|
|
 |
Miguel
de Unamuno
S. Manuel Bueno, martir
Miguel
Garcia Rodriguez
Departamento de Lengua y Literatura Castellana
Colegio Ntra. Sra. de la Paz
|
CONTEXTO HISTÓRICO-LITERARIO
1.- La crisis de fin de siglo
Los años finales del siglo XX fueron años de recapitulación
y de análisis crítico de la realidad circundante. El siglo
XIX español había significado una continua lucha para
modernizar el país y dotarlo de más estructuras sociales
y políticas adecuadas. El esfuerzo,, sin embargo, no había
dado los frutos apetecidos. A finales de siglo la situación era
desalentadora.
* Los núcleos rurales estaban dominados por los caciques, que
imponían a las clases populares sus particulares concepciones
sobre política o economía.
* En las pequeñas ciudades provincianas dominaba una burguesía
banal, de miras estrechas, inhibida de todo aquello que no fuera el
propio bienestar personal.
* La Iglesia mantenía un papel beligerante contra la ciencia
y contra todo movimiento político de carácter progresista,
ejerciendo un estricto control social.
Este panorama, recogido en la literatura por autores de la talla de
Clarín, Galdós, Baroja o Antonio Machado, hizo que cundiera
el desánimo y se extendiera la impresión de crisis social
y política. Intelectuales como Joaquín Costa o Ángel
Ganivet proclamaron entonces la necesidad de regenerar el país,
y la palabra “regeneración” se convirtió en
una palabra clave en la época.
Un hecho trascendental se añadió a esta situación
y vino a sacudir las conciencias más dormidas: el desastre del
98 y la consiguiente pérdida de Cuba, Filipinas y Puerto Rico.
El siglo había comenzado con la independencia de los territorios
españoles enclavados en el continente americano y se cerró
con la pérdida de las últimas posesiones coloniales que
España mantenía en América y Asia. De lo que había
sido un vasto imperio, sólo quedaban algunos enclaves situados
en África. España había quedado relegada a potencia
de segundo orden.
En este contexto de crisis surgió el “Modernismo”
como reacción al Realismo y al Naturalismo. El Modernismo se
ramificó en dos corrientes o actitudes: una “estetizante
y decadentista”, representada por Rubén Darío, y
otra “combativa y crítica”, representada por los
miembros de la G. 98: Unamuno, Azorín, Baroja... Ambas corrientes
parten de la misma insatisfacción personal ante lo que consideran
como mediocridad burguesa y corren parejas hasta confundirse. Así,
Rubén Darío, máximo exponente de la actitud estetizante,
evolucionó hacia la corriente crítica en “Cantos
de vida y esperanza”, y lo mismo cabe decir de Antonio Machado.
Y, a la inversa, autores que se habían iniciado en la crítica
social, como Azorín. Evolucionaron más tarde hacia posiciones
estetizantes, alejadas de todo compromiso social.
En definitiva, el Modernismo responde en sus dos vertientes a un actitud
de “rebeldía e inconformismo”. Rubén Darío
reniega del tiempo que le ha tocado vivir y piensa que la búsqueda
de la belleza ideal es la mejor provocación al espíritu
utilitario burgués. Igualmente, los miembros de la G. 98 combaten
el espíritu burgués desde posiciones ideológicas
próximas, en algunos casos, al anarquismo, enlazando con las
actitudes inequívocamente críticas de Larra.
2.-
La novela en las primeras décadas del siglo XX.
2.1.
El Modernismo,. Movimiento renovador. La novela.
El Modernismo se plantea la complejidad de la realidad y la creación
– en la obra de arte -- de una nueva realidad artística,
Esas ansias de renovación, que hemos advertido en la poesía,
producen también una búsqueda de nuevas formas narrativas.
El “realismo” decimonónico era contemplado ya con
enorme insatisfacción por sus mejores novelistas: Galdós,
por ejemplo, escribió en forma exclusivamente dialogada algunas
de sus últimas novelas.
2.2. Primeros intentos renovadores.
Durante la primera década del siglo XX, mientras el público
todavía sigue adicto a los folletines realistas, surgen los primeros
intentos de renovación de la novela: un año después
de la muerte Clarín, en 1.902 aparecen cuatro títulos
que suponen ya una nueva concepción del género:
- “La voluntad”, de Azorín.
- “Camino de perfección”, de Pío Baroja.
- “Sonata de Otoño”, de Valle-Inclán.
- “Amor y pedagogía”, de Unamuno.
Se trata de intentos diferentes de conseguir un objetivo común,
la ruptura con el Realismo. A partir de este momento, la novela deja
de ser un género cuyo único objetivo es reflejar la realidad
cotidiana, o hacer una crónica de la sociedad, y se concibe ahora
como un juego artístico libre. Unos pretenden, en ese juego,
crear mundos alejados de lo cotidiano (el mundo de lasa sensaciones,
investigado por Valle y Miró); otros, buscar materia narrativa
para sus planteamientos filosóficos e intelectuales (Unamuno
o P. Ayala), o explorar el mundo interior de los personajes a través
de su relación con el mundo exterior (P. Baroja o algunos de
los anteriores.).
Todos ellos piensan que a través de la literatura se pueden descubrir
aspectos de la realidad humana oscurecidos por la costumbre o por la
rutina, y que la novela puede dejar en un plano secundario la acción,
los conflictos de los personajes, o la descripción de ambientes
y escenarios, elementos que en la novela realista eran objetivo primordial
de la narración.
Todos ellos aspiran a la perfección formal, pues piensan que
a través del arte se puede captar “la inmensa complejidad
de la experiencia” (Pérez de Ayala).
A los primeros intentos renovadores de los escritores, llamados modernistas
o del 98, se incorporan después los de la generación del
1.914, es decir, tambíen llamada novecentismo: Gabriel Miró,
Ramón Pérez de Ayala, Eugenio de Ors, Ramón Gómez
de la Serna, etc. Unos y otros contribuyen al florecimiento literario
del primer tercio del siglo XX, el cual después se enriquecerá
con el grupo del 27, hasta hacer hablar a los críticos de “La
edad de plata” de la literatura española, aludiendo a una
brillantez paralela a la de nuestro Siglo de Oro.

MIGUEL DE UNAMUNO
1.-
Biografía
Nació en Bilbao el año 1.864. Obtuvo la cátedra
de griego en al Universidad de Salamanca y durante muchos años
fue rector de esta Universidad
En su juventud fue socialista, pero paulatinamente evolucionó
hacia posturas conservadoras. No obstante, mantuvo ideales republicanos
que el valieron el destierro y el exilio durante al dictadura de Primo
de Rivera (1924-1930).
En 1.897 sufrió una crisis religiosa que le llevó a plantearse
seriamente el problema de Dios y el papel del hombre en el mundo. Estas
preocupaciones religiosas se mantuvieron durante toda su vida e influyeron
notablemente en su obra.
2.-
Su obra
La obra de Unamuno es una continua meditación sobre el hombre,
la muerte y Dios. El tema central de sus obras es la perduración
del hombre tras la muerte, lo cual le lleva a plantearse el sentido
de la vida y la existencia de Dios
Unamuno mantuvo en sus escritos una postura racional: el hombre solo
puede conocer a través de la razón. Ahora bien, según
Unamuno, la razón no nos permite tener la certeza de la existencia
de Dios; a Dios sólo se puede acceder a través del sentimiento,
no de la razón. Por eso su obra resulta contradictoria; y precisamente
es una contradicción, esa lucha íntima entre razón
y fe, la que da sentido a la vida..
2.1.
Ensayos
El ensayo literario es para Unamuno un vehículo óptimo
para exponer y dramatizar
sus teorías.
Dentro del tema general del hombre destacan en los ensayos dos aspectos
concretos: la preocupación por la historia (España) y
la preocupación por la religión, el sentido de la vida
humana.
a) La preocupación por España surgió del interés
por conocer los aspectos del hombre que han permanecido inalterables
a lo largo del tiempo
Unamuno se planteó el problema de España, intentando profundizar
en las raíces de los español. Su amor por ella le arranca
su conocido grito: “¡Me duele España!”. En
sus obras deslindó entre historia e intrahistoria. La historia
la hacen los héroes; la intrahistoria, en cambio, la hacen “los
millones de hombres sin historia”, es decir, los hombres normales,
anónimos. El verdadero carácter de un pueblo se manifiesta
en su intrahistoria.
Son numerosos los ensayos sobre estas ideas, como los recogidos ej sus
libros, “En torno al casticismo (1865)”, “Por tierras
de Portugal y España (1911)”, “Andanzas y visiones
españolas 1912)” “Paz en la guerra” etc. Tiene
singular fama su “Vida de don Quijote y Sancho (1905)”,
personal y apasionada interpretación del magno libro como expresión
de la esencia española y permanente modelo de idealismo.
b) Meditaciones sobre el sentido de la vida dan a Unamuno un puesto
eminente en la filosofía española. Surgió del interés
de Unamuno por la muerte y más allá. Para Unamuno, la
Naturaleza no obra en valde: si en el hombre existen deseos de eternidad,
tales deseos tienen que tener respuesta. El hombre necesita que exista
un Dios que garantice su perdurabilidad más allá de la
muerte, aun cuando la razón niegue la existencia de ese Dios.
Estas ideas están recogidas en dos ensayos: “Del sentimiento
trágico de la vida (1923)” y “La agonía del
cristianismo (19125)”., En el segundo la palabra “agonía”
se emplea en su sentido etimológico de “lucha”.
2.2.
Novelas, poesía y teatro.
a)
Novelas: Unamuno escribe en general relatos cortos en los que plantea
sus problemas vitales.
Para centrarse aún más en el drama de la existencia humana,
Unamuno evita situar la acción en un lugar y en un tiempo concretos,
prescinde casi de la descripción y rehuye el análisis
psicológico de los personajes. Por eso dice que sus novelas no
son realmente novelas, sino “nivolas”.
Su narrativa comienza con “Paz en la guerra (1897)”, novela
intrahistórica sobre la guerra carlista. Entre sus novelas posteriores
destaca “Niebla (1914)”, en la que intentó renovar
las técnicas narrativas, de ahí que la llamara, no “novela”,
sino ... “nivola”. Otros títulos “Amor y pedagogía”,
“La tía Tula”, “San Manuel, Bueno, mártir”
b) Poesía: Amplísima, compone una biografía de
su espíritu, desde sus “Poesías de 1907” al
“Cancionero” póstumo, pasando por “El Cristo
de Velázquez (1920)”, en que vierte su pasión por
Jesús. Aparecen los mismos temas que en su prosa: la angustia
existencial, el sentimiento religioso, la familia, la contemplación
del paisaje, los problemas filosóficos. Sus versos, de ritmos
ásperos y robustos, al margen de las
tendencias, tardarían en ser apreciados.
c) Teatro: Ha tenido escaso éxito. La densidad de ideas no va
acompañada de la fluidez escénica. Citemos “Fedra”,
“El otro” y “El hermano Juan”.
3.-
Estilo
Unamuno no fue un estilista que adornase la expresión. Él
prefirió un estilo sobrio, preciso, en el que la lengua reflejase
con exactitud su pensamiento.
Como ocurre en otror escritores de la G.98, Unamuno gustó de
rescatar localismos y palabras tradicionales de corte popular; cuando
de le acusaba de emplear palabras que no recogía el diccionario,
Unamuno respondía: “¡Ya las pondrán!”.
El espíritu contradictorio de Unamuno se resuelve en multitud
de antítesis y paradojas que reflejan la lucha del hombre consigo
mismo.
SAN MANUEL BUENO, MARTIR
1.- Argumento y problema central
2.- Temas.
2.1. La inmortalidad.
2.2. La religión
2.3. Religión y cuestión social.
2.4. Religión y activismo.
2.5. Religión y fe.
3.- Estructura.
3.1. Desdoblamiento autor narradora.
3.2. Estructura externa
3.3. Estructura interna.
3..4. Anécdotas o historias intercaladas.
3.5. Estructura cerrada y cíclica.
3.6. El tiempo del relato
3.6.1. Tiempo externo o histórico
3.6.2. Tiempo interno
3..7. El espacio.
3.7.1. Espacio real.
3.7.2. Espacio novelesco.
3.7.3. Identificación de don Manuel con el espacio novelesco.
3.7.4. Los tropos
4.-. Personajes
4.1. Caracterización.
4.2. Personaje don Manuel.
4.2.1. Descripción de don Manuel.
4.2.2. Su personalidad.
4.2.3. Relaciones simbólicas de don Manuel.
4.2.4. Don Manuel visto por el autor y los personajes.
4.3. El personaje Ángela.
4.3.1. Ángela-narradora.
4.3.2. Ángela-personaje.
4.4. El personaje de Lázaro.
4..5. Blasillo
5.- El estilo
5.1. Técnica narrativa. .
5.1.1. El recurso técnico de manuscrito encontrado.
5.1.2. Reflexiones de la narradora.
5.1.3. Formas de expresión: predominio de la narración
y el diálogo.
5.2. Lenguaje.
5.2.1. Lenguaje cuidado y complejo en su aparente sencillez
5.2.2. La utilización del Pret. Imperf.
5.2.3. Citas y referencias bíblicas.
5.2.4. Lenguaje literario.
6.- Interpretación y sentido.
6.1. El problema de la inmortalidad y las memorias de Ángela.
6.2. Unamuno y don Manuel.
6.3. El mensaje de la novela y la actitud del autor.

SAN MANUEL BUENO, MÁRTIR
1.-
Argumento y problema central
Don Manuel es un párroco que no cree en la inmortalidad del alma,
incapaz de pasar en un acto de fe de la realidad de Cristo a la idea
de la existencia de Dios. Y como don Manuel necesita creer, la voluntad
de fe y la carencia de ella luchan en el fondo de su alma. Pero esta
agonía jamás sale a la luz pública. Lo que más
le preocupa es evitar todo dolor a sus hijos que creen en él,
que le necesitan, por lo tanto, no puede revelar su secreto, ni colgar
la sotana, ya que cualquiera de estos dos actos “despertaría”
al pueblo de la paz en que duerme, provocando dolor y desengaño..
Así las cosas, un día vuelve al pueblo Lázaro,
hermano de Ángela Carballino, hombre de ideas progresistas y
anticlerical. Y es a él precisamente a quien el sacerdote confiará
su terrible secreto: no tiene fe, no puede creer en Dios y en la otra
vida, pese a sus vivísimos deseos. Tal actitud acaba arrastrando
al mismo Lázaro, quien finge convertirse y colaborar en la labor
con Don Manuel. Don Manuel, como su creador, no es incrédulo
ni creyente; vive como Unamuno creyó vivir, en la duda y en ella
muere. Precisamente su triunfo consiste, no solo en alimentar la fe
ingenua del pueblo, sino en traer a Lázaro de la negación
a la duda, no a la credulidad.
Y así pasará el tiempo hasta que el Santo muere sin recobrar
la fe, pero considerado un Santo por todos. También muere Lázaro
sin fe. Y Ángela se pregunta acerca de la salvación de
aquellos seres queridos: “murieron creyendo no creer lo que más
nos interesa, sin creer creerlo, creyéndolo en una desolación
activa y resignada”.
Nada pues, más lejos del Unamuno agonista y despertador de conciencias
que el creador de este párroco y de este Lázaro al revés..
“La paz es mentira, la verdad es antes que la paz”.
* En esta novela podemos observar muchas de las constantes unamunianas:
. En primer lugar el tema religioso que preocupó a Unamuno durante
toda su vida. En la obra se enfrentan varios tipos de fe: la “ingenua”,
“fe del carbonero”, de los sencillos campesinos; “la
profunda” y cálida de Ángela, y ña “fe
angustiada” de don Manuel.
. En segundo lugar, el problema filosófico de la personalidad
y su perduración. Según Unamuno, la personalidad humana
es algo dinámico: el hombre se hace a sí mismo viviendo.
La personalidad no está hecha hasta el momento final: la muerte.
Aquí comienza el problema que angustió a Unamuno durante
toda su vida: ¿se acaba el hombre con la muerte?
2.- Temas.
-
Escribe J. Butt que “en el caso de esta novela, las cuestiones
planteadas son verdaderamente numerosas parea una novela tan corta”.
En efecto, el autor desarrolla con mayor o menor extensión cuestiones
como la ociosidad, la soledad, el tedio, el progreso, la angustia, y
otras más conectadas con el tema religioso; la superstición,
la gracia, el pecado, la teología, la religión y el sentido
último de la vida.
- Los temas enunciados forman un sistema organizado en torno a y desde
don Manuel Bueno, por dos razones al menos: la primera es que casi todas
las cuestiones son suscitadas por el sacerdote; la segunda, que están
relacionadas con el conflicto entre la fe y la razón que le impide
creer aquello que desea, su resurrección para la vida eterna.
El análisis temático tiene que partir de la cuestión
esencial del relato, que es el binomio muerte/inmortalidad.
2.1.
La inmortalidad.
- El problema de fe que angustia al personaje se plantea en términos
de dogma cristiano y se limita exclusivamente a uno de sus proposiciones;
la resurrección de la carne y la vida eterna, La esperanza de
la inmortalidad es la ilusión más grande que se puede
ofrecer al hombre. Don Manuel ha perdido la fe, que es perder la ilusión,
pero da por supuesto, sin ninguna explicación, que el pueblo
vive con la creencia de la inmortalidad y que esa ilusión es
causa de la alegría de vivir. Por eso Unamuno se plantea ahora
con un enfoque nuevo en él: “la alternativa entre una verdad
trágica y una felicidad ilusoria”, parece optar por lo
segundo.
-
El sentimiento de la muerte irreparable ensombrece la intimidad del
sacerdote. Si hemos de morir, “el delito mayor del hombre es haber
nacido”, afirma con palabras de Calderón de la Barca; a
menudo se refiere a la “cruz del nacimiento” para expresar
el tormento de una vida que se sabe finita; también la ha tentado
alguna vez el “suicidio” como liberación de su angustia
o agonía existencial.
- Sin embargo, don Manuel reacciona contra la tentación de aniquilarse
o de aislarse, entregándose a los demás por entero y con
un contento aparente que Angela ha acuñado en una bella antítesis:
“la alegría imperturbable era la forma temporal (...) de
eterna tristeza (pág. 108). Esta huida de sí mismo puede
ser explicada desde el ministerio sacerdotal o religioso concebido por
el personaje como entrega o servicio a los demás, una entrega
que tiene como fin último el mantenimiento de la fe del pueblo,
su “contentamiento de vivir”.
2.2.
La religión.
Unamuno ha expresado por don Manuel una idea clave de su pensamiento
religioso, según la cual la religión, cualquier religión,
hace soñar vida. Las palabras del sacerdote en la novela (pág.
123) recuerdan frases de “Del sentimiento trágico de la
vida” como éstas: “Toda religión arranca históricamente
del culto a los muertos, es decir a la inmortalidad (...). Este culto,
no a la muerte, sino a la inmortalidad, inicia y conserva las religiones”.
También es propia del pensamiento unamuniano la crítica
de la teología, es decir, del cimiento racional con que se ha
pretendido sustentar la fe y, en concreto, la creencia de la inmortalidad.
2.3.
Religión y cuestión social
-
El tema de la relaciones entre la religión y la sociedad ofrece
bastante complejidad en la novela. Unamuno manifiesta a través
del sacerdote su rechazo de la idea marxista que considera la religión
como un opio que se le administra al pueblo. Unamuno afirma, por el
contrario, que la religión es un producto del pueblo. Por otra
parte, autor y personaje no están de acuerdo con la intervención
de la religión oficial en las cuestiones sociales
Creando sindicatos católicos, por ejemplo; es indudable que el
sacerdote se niega a participar en lo que llama “juego”
del sindicato. Conviene insistir en que no sólo se critica el
ataque marxista al fenómeno religioso, sino también la
práctica social de la iglesia en nuestro siglo. Una frase de
don Manuel-Cristo: “mi reino no es de este mundo”, ilumina
el segundo punto de la cuestión y envía afirmaciones contenidas
en “La agonía del cristianismo”, como “la patria
de un cristiano no es de este mundo”, o “la sociedad mata
la cristiandad, que es cosa de solitarios”.
- También se afirma en la obra citada que “la historia
carece de última finalidad humana, camina al olvido, a la inconsciencia.
Y todo el esfuerzo del hombre es dar finalidad humana a la historia”.
Se trata de una declaración de antiprogresismo que volvemos a
encontrar en la novela, sobre todo en la transformación de Lázaro,
su “curación” como él mismo afirma en la pág.
141.. La posición antiprogresista del sacerdote tiene manifestaciones
tan claras como “si puedes detener al sol deténle y no
te importe el progreso” (pág. 138), que obligan a preguntarse
sobre las razones del rechazo.
2.4.
Religión y activismo
-
Sólo una visión profundamente pesimista de la existencia
humana explica la negación del progreso. Don Manuel vive abismado
en la idea de la muerte, que es lo único verdaderamente importante,
además de ser un asunto exclusivo del individuo al que no puede
dar ningún remedio del progreso social. A los ojos de don Manuel
cualquier actividad humana es inútil, porque no tiene un fin,
pero sirve, al menos, para distraernos del drama central de nuestra
vida, es decir, de la muerte y para contrarrestar el tedio de la existencia.
- Muchos de los breves pasajes que, a semejanza de instantáneas
o anécdotas, forman la novela, describen la actividad incesante
y febril del sacerdote para huir de sí mismo. Además de
presidir las funciones religiosas, lo encontramos en los regocijos y
festejos populares, junto al lecho de enfermos y moribundos y, como
Jesucristo,, también es carpintero. En la entrega de don Manuel
a su pueblo, se puede ver manifestado otro aspecto del catolicismo:
la necesidad de que la fe vaya acompañada de buenas obras. No
se puede abrir las puertas al ocio para que el pensamiento no se concentre
en la idea de la muerte.
- El progreso y el bienestar social traerán más tedio,
más aburrimiento, concluye el sacerdote. De ahí su antiprogresismo..
2.5.
Religión y fe.
-
El punto central de la religión cristiana es para Unamuno la
promesa de la resurrección en cuerpo y alma después de
la muerte. En relación con este dogma cristiano ha planteado
Unamuno la lucha entre la fe y la razón que duda. En el campo
de la razón se hallan don Manuel y Lázaro, en el de la
fe están las gentes sencillas de Valverde de Lucerna. El planteamiento
resulta simplista en extremo, pues sorprende una colectividad reunida
unánimemente en torno a la misma fe con una actitud tan gregaria
y acrítica. La ecuación “pueblo = niño”
aparece en varios pasajes del relato.. A don Manuel la razón
le ha arrebatado la fe y con ésta el consuelo de la vida eterna;
él siente que la fe es para el pueblo un sueño dulce que
se debe defender contra su gran enemigo, es decir, contra el racionalismo
en acción (Lázaro), y lo consigue.
- Las gente de esa idílica Valverde de Lucerna creen todo, incluso
las “supersticiones”. El sacerdote incrédulo no utiliza
su influencia sobre la gente para erradicar sus creencias supersticiosas,
sino que las mantiene y aun alimenta. Su propia creencia le hace afirmar
que es mejor creer todo, “aunque sean cosas contradictorias”,
que no creer nada (pág. 131).
- A los temas anteriores hay que añadir otros también
importantes cuyo análisis oocuparía mucho espacio: el
concepto de “intrahistoria” y su evolución en el
pensamiento unamuniano desde sus primeros ensayos hasta San Manuel Bueno;
la metáfora de la “vida como sueño” tomada
de C. de la Barca; el tópico unamunesco del personaje como ficción
del autor y de éste como ficción de Dios, etc. En efecto,
estamos ante un relato de extraordinaria densidad temática.
3.-
Estructura
Aparentemente, San Manuel Bueno, mártir no presenta las llamativas
novedades de algunas de las “nivolas” anteriores; pero,
tras esta primera impresión, se oculta cierta complejidad.
3.1.
Desdoblamiento entre autor y narrador
.
Mediante el conocido recurso del “manuscrito encontrado”,
Unamuno interpone una narradora entre él y el lector. Quiere
esto decir que todo nos llega desde el punto de vista de Ángela;
de ahí que una serie de cosas queden a la discusión o
la reflexión de los lectores.
Unamuno es la persona física que, a través de un acto
de creación, compone y escribe su obra literaria. Esta idea pertenece
al plano de la realidad. Sin embargo, finge que el texto del relato
no es obra suya: se trataría de las memorias de un tal Ángela.
Unamuno encuentra el manuscrito de estas memoria y se limita a publicarlas.
Esto pertenece ya al plano de la ficción: Angela = narradora
de las memorias y Unamuno = editor.
Por tanto, autor y narradora son realidades distintas, no coincidentes.
Y autor y editor son también conceptos distintos: el autor pertenece
al plano de la realidad y el editor y la narradora al plano de la ficción.
Las únicas voces que oye el lector en San Manuel son las de la
narradora y la del editor (Unamuno como autor no interviene).
3.2.
Estructura externa:
Se divide en 25 secuencias. Las 24 primeras con el relato de Ángela;
la última, 25, es una especie de “epílogo del autor.
ÍNDICE
DE SECUENCIAS
----------------------------------------------------------------------------------------------------------
Número / Palabras iniciales de cada secuencia
--------------------------------------------------------------------------------------------------------
1 Ahora que el obispo de la diócesis de Renada...
2 En el colegio conocí a niñas de la ciudad...
3 Pasé en el colegio unos cinco años ...
4 En la noche de San Juan...
5 En el pueblo todos acudían a misa...
6 Solía acompañar al médico en su visita...
7 Lo primero –decía- es que el pueblo esté contento...
8 Con aquella constante actividad...
---------------------------------------------------------------------------------------------------
9 He querido con estos recuerdos...
10 Aquellos años pasaron como un sueño...
11 Así fui llegando a mis veinticuatro años...
12 Por entonces enfermó de muerte...
13 Quedamos mi hermano y yo solos en la casa...
14 Acabó mi hermano por ir a misa siempre...
15 Después de aquel día, temblaba yo...
16 Mi hermano, puesto ya del toodo al servicio...
17 Don Manuel tenía que contener a mi hermano en celo...
18 E iba corriendo el tiempo...
19 El pueblo todo observó que a don Manuel...
20 Y la hora de su muerte llegó por fin...
--------------------------------------------------------------------------------------------------------
21 Nadie en el pueblo quiso creer en la muerte...
22 El pobre cura que llegó a sustituir...
23 Quedé más que desolada, pero en mi pueblo...
24 Y al escribir todo esto ahora...
25 ¿Cómo vino a parar a mis manos este documento?...
(En algunas ediciones no se hace la separación entre las secuencias
4 y 5, lo que daría un total de 24 secuencias en vez de 24).
3.3.
Estructura interna:
Si atendemos al desarrollo de la historia, cabe distinguir tres partes:
I. Secuencias 1-8. Son la noticias preliminares sobre don Manuel, que
Ángela
nos transmite de oídas o partiendo de ciertas notas de su
hermano.
II Secuencias 9-20: Es el cuerpo central del relato, a partir del regreso
al pueblo
de Ángela, primero, y de Lázaro, después. Con ello,
la
narradora recibe un “nuevo impulso” que nos lleva hasta
el descubrimiento del secreto del “santo”. Termina esta
parte
con la muerte del sacerdote.
III. Secuencias 21-25: Final del relato de Ángela y “epílogo
del autor.
3.4.
Anécdotas o historias intercaladas:
-
A pesar de la brevedad del relato, Unamuno intercala – a modo
de parábolas – historias que, aunque detienen la acción
narrativa, ponen de manifiesto alguna virtud de don Manuel o de otros
personajes. Las más significativas son:
- La historia de Perote a quien don Manuel convenció para casarse.
- El episodio del joven payaso cuya mujer murió mientras aquel
actuaba.
3.5.
Estructura cerrada y circular:
- Podemos considerar a San Manuel Bueno, mártir como una novela
cerrada, pues el relato se cierra con la muerte de los protagonistas
(don Manuel y Lázaro).
- Desde otro punto de vista la novela presenta una estructura circular:
se abre en el presente narrativo, retrocede al pasado – la infancia
de Ángela - , punto en el que se inicia un relato que progresa
linealmente hacia el presente y se cierra al alcanzar de nuevo el presente
narrativo, momento en el que el relato –historia - y realidad
de la narradora se funden.
3.6.
El tiempo del relato.
3..6..1.
Tiempo externo o histórico
- Puede situarse en la España rural de principios del siglo XX:
. Lázaro regresa de América progresista y anticlerical.
. Lázaro propone la creación de un sindicato agrario.
- La escasez de referencias pone de manifiesto la intención de
Unamuno de mantener la atemporalidad del relato, el carácter
intrahistórico de la novela: al autor le interesa poner de relieve
un problema humano que puede darse en cualquier tiempo y lugar
3.6.2.
Tiempo interno
- Presente del editor: El autor finge publicar unas memorias.
- Presente de la narradora: el momento en que Ángela escribe
sus memorias (50 años).
. Fórmulas introductoras: Ahora.... Recuerdo....
- Pasado: hechos acaecidos, la historia del párrooco:
. Progresión cronológica lineal.
. Tiempo lento.
. Recuerdos fragmentarios.
3.7
El espacio
3.7.1.
Espacio real.
La aldea en la que transcurre la novela – Valverde de Lucerna
– es trasunto literario de un pueblo real de la provincia de Zamora,
situado junto al lago Sanabria. Así lo indica Unamuno en el prólogo.
La leyenda que invoca Unamuno hace referencia a una ciudad – Lucerna
– que fue conquistada por Carlomagno y que quedó sumergida
en el lago que se formó al brotar el agua de la tierra.
3.7.2.
Espacio novelesco
El espacio en que se desarrollan los hechos no se describe, dado que
nos hallamos ante una novela de “personalidad” y no de costumbres.
El paisaje adquiere importancia no por sus características físicas,
sino por su función simbólica.
a) Connotación de los topónimos: la historia de don Manuel
transcurre en la aldea de Valverde de Lucerna, perteneciente a la diócesis
de Renada.
El nombre de la villa tiene ciertas connotaciones positivas (tal vez
simbólicas):
- “Valverde” es compuesto de “val” (apócope
de valle) y de “verde” (símbolo de la
esperanza)
- “Lucerna” significa “araña grande para alumbrar
o especie de lamparilla o linterna”.
Sin embargo estas posibles connotaciones positivas quedan contrarrestadas,
porque el referente real es una aldea del mismo nombre sumergida en
el lago; y porque, en segundo lugar, la aldea pertenece a la diócesis
de Renada, diócesis imaginaria cuyo nombre encierra connotaciones
negativas al estar compuesto del prefijo “re” que indica
el “aumento” y el sustantivo “nada”. Renada
podría significar, por tanto, “más que nada”.
b) Valverde de Lucerna, monasterio y convento.
Este espacio novelesco es vivido como monasterio por don Manuel y como
convento por Ángela, dos ámbitos de vida en comunidad,
marcados por el deseo de la fe.
3.7.3.
Identificación de don Manuel con el espacio novelesco.
- Unamuno ha puesto especial énfasis en manifestar la relación
existente entre don Manuel y el espacio novelesco. Don Manuel vive en
estrecha comunión con el paisaje (la aldea, el lago y la montaña):
“Y a los quince años volví a mi Valverde de Lucerna.
Ya toda ella era don
Manuel; don Manuel con el lago y la montaña”
- Los rasgos físicos y la personalidad de don Manuel se ponen
siempre en relación con elementos del paisaje: “Llevaba
la cabeza como nuestra peña de buitre su cresta”; “había
en sus ojos toda la hondura azul de nuestro lago”; “su canto,
saliendo del templo, iba a quedarse dormido sobre el lago y al pie de
la montaña” etc.
Creemos que mediante esta identificación se tiende a ofrecer
una imagen duradera, perdurable, inmortal de don Manuel.
3.7.4.
Los tropos
- El lugar ambiente en esta novela no es descriptivo, aunque tenga el
fondo implícito de un lugar concreto (León de los paisajes).
El espacio narrativo en este texto es simbólico. Hay una aldea
remota situada entre la montaña y el lago. Aldea, montaña
y lago representan los tres símbolos de la novela. La aldea de
V. L. Se identifica en el texto con un grupo selecto de nombres: aldea,
villa, pueblo, monasterio y convento. El sistema creativo de Unamuno
se basa en tres tropos tradicionales empleados en el contexto de estos
tres símbolos.
- Valverde de Lucerna se extiende, por uso de metonimia a identificar
el lugar con la población. En cambio, con lago y montaña,
Unamuno emplea el símil y la metáfora para crear el significado
más profundo de su obra: la fe y la duda y su personificación
en el protagonista Manuel-Cristo.
* La metonimia logra identificar la aldea de V. L. y su población,
parte principalmente del doble uso de “pueblo”. En unas
líneas es “todo el pueblo” (96:23), refiriéndose
a la población. En otras es “cuando vuelvas a tu pueblo”
(99:27) refiriéndose al lugar.
* Una vez vista la identificación metonímica, Unamuno
añade los nombres de significación simbólica: “Mi
monasterio des V.L.. Yo no debo vivir solo... Debo vivir para mi pueblo,
morir para mi pueblo...”, “A nuestro monasterio V.L. (111:4-5),
“en el pueblo que es mi convento” (113:90), etc. Aquí
“pueblo” lleva el significado de intrahistoria
* Los símbolos de montaña (fe) y lago (duda), se desarrollan,
a través de la obra, primero como símil, y luego como
metáfora.
Como símil los encontramos al empezar la novela: “llevaba
la cabeza...” (97:34-36); “y no era un coro sino...”
(103:162-8). En la última cita el símil compara la voz
de don Manuel con la montaña y el silencio de don Manuel como
zambullido en un lago. Por tanto, la voz del pueblo en su proclamación
de fe, se compara con la montaña, y el silencio, que demuestra
la falta de fe de don Manuel. Se compara con el lago.
Pero aquí no acaba el desarrollo simbólico; falta la metáfora
de la nieve. Cuando don Manuel dice a Lázaro: “¿Has
visto, Lázaro, misterio mayor que el de la nieve cayendo y muriendo
en él mientras cubre con su toca a la montaña?”
(130:59-61).. La nieve como la vida misma es transitoria, pero los copos
que caen en la montaña perduran. En contraste, los copos que
caen en el lago se disuelven. Así es la vida del pueblo: con
la fe forma una montaña en su colectividad, sin fe los hombres
se pierden. El misterio de la nieve es el misterio de la fe.
Por tanto, el paisaje adquiere un significado simbólico paralelo
al tema central de l novela (la inmortalidad).: la montaña y
la nieve sobre ella simbolizarían la permanencia, la inmortalidad,
mientras que el lago con la villa sumergida y fundiendo la nieve significaría
la desaparición, la aniquilación definitiva.
4.-
Personajes.
4.1.
Caracterización
San Manuel es una novela de ideas y de personajes, en la que apenas
sucede nada; la acción narrativa ocupa un segundo plano y parece
que apenas transcurre el tiempo.
- Los personajes - de “carne y hueso”, como le gustaba decir
a Unamuno - encarnan ideas y sentimientos, sufren, viven, luchan, y
mueren. Personajes, lo que se dice personajes de carne y hueso, ninguno.
Almas, cuatro: un cura, una muchacha, un hombre y un idiota.
- No se nos facilita sus rasgos físicos, sino sus rasgos espirituales:
carácter, personalidad, vivencias, sentimientos, creencias...
- No hay descripciones de los personajes, a no ser una muy esquemática
de don Manuel: “era alto, erguido”...”
- En cuanto a la caracterización de los personajes es fundamental
recordar que los conocemos a través de Ángela, desde su
particular posición y su intervención en los hechos, a
través de sus propios sentimientos. Ángela habla además,
desde la perspectiva del recuerdo.
- En ocasiones, se nos presenta a los personajes directamente, a través
de lo que dicen
- gracias a la reproducción de fragmentos en estilo directo.
Ángela, por ejemplo, prefiere revelar al lector el “secreto”
de don Manuel transcribiendo las mismas palabras que empleó Lázaro
cuando se lo contó a ella..
- Finalmente, el autor se sirve del simbolismo de los nombres para la
caracterización de los personajes principales:
. Manuel = Emmanuel: Dios con nosotros.
. Lázaro, en el evangelio, es el amigo de Cristo, el que éste
resucita.
. Ángela significa mensajera y es la narradora de la historia.
4.2.
El personaje de don Manuel.
4.2.1.
Descripción de don Manuel.
De don Manuel nos interesa fundamentalmente su personalidad, la intimidad
de su espíritu. De ahí que apenas conozcamos su imagen
física. Tan solo,. Al principio del relato, y de forma simbólica,
se nos presenta de la siguiente manera:
“Tendría él, nuestro santo, entonces, unos treinta
y siete años. Era alto,
delgado, llevaba la cabeza como nuestra peña de buitre...”
Al identificar su mirada con el lago en el había sumergida una
villa, el autor nos sugiere la existencia de un secreto – doloroso
– escondido en su corazón.
4.2.2.
Su personalidad.
La personalidad de don Manuel es compleja y en ciertos aspectos resulta
oscura y contradictoria. En ello influye el que lo conozcamos a través
de los recuerdos que de forma fragmentaria acuden a la memoria de Ángela,
siempre tamizados por su particular visión de los hechos.
- Su personalidad se caracteriza por una contradicción desgarradora
entre lo que siente y lo que manifiesta, entre lo que cree (lo que deja
de creer) y su vida.
Esta paradoja nos lleva a la conclusión de que para Unamuno,
el problema de la fe np consiste en un “sí” o un
“no”, sino un estado de duda y de lucha constantes.
- La tentación del suicidio: En una de las primeras secuencias
se refiere una breve anécdota relacionado con el suicidio:
“Y como una vez, por haberse quitado uno la vida, le preguntara
el padre
del suicida, un forastero, si le daría tierra sagrada, le contestó:
-Seguramente, pues en el último momento, en el segundo de la
agonía, se arrepintió
sin duda”
Don Manuel confiesa más adelante a Lázaro que el suicidio
era su “tentación mayor”. Había heredado esa
tendencia de su padre. En realidad, la tendencia al suicidio parece
una consecuencia lógica de la angustia con la que vive su descreimiento
en otra vida.
4.2.3.
Relaciones simbólicas de don Manuel.
- Relación con Cristo: El paralelismo entre Cristo y don Manuel
es buscado conscientemente por el autor. Lo indica el nombre del protagonista
y diversos episodios y pasajes:
. Se dice de don Manuel que tiene una “voz divina”.
. A don Manuel se le tenía por “santo” en la comarca
y se decía de él que hacía
curaciones sorprendentes.
. El cambio de actitud de Lázaro (de anticlerical y progresista
a fiel colaborador
del párroco) recuerda la resurrección del Lázaro
evangélico. La del Lázaro
literario sería un resurrección a la vida de la fe (en
el sentido que venimos
explicando).
. Don Manuel utiliza frases del evangelio.
. La invocación de Cristo al Padre; “¡Dios mío,
Dios mío por que me has
abandonado!”
- Relación con Moisés: Al igual que Moisés guía
a su pueblo a la tierra prometida, don Manuel conduce al suyo a la vida
eterna. Y al igual que Moisés no pudo entrar en la tierra prometida
por haber dudado de Dios, don Manuel queda excluido de la fe en la salvación.
Además pide a Lázaro que sea su Josué para guiar
su pueblo.
- Relación con Don Quijote: El paralelismo entre don Manuel y
don Quijote revela la admiración que Miguel de Unamuno tuvo siempre
por el caballero.
El apellido de don Manuel – Bueno – coincide con el sobrenombre
que daban en su tierra al hidalgo Alonso Quijano (Don Quijote) llamado
“el Bueno”.
En el prólogo el propio autor relaciona a ambos personajes:
“Y no quiero aquí comentar ya más el martirio de
don Quijote ni el de don Manuel Bueno, martirios quijotescos los dos”.
- Relación con el payaso: El payaso que actúa en el pueblo
puede relacionarse directamente con el párroco: el payaso –
aún embargado por la infinita tristeza por la muerte de su mujer
– trabaja manteniendo una apariencia “alegre” para
dar alegría a los demás. Lo mismo hace don Manuel a pesar
de su intima congoja, procura transmitir “el contento de su vivir”
a sus feligreses.
4.2.4.
Don Manuel visto por el autor y los personajes.
- Santo y mártir: Unamuno presenta a don Manuel como “santo
y mártir” ya en el título de la novela. En el epílogo
se refiere a él como “santo”.
También Ángela le considera “santo y mártir”,
al igual que Lázaro y el pueblo todo. Por su fama y por su conducta
ejemplar, el obispo inicia el proceso de beatificación.
Sin embargo en el sentido religioso de uno y otro término, don
Manuel ni es santo no es mártir.
- Varón matriarcal: Al comenzar la novela, Ángela define
a don Manuel como “varón matriarcal”, antítesis
muy del gusto de Unamuno.
Es claro que don Manuel es el padre espiritual de los habitantes de
la aldea. Sin embargo, la narradora le llama “varón matriarcal”.
El adjetivo “matriarcal” significa “que manda o guía
como la mujer”, podríamos decir también “como
la madre”. Don Manuel es un “varón matriarcal”,
porque guía la fe de su pueblo con el cariño y la protección
de una madre.
- Los personajes perciben también diferentes imágenes
de su “yo íntimo” según conozcan o no su secreto.
. Para el pueblo: Hombre de fe perfecta.
. Para Ángela: Hombre atormentado por la duda
. Para Lázaro: Hombre sin fe.
4.3.
El personaje de Ángela.
4.3.1
.Ángela-narradora
Como narrador-testigo, Ángela refiere lo visto y lo oído,
pero también lo sentido, incorporándolo al testimonio
y formando parte de él. Al constituir la única fuente
de información, el resultado es la unidad de perspectiva.
Ángela es una narradora no omnisciente, ya que no conoce todo
lo que sucede nio toda la realidad íntima de los personajes.
Para la elaboración de sus memorias se sirve:
- De sus recuerdos, de lo que ella vio y oyó directamente y de
lo que le contó Lázaro y
- de sus memorias que comenzó a escribir Lázaro tras la
muerte de don Manuel.
Por otra parte, Ángela mantiene una actitud vacilante ante la
verdadera personalidad de don Manuel
Nos presenta a un don Manuel ejemplar, admirable, varón matriarcal,
santo; pero por otro lado, cuestiona su falta de fe e intenta convencer
al lector de que don Manuel creía, a pesar de sus manifestaciones
y de sus evasivas.
La ambigüedad preside el texto narrativo. Para referirse a la actitud
del párroco, Ángela emplea expresiones contradictorias
del tipo de “piadoso fraude”. Y de ahí la paradójica
afirmación final de que Lázaro y don Manuel creían
sin creer que creían.
4.3.2.
Ángela-personaje
Cuando escribe, Ángela es una mujer madura. Se trata de una mujer
sensible, atormentada por el recuerdo, que quiere desahogar su corazón
revelando el secreto que le angustia desde mucho tiempo atrás.
Su angustia se ha agudizado con la iniciativa del obispo de beatificar
a don Manuel y, por ello, comienza a escribir.
Ángela se mueve entre la inclinación mística y
la duda. A pesar de las sugerencias que le hacen tanto su madre como
don Manuel de que profese en un convento o de que se case, ella decide
entregar su vida a las gentes de su aldea.
De naturaleza casi hipersensible, Ángela nos ofrece una visión
nostálgica de su pasado, describiendo imágenes tristes
y penosas:
“Llegué acongojadísima y me encerré en mi
cuarto para llorar”.
Y en otra ocasión:
“ Los dos, él y yo, doblamos en silencio la cabeza y nos
pusimos a llorar”.
Pero el personaje Ángela carece de sentido si no lo ponemos en
relación con don Manuel. Sus sentimientos hacia el sacerdote
evolucionan a lo largo del relato:
- Inicialmente sus sentimientos hacia él es de admiración
(le llamaba “padre espiritual”).
- Cuando regresaba de la ciudad, siente por él un profundo respeto
y decide ponerse “bajo su protección” con la intención
de que él “me marcara el sentido de la vida”.
- El afecto y el cariño se trueca, en ocasiones, en lástima,
al intuir que algo angustiaba al sacerdote.
- Finalmente llega a sentir por él un “afecto maternal”,
que le lleva a preocuparse por su vida espiritual: “Quería
aliviarle del peso de su cruz del nocimiento”
4.4.
El personaje de Lázaro.
Lázaro simboliza la “resurrección”, es decir,
la transformación de un ser muerto a la vida de la fe en un ser
vivo, creyente. No obstante,, este resurrección es sólo
aparente, puesta al servicio de la obra de don Manuel: Lázaro
acude a misa y comulga para dar contento a las gentes del pueblo y mantener
intacta su fe.
Lázaro no cree y no siente la necesidad de creer. No obstante,,
se presta a colaborar con don Manuel porque comprende la importancia
de su labor. Al morir el sacerdote, Lázaro pasa a ser, por encomienda
de don Manuel, el guía espiritual del pùeblo.
4.5.
Blasillo.
El bobo, actúa exclusivamente dirigida por el autor para subrayar
ciertos momentos fuertemente connotativos y simbólicos, fundamentalmente
para repetir el grito de angustia de Cristo y del párroco: “¡Dios
mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?
Posiblemente representa la suprema inconsciencia, la caricatura del
infantilismo de la fe, la fe del carbonero.
5.-
Estilo
El carácter y el contenido de la novela, ideológico y
conceptual, condiciona el estilo de la narración. El texto está
impregnado de una terminología abstracta; llena de paradojas,
antítesis, metáforas, metonimias, símbolos...
Además, el estilo viene determinado por la presencia de un narrador
ficticio: una mujer de 50 años, que redacta sus memorias y recuerda
con nostalgia unos hechos pasados. De ahí, las digresiones o
reflexiones – algunas de tono irónico – de la narradora
al hilo del relato, ciertas exageraciones, las reiteraciones...
5.1.
Técnica narrativa
5.1.1.
El recurso técnico de manuscrito encontrado
Toda la novela se construye sobre este artificio literario: Por medio
de este artificio Unamuno intenta afianzar la verosimilitud del relato
haciéndonos creer que Ángela es un ser real, con entidad
física, y, que don Manuel existió también realmente.
Lo que le interesa al autor es insistir en que estos personajes –
reales o no
representan una situación real, un drama humano.
El artificio del manuscrito encontrado es, por tanto, un recurso técnico
del que se sirve Unamuno para dar verosimilitud al relato, poner de
manifiesto la humanidad de los personajes y distanciarse él mismo
de los hechos narrados.. La elección de una mujer como narradora,
responde así mismo a esta última razón.
5.1.2.
Reflexiones de la narradora.
El recurso del manuscrito encontrado permite al autor, además,
formular comentarios y reflexiones acerca de lo que va sucediendo en
el relato: lo hace directamente en el epílogo, sin disimular
su autoría, e, indirectamente, a través de la narradora,
que comenta, opina y reflexiona irónicamente.
5.1.3.
Formas de expresión: predominio de la narración y el diálogo.
- Al tratarse de unas memorias, es lógico que predomine la narración.
La narradora no es omnisciente, pues no conoce sino parcialmente la
historia del protagonista. Por ello, en ocasiones, aduce fragilidad
de la memoria, olvido, confusión...
- Casi no hay descripciones, ni hay monólogo interior. El diálogo
reproduce bien lo que la narradora oyó directamente, bien los
de Lázaro y don Manuel que Lázaro repitió a Ángela,
o que Ángela tomó de los escritos de Lázaro.
En las novelas de Unamuno los diálogos son “vehículo
de ideas”, son “exteriorización de los conflictos
ideológicos y de los dramas íntimos”. Ejemplo de
ello es esta obra. Unamuno da también a los diálogos una
función narrativa (contar cosas): así las conversaciones
en que Lázaro refiere a Ángela las tribulaciones de don
Manuel. Un aspecto original es el diálogo dentro del recuero
de otro diálogo (sec 14): la confesión que don Manuel
hace a Lázaro no nos llega en la reproducción directa
de un diálogo entre ambos, sino en una confesión de Lázaro
a su hermana.
El diálogo en lugar de crear situaciones y relaciones que cambien
el curso de los acontecimientos, además de aparecer de forma
indirecta,, se sumerge también en lo tópico y cotidiano.
Así vemos que en vez de decir cosas únicas, don Manuel
“gustaba de repetir”, “decía”, “repetía”.
Ello es especialmente visible en lo que podríamos considerar
la introducción de la obra , sec. 1-8
Sin embargo, cuando Ángela vuelve del colegio (sec. 9), entra
en contacto personal con don Manuel, lo que hace y dice el sacerdote
se vuelve realidad concreta y surge el diálogo directo.
5.2. Lenguaje.
5.2.1.
Lenguaje cuidado y complejo en su aparente sencillez.
- Aunque Unamuno es consciente de que, en teoría, debe emplearse
un “lenguaje coloquial”, ya que la redacción del
relato corresponde a una mujer pueblerina de estudios medios, lo cierto
es que utiliza un “lenguaje muy cuidado”, de carácter
literario e incluso poético.. No se hacen concesiones al lenguaje
rural ni al lenguaje de las gentes sencillas.
- Deberíamos distinguir el lenguaje de la narradora y el de los
diálogos. El primero corresponde a Ángela y el segundo
a los personajes que intervienen cada caso. Lo cierto es que no se aprecian
diferencias sustanciales entre uno y otro registro.
Hemos de pensar que Unamuno no pretendió escribir una prosa sencilla,
reflejo del lenguaje propio de una mujer que sólo ha estudiado
cinco años en un colegio de monjas y apenas ha salido de su pueblo.
La prosa de la novela es compleja y el estilo literario, como pude observarse
ya en el primer párrafo de la novela: (Ver)
Obsérvese que este extenso párrafo desarrolla una sola
oración compuesta
que presenta diversas modalidades de subordinación y diferentes
aposiciones,
perfectamente ordenadas según el criterio lógico-gramatical.
Partiendo de la
subordinada adverbial temporal, interrumpida varias veces por subordinadas
adjetivas, se llega a la proposición principal (quiero dejar
aquí consignado a
modo de confesión...) para desembocar en dos proposiciones adjetivas
(la última
de las cuales concluye con dos sintagmas en aposición.
5.2.2.
La utilización del Pret. Imperf.
Desde que se inicia la narración domina, monótono y obsesionante,
el uso del Imperfecto: la población de V.L. “solía”
acudir al lago..., “acudía” a misa, “cantaba”
a cro, etc. El imperfecto, tiempo del recuerdo, es el tiempo obligado
para la descripción de “acciones pasadas”. Es el
tiempo adecuado para la creación del mundo de la memoria de Ángela.
Gracias al imperfecto nos sitúa en la continuidad invariable
de un modo de vida eterno e intrahistórico. Así con el
uso del imperfecto percibimos las acciones de don Manuel y sus hijos
como lo cotidiano.
Aquí podríamos incluir lo que decíamos antes del
diálogo: “además de aparecer de forma indirecta,
se sumerge en lo tópico y cotidiano”.
5..2.3.
Citas y referencias bíblicas.
Dado el contenido religioso de la novela no pueden sorprendernos la
abundancia de citas y referencias bíblicas. Las citas suelen
estar tomadas literalmente del Nuevo Testamento y puestas en boca de
don Manuel.:
¡Dios mío, Dios mío...!
¡Cómo lo quieren!
Las referencias bíblicas relacionan directamente paisajes de
la novela con los hechos con los hechos evangélicos, así
por ejemplo, el episodio de la comunión de Lázaro se relaciona
con las negaciones de San Pedro y el canto del gallo:
“Y, entonces pues era la madrugada, cantó un gallo”.
5.2.4.
Lenguaje literario.
Aparte de la complejidad de la sintaxis, nos hallamos ante un lenguaje
deliberadamente literario y poético, como se observa en los siguientes
rasgos:
- El tono nostálgico, logrado a través de un léxico
sensitivo y de la posición enclítica de la “se”
(arcaismo): estremecíase, sentíase, etc.
- La ambientación romántica y el tono deliberadamente
sensorial de algunos fragmentos:
“Íbanse por las tardes de paseo, orilla del lago, o hacían
las ruinas , vestidas
de hiedra, de la vieja abadía de los cistercienses”
- El empleo constante de comparaciones.
- Las imágenes:
“Y cayeron temblando de sus pestañas a la yerba del suelo
dos huideras lágrimas
en que también como en rocío, se baña temblorosa
la lumbre de la luna llena” (Lázaro)
- El constante empleo de la metáfora, a veces en forma alegórica.
- Otros rasgos del lenguaje literario: La actitud de Unamuno es equívoca:
persigue deliberadamente el lenguaje poético a pesar de disfrazarlo,
en ocasiones, de aparente sencillez:
. El empleo de arcaísmos: íbanse etc.
. El uso de palabras o frases infrecuentes: huideras.
. El orden de las palabras, que se aparte con frecuencia del usual.
. La tendencia a sustituir el nombre por el pronombre.
. La sintaxis compleja (oraciones compuestas de varios miembros) que
dificulta
la comprensