto especial énfasis en manifestar la relación existente entre don Manuel y el espacio novelesco. Don Manuel vive en estrecha comunión con el paisaje (la aldea, el lago y la montaña):
“Y a los quince años volví a mi Valverde de Lucerna. Ya toda ella era don
Manuel; don Manuel con el lago y la montaña”
- Los rasgos físicos y la personalidad de don Manuel se ponen siempre en relación con elementos del paisaje: “Llevaba la cabeza como nuestra peña de buitre su cresta”; “había en sus ojos toda la hondura azul de nuestro lago”; “su canto, saliendo del templo, iba a quedarse dormido sobre el lago y al pie de la montaña” etc.
Creemos que mediante esta identificación se tiende a ofrecer una imagen duradera, perdurable, inmortal de don Manuel.

3.7.4. Los tropos
- El lugar ambiente en esta novela no es descriptivo, aunque tenga el fondo implícito de un lugar concreto (León de los paisajes). El espacio narrativo en este texto es simbólico. Hay una aldea remota situada entre la montaña y el lago. Aldea, montaña y lago representan los tres símbolos de la novela. La aldea de V. L. Se identifica en el texto con un grupo selecto de nombres: aldea, villa, pueblo, monasterio y convento. El sistema creativo de Unamuno se basa en tres tropos tradicionales empleados en el contexto de estos tres símbolos.

- Valverde de Lucerna se extiende, por uso de metonimia a identificar el lugar con la población. En cambio, con lago y montaña, Unamuno emplea el símil y la metáfora para crear el significado más profundo de su obra: la fe y la duda y su personificación en el protagonista Manuel-Cristo.

* La metonimia logra identificar la aldea de V. L. y su población, parte principalmente del doble uso de “pueblo”. En unas líneas es “todo el pueblo” (96:23), refiriéndose a la población. En otras es “cuando vuelvas a tu pueblo” (99:27) refiriéndose al lugar.

* Una vez vista la identificación metonímica, Unamuno añade los nombres de significación simbólica: “Mi monasterio des V.L.. Yo no debo vivir solo... Debo vivir para mi pueblo, morir para mi pueblo...”, “A nuestro monasterio V.L. (111:4-5), “en el pueblo que es mi convento” (113:90), etc. Aquí “pueblo” lleva el significado de intrahistoria

* Los símbolos de montaña (fe) y lago (duda), se desarrollan, a través de la obra, primero como símil, y luego como metáfora.
Como símil los encontramos al empezar la novela: “llevaba la cabeza...” (97:34-36); “y no era un coro sino...” (103:162-8). En la última cita el símil compara la voz de don Manuel con la montaña y el silencio de don Manuel como zambullido en un lago. Por tanto, la voz del pueblo en su proclamación de fe, se compara con la montaña, y el silencio, que demuestra la falta de fe de don Manuel. Se compara con el lago.
Pero aquí no acaba el desarrollo simbólico; falta la metáfora de la nieve. Cuando don Manuel dice a Lázaro: “¿Has visto, Lázaro, misterio mayor que el de la nieve cayendo y muriendo en él mientras cubre con su toca a la montaña?” (130:59-61).. La nieve como la vida misma es transitoria, pero los copos que caen en la montaña perduran. En contraste, los copos que caen en el lago se disuelven. Así es la vida del pueblo: con la fe forma una montaña en su colectividad, sin fe los hombres se pierden. El misterio de la nieve es el misterio de la fe.
Por tanto, el paisaje adquiere un significado simbólico paralelo al tema central de l novela (la inmortalidad).: la montaña y la nieve sobre ella simbolizarían la permanencia, la inmortalidad, mientras que el lago con la villa sumergida y fundiendo la nieve significaría la desaparición, la aniquilación definitiva.

4.- Personajes.

4.1. Caracterización

San Manuel es una novela de ideas y de personajes, en la que apenas sucede nada; la acción narrativa ocupa un segundo plano y parece que apenas transcurre el tiempo.
- Los personajes - de “carne y hueso”, como le gustaba decir a Unamuno - encarnan ideas y sentimientos, sufren, viven, luchan, y mueren. Personajes, lo que se dice personajes de carne y hueso, ninguno. Almas, cuatro: un cura, una muchacha, un hombre y un idiota.
- No se nos facilita sus rasgos físicos, sino sus rasgos espirituales: carácter, personalidad, vivencias, sentimientos, creencias...
- No hay descripciones de los personajes, a no ser una muy esquemática de don Manuel: “era alto, erguido”...”
- En cuanto a la caracterización de los personajes es fundamental recordar que los conocemos a través de Ángela, desde su particular posición y su intervención en los hechos, a través de sus propios sentimientos. Ángela habla además, desde la perspectiva del recuerdo.
- En ocasiones, se nos presenta a los personajes directamente, a través de lo que dicen
- gracias a la reproducción de fragmentos en estilo directo. Ángela, por ejemplo, prefiere revelar al lector el “secreto” de don Manuel transcribiendo las mismas palabras que empleó Lázaro cuando se lo contó a ella..
- Finalmente, el autor se sirve del simbolismo de los nombres para la caracterización de los personajes principales:
. Manuel = Emmanuel: Dios con nosotros.
. Lázaro, en el evangelio, es el amigo de Cristo, el que éste resucita.
. Ángela significa mensajera y es la narradora de la historia.

4.2. El personaje de don Manuel.

4.2.1. Descripción de don Manuel.
De don Manuel nos interesa fundamentalmente su personalidad, la intimidad de su espíritu. De ahí que apenas conozcamos su imagen física. Tan solo,. Al principio del relato, y de forma simbólica, se nos presenta de la siguiente manera:
“Tendría él, nuestro santo, entonces, unos treinta y siete años. Era alto,
delgado, llevaba la cabeza como nuestra peña de buitre...”
Al identificar su mirada con el lago en el había sumergida una villa, el autor nos sugiere la existencia de un secreto – doloroso – escondido en su corazón.

4.2.2. Su personalidad.
La personalidad de don Manuel es compleja y en ciertos aspectos resulta oscura y contradictoria. En ello influye el que lo conozcamos a través de los recuerdos que de forma fragmentaria acuden a la memoria de Ángela, siempre tamizados por su particular visión de los hechos.
- Su personalidad se caracteriza por una contradicción desgarradora entre lo que siente y lo que manifiesta, entre lo que cree (lo que deja de creer) y su vida.
Esta paradoja nos lleva a la conclusión de que para Unamuno, el problema de la fe np consiste en un “sí” o un “no”, sino un estado de duda y de lucha constantes.
- La tentación del suicidio: En una de las primeras secuencias se refiere una breve anécdota relacionado con el suicidio:
“Y como una vez, por haberse quitado uno la vida, le preguntara el padre
del suicida, un forastero, si le daría tierra sagrada, le contestó:
-Seguramente, pues en el último momento, en el segundo de la agonía, se arrepintió
sin duda”
Don Manuel confiesa más adelante a Lázaro que el suicidio era su “tentación mayor”. Había heredado esa tendencia de su padre. En realidad, la tendencia al suicidio parece una consecuencia lógica de la angustia con la que vive su descreimiento en otra vida.

4.2.3. Relaciones simbólicas de don Manuel.
- Relación con Cristo: El paralelismo entre Cristo y don Manuel es buscado conscientemente por el autor. Lo indica el nombre del protagonista y diversos episodios y pasajes:
. Se dice de don Manuel que tiene una “voz divina”.
. A don Manuel se le tenía por “santo” en la comarca y se decía de él que hacía
curaciones sorprendentes.
. El cambio de actitud de Lázaro (de anticlerical y progresista a fiel colaborador
del párroco) recuerda la resurrección del Lázaro evangélico. La del Lázaro
literario sería un resurrección a la vida de la fe (en el sentido que venimos
explicando).
. Don Manuel utiliza frases del evangelio.
. La invocación de Cristo al Padre; “¡Dios mío, Dios mío por que me has
abandonado!”
- Relación con Moisés: Al igual que Moisés guía a su pueblo a la tierra prometida, don Manuel conduce al suyo a la vida eterna. Y al igual que Moisés no pudo entrar en la tierra prometida por haber dudado de Dios, don Manuel queda excluido de la fe en la salvación. Además pide a Lázaro que sea su Josué para guiar su pueblo.
- Relación con Don Quijote: El paralelismo entre don Manuel y don Quijote revela la admiración que Miguel de Unamuno tuvo siempre por el caballero.
El apellido de don Manuel – Bueno – coincide con el sobrenombre que daban en su tierra al hidalgo Alonso Quijano (Don Quijote) llamado “el Bueno”.
En el prólogo el propio autor relaciona a ambos personajes:
“Y no quiero aquí comentar ya más el martirio de don Quijote ni el de don Manuel Bueno, martirios quijotescos los dos”.
- Relación con el payaso: El payaso que actúa en el pueblo puede relacionarse directamente con el párroco: el payaso – aún embargado por la infinita tristeza por la muerte de su mujer – trabaja manteniendo una apariencia “alegre” para dar alegría a los demás. Lo mismo hace don Manuel a pesar de su intima congoja, procura transmitir “el contento de su vivir” a sus feligreses.

4.2.4. Don Manuel visto por el autor y los personajes.
- Santo y mártir: Unamuno presenta a don Manuel como “santo y mártir” ya en el título de la novela. En el epílogo se refiere a él como “santo”.
También Ángela le considera “santo y mártir”, al igual que Lázaro y el pueblo todo. Por su fama y por su conducta ejemplar, el obispo inicia el proceso de beatificación.
Sin embargo en el sentido religioso de uno y otro término, don Manuel ni es santo no es mártir.
- Varón matriarcal: Al comenzar la novela, Ángela define a don Manuel como “varón matriarcal”, antítesis muy del gusto de Unamuno.
Es claro que don Manuel es el padre espiritual de los habitantes de la aldea. Sin embargo, la narradora le llama “varón matriarcal”. El adjetivo “matriarcal” significa “que manda o guía como la mujer”, podríamos decir también “como la madre”. Don Manuel es un “varón matriarcal”, porque guía la fe de su pueblo con el cariño y la protección de una madre.
- Los personajes perciben también diferentes imágenes de su “yo íntimo” según conozcan o no su secreto.
. Para el pueblo: Hombre de fe perfecta.
. Para Ángela: Hombre atormentado por la duda
. Para Lázaro: Hombre sin fe.

4.3. El personaje de Ángela.

4.3.1 .Ángela-narradora
Como narrador-testigo, Ángela refiere lo visto y lo oído, pero también lo sentido, incorporándolo al testimonio y formando parte de él. Al constituir la única fuente de información, el resultado es la unidad de perspectiva.
Ángela es una narradora no omnisciente, ya que no conoce todo lo que sucede nio toda la realidad íntima de los personajes.
Para la elaboración de sus memorias se sirve:
- De sus recuerdos, de lo que ella vio y oyó directamente y de lo que le contó Lázaro y
- de sus memorias que comenzó a escribir Lázaro tras la muerte de don Manuel.
Por otra parte, Ángela mantiene una actitud vacilante ante la verdadera personalidad de don Manuel
Nos presenta a un don Manuel ejemplar, admirable, varón matriarcal, santo; pero por otro lado, cuestiona su falta de fe e intenta convencer al lector de que don Manuel creía, a pesar de sus manifestaciones y de sus evasivas.
La ambigüedad preside el texto narrativo. Para referirse a la actitud del párroco, Ángela emplea expresiones contradictorias del tipo de “piadoso fraude”. Y de ahí la paradójica afirmación final de que Lázaro y don Manuel creían sin creer que creían.

4.3.2. Ángela-personaje
Cuando escribe, Ángela es una mujer madura. Se trata de una mujer sensible, atormentada por el recuerdo, que quiere desahogar su corazón revelando el secreto que le angustia desde mucho tiempo atrás. Su angustia se ha agudizado con la iniciativa del obispo de beatificar a don Manuel y, por ello, comienza a escribir.
Ángela se mueve entre la inclinación mística y la duda. A pesar de las sugerencias que le hacen tanto su madre como don Manuel de que profese en un convento o de que se case, ella decide entregar su vida a las gentes de su aldea.
De naturaleza casi hipersensible, Ángela nos ofrece una visión nostálgica de su pasado, describiendo imágenes tristes y penosas:
“Llegué acongojadísima y me encerré en mi cuarto para llorar”.
Y en otra ocasión:
“ Los dos, él y yo, doblamos en silencio la cabeza y nos pusimos a llorar”.
Pero el personaje Ángela carece de sentido si no lo ponemos en relación con don Manuel. Sus sentimientos hacia el sacerdote evolucionan a lo largo del relato:
- Inicialmente sus sentimientos hacia él es de admiración (le llamaba “padre espiritual”).
- Cuando regresaba de la ciudad, siente por él un profundo respeto y decide ponerse “bajo su protección” con la intención de que él “me marcara el sentido de la vida”.
- El afecto y el cariño se trueca, en ocasiones, en lástima, al intuir que algo angustiaba al sacerdote.
- Finalmente llega a sentir por él un “afecto maternal”, que le lleva a preocuparse por su vida espiritual: “Quería aliviarle del peso de su cruz del nocimiento”

 

4.4. El personaje de Lázaro.

Lázaro simboliza la “resurrección”, es decir, la transformación de un ser muerto a la vida de la fe en un ser vivo, creyente. No obstante,, este resurrección es sólo aparente, puesta al servicio de la obra de don Manuel: Lázaro acude a misa y comulga para dar contento a las gentes del pueblo y mantener intacta su fe.
Lázaro no cree y no siente la necesidad de creer. No obstante,, se presta a colaborar con don Manuel porque comprende la importancia de su labor. Al morir el sacerdote, Lázaro pasa a ser, por encomienda de don Manuel, el guía espiritual del pùeblo.

4.5. Blasillo.

El bobo, actúa exclusivamente dirigida por el autor para subrayar ciertos momentos fuertemente connotativos y simbólicos, fundamentalmente para repetir el grito de angustia de Cristo y del párroco: “¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?
Posiblemente representa la suprema inconsciencia, la caricatura del infantilismo de la fe, la fe del carbonero.

5.- Estilo

El carácter y el contenido de la novela, ideológico y conceptual, condiciona el estilo de la narración. El texto está impregnado de una terminología abstracta; llena de paradojas, antítesis, metáforas, metonimias, símbolos...
Además, el estilo viene determinado por la presencia de un narrador ficticio: una mujer de 50 años, que redacta sus memorias y recuerda con nostalgia unos hechos pasados. De ahí, las digresiones o reflexiones – algunas de tono irónico – de la narradora al hilo del relato, ciertas exageraciones, las reiteraciones...

5.1. Técnica narrativa

5.1.1. El recurso técnico de manuscrito encontrado
Toda la novela se construye sobre este artificio literario: Por medio de este artificio Unamuno intenta afianzar la verosimilitud del relato haciéndonos creer que Ángela es un ser real, con entidad física, y, que don Manuel existió también realmente.
Lo que le interesa al autor es insistir en que estos personajes – reales o no
representan una situación real, un drama humano.
El artificio del manuscrito encontrado es, por tanto, un recurso técnico del que se sirve Unamuno para dar verosimilitud al relato, poner de manifiesto la humanidad de los personajes y distanciarse él mismo de los hechos narrados.. La elección de una mujer como narradora, responde así mismo a esta última razón.

5.1.2. Reflexiones de la narradora.
El recurso del manuscrito encontrado permite al autor, además, formular comentarios y reflexiones acerca de lo que va sucediendo en el relato: lo hace directamente en el epílogo, sin disimular su autoría, e, indirectamente, a través de la narradora, que comenta, opina y reflexiona irónicamente.

5.1.3. Formas de expresión: predominio de la narración y el diálogo.
- Al tratarse de unas memorias, es lógico que predomine la narración. La narradora no es omnisciente, pues no conoce sino parcialmente la historia del protagonista. Por ello, en ocasiones, aduce fragilidad de la memoria, olvido, confusión...
- Casi no hay descripciones, ni hay monólogo interior. El diálogo reproduce bien lo que la narradora oyó directamente, bien los de Lázaro y don Manuel que Lázaro repitió a Ángela, o que Ángela tomó de los escritos de Lázaro.
En las novelas de Unamuno los diálogos son “vehículo de ideas”, son “exteriorización de los conflictos ideológicos y de los dramas íntimos”. Ejemplo de ello es esta obra. Unamuno da también a los diálogos una función narrativa (contar cosas): así las conversaciones en que Lázaro refiere a Ángela las tribulaciones de don Manuel. Un aspecto original es el diálogo dentro del recuero de otro diálogo (sec 14): la confesión que don Manuel hace a Lázaro no nos llega en la reproducción directa de un diálogo entre ambos, sino en una confesión de Lázaro a su hermana.
El diálogo en lugar de crear situaciones y relaciones que cambien el curso de los acontecimientos, además de aparecer de forma indirecta,, se sumerge también en lo tópico y cotidiano. Así vemos que en vez de decir cosas únicas, don Manuel “gustaba de repetir”, “decía”, “repetía”. Ello es especialmente visible en lo que podríamos considerar la introducción de la obra , sec. 1-8
Sin embargo, cuando Ángela vuelve del colegio (sec. 9), entra en contacto personal con don Manuel, lo que hace y dice el sacerdote se vuelve realidad concreta y surge el diálogo directo.


5.2. Lenguaje.

5.2.1. Lenguaje cuidado y complejo en su aparente sencillez.
- Aunque Unamuno es consciente de que, en teoría, debe emplearse un “lenguaje coloquial”, ya que la redacción del relato corresponde a una mujer pueblerina de estudios medios, lo cierto es que utiliza un “lenguaje muy cuidado”, de carácter literario e incluso poético.. No se hacen concesiones al lenguaje rural ni al lenguaje de las gentes sencillas.
- Deberíamos distinguir el lenguaje de la narradora y el de los diálogos. El primero corresponde a Ángela y el segundo a los personajes que intervienen cada caso. Lo cierto es que no se aprecian diferencias sustanciales entre uno y otro registro.
Hemos de pensar que Unamuno no pretendió escribir una prosa sencilla, reflejo del lenguaje propio de una mujer que sólo ha estudiado cinco años en un colegio de monjas y apenas ha salido de su pueblo. La prosa de la novela es compleja y el estilo literario, como pude observarse ya en el primer párrafo de la novela: (Ver)
Obsérvese que este extenso párrafo desarrolla una sola oración compuesta
que presenta diversas modalidades de subordinación y diferentes aposiciones,
perfectamente ordenadas según el criterio lógico-gramatical. Partiendo de la
subordinada adverbial temporal, interrumpida varias veces por subordinadas
adjetivas, se llega a la proposición principal (quiero dejar aquí consignado a
modo de confesión...) para desembocar en dos proposiciones adjetivas (la última
de las cuales concluye con dos sintagmas en aposición.

5.2.2. La utilización del Pret. Imperf.
Desde que se inicia la narración domina, monótono y obsesionante, el uso del Imperfecto: la población de V.L. “solía” acudir al lago..., “acudía” a misa, “cantaba” a cro, etc. El imperfecto, tiempo del recuerdo, es el tiempo obligado para la descripción de “acciones pasadas”. Es el tiempo adecuado para la creación del mundo de la memoria de Ángela. Gracias al imperfecto nos sitúa en la continuidad invariable de un modo de vida eterno e intrahistórico. Así con el uso del imperfecto percibimos las acciones de don Manuel y sus hijos como lo cotidiano.
Aquí podríamos incluir lo que decíamos antes del diálogo: “además de aparecer de forma indirecta, se sumerge en lo tópico y cotidiano”.

5..2.3. Citas y referencias bíblicas.
Dado el contenido religioso de la novela no pueden sorprendernos la abundancia de citas y referencias bíblicas. Las citas suelen estar tomadas literalmente del Nuevo Testamento y puestas en boca de don Manuel.:
¡Dios mío, Dios mío...!
¡Cómo lo quieren!
Las referencias bíblicas relacionan directamente paisajes de la novela con los hechos con los hechos evangélicos, así por ejemplo, el episodio de la comunión de Lázaro se relaciona con las negaciones de San Pedro y el canto del gallo:
“Y, entonces pues era la madrugada, cantó un gallo”.

5.2.4. Lenguaje literario.
Aparte de la complejidad de la sintaxis, nos hallamos ante un lenguaje deliberadamente literario y poético, como se observa en los siguientes rasgos:
- El tono nostálgico, logrado a través de un léxico sensitivo y de la posición enclítica de la “se” (arcaismo): estremecíase, sentíase, etc.
- La ambientación romántica y el tono deliberadamente sensorial de algunos fragmentos:
“Íbanse por las tardes de paseo, orilla del lago, o hacían las ruinas , vestidas
de hiedra, de la vieja abadía de los cistercienses”
- El empleo constante de comparaciones.
- Las imágenes:
“Y cayeron temblando de sus pestañas a la yerba del suelo dos huideras lágrimas
en que también como en rocío, se baña temblorosa la lumbre de la luna llena” (Lázaro)
- El constante empleo de la metáfora, a veces en forma alegórica.
- Otros rasgos del lenguaje literario: La actitud de Unamuno es equívoca: persigue deliberadamente el lenguaje poético a pesar de disfrazarlo, en ocasiones, de aparente sencillez:
. El empleo de arcaísmos: íbanse etc.
. El uso de palabras o frases infrecuentes: huideras.
. El orden de las palabras, que se aparte con frecuencia del usual.
. La tendencia a sustituir el nombre por el pronombre.
. La sintaxis compleja (oraciones compuestas de varios miembros) que dificulta
la comprensión, en especial en aquellos casos en que se introduce una proposición
entre el verbo y su complemento: “atormentan, como inquisidores que son, a los
demás”
. El frecuente recurso de los vocativos retóricos: “hay, Ángela, dos clases de hombr
- Símbolos: Es difícil establecer conclusiones acerca de los símbolos empleados por Unamuno en su novela, ya que la ambigüedad está siempre presente en el texto.
En principio, encontramos dos elementos claramente simbólicos (imágenes físicas asociadas a ideas o sentimientos): “el lago y la montaña”. Su reiteración a lo largo del relato, siempre en contextos relacionados con la fe y la duda, suscita una falta de acuerdo a su significado. Así por ejemplo, Ricardo Gullón, considera que “el lago” es el símbolo de la “nada”, de la aniquilación que seguirá a la muerte, mientras que para Pelayo Fdz simbolizaría la inmortalidad.
La “montaña”, sin embargo, parece aludir con mayor precisión al mundo de la fe, a la confianza de las gentes del pueblo en Dios y en la eternidad, por sus connotaciones de estabilidad, fortaleza y permanencia..
Lo cierto es que la interpretación es difícil, pues incluso para los propios personajes estos símbolos significan cosas distintas. Para don Manuel y Lázaro el lago es una realidad triste que les recuerda la muerte, mientras para Ángela es el paisaje que ella ama.



6.- Interpretación y sentido

El estilo deliberadamente ambiguo y la ausencia de conclusiones – tanto por parte de Ángela como por parte de Unamuno – dejan sin respuesta numerosas interrogantes.

6.1. El problema de la inmortalidad y las memorias de Ángela.

En la novela se plantea el problema de la inmortalidad: ¿Existe o no una vida tras el umbral de la muerte? ¿Hay o no cielo e infierno?. La respuesta varía con los personajes- Blasillo cree sin plantearse ninguna duda. Ángela cree a pesar de sus dudas; don Manuel sufre porque cree que no cree cuando quiere creer; y Lázaro no cree pero tampoco siente necesidad de hacerlo.
Ángela y don Manuel encarnan, por tanto,. “la duda”: de un lado, la duda positiva, que afirma, que mantiene la esperanza y la fe, y, de otro, la duda negativa. Que niega la esperanza. En ambos casos late una fuerte religiosidad que lucha por creer. Se ha llegado a decir, en consecuencia, que esta novela encierra una “teología”, un auténtico “arte” de la duda.
El problema de la inmortalidad, no obstante, está plenamente relacionado con la forma de las memorias y la técnica del manuscrito encontrado. Además de su intento por distanciarse de la materia narrativa y de crear sensación de verosimilitud, Unamuno plasma de una forma real el problema de la inmortalidad: si no hay una vida eterna para el alma de don Manuel, sí puede, al menos, “inmortalizarse” a través del relato. De esta forma don Manuel vive, pervive, en la mente de los lectores. Se trata de otra forma de inmortalidad.
Movida por la duda, Ángela Carballino necesita escribir, relatar la vida de don Manuel, aunque con ello descubra su secreto. Lázaro, próxima ya la hora de su muerte, se apena porque con él morirá algo de don Manuel, “pero lo demás de él vivirá contigo”, le dice a su hermana, hasta que ella muera, porque entonces “hasta los muertos nos moriremos de todo”. Las memorias de Ángela evitan el olvido y don Manuel pervive, gracias al relato, en la mente de los lectores.

6.2. Unamuno y don Manuel.


San Manuel Bueno, mártir plantea y desarrolla un problema que obsesiona a su autor, pero no es una novela autobiográfica.
Unamuno se proyecta sobre su personaje y descarga en él inquietudes, dudas, vivencias. No obstante lo cual, personaje y autor no pueden ser identificados.

6.3. El mensaje de la novela y la actitud del autor.

El autor plantea el problema de la inmortalidad, sin darle solución. De la lectura de la novela no se deduce que Unamuno crea en la vida eterna o no lo haga. La duda, la ambigüedad, es el terreno en el que quiere introducirnos. No hay, pues, una solución final aportada por Unamuno.
Ha de tenerse en cuenta que don Manuel no es ateo: lo único que omite en el rezo del Credo es lo referente a la resurrección: él no cree en la inmortalidad, pero sí cree en Dios. Además, debemos tener presente la reflexión final de Ángela: “Se murieron creyendo no creer lo que más nos interesa, pero sin creer creerlo”.
Tampoco podemos obviar el paisaje, que se convierte en una proyección de lo humano. El misterio de la vida futura, de la vida eterna, se simboliza en la permanencia del mundo físico: el pueblo, el lago y la montaña. No obstante hay un elemento del mundo físico – la nieve – que permanece en unos casos y desaparece en otros, permanece en la montaña, pero se funde en el lago.
Don Manuel observa sorprendido el misterio de la nieve: el hombre es como la nieve. Pero ¿cómo la nieve en la montaña o como la nieve en el lago?
* Creemos que la intención de Unamuno al escribir esta novela era remover la conciencia de sus lectores, plantearles el problema de la inmortalidad que tanto le obsesionaba e invitarles a la reflexión, sumirles, tal vez, en un mundo interior inquietante.



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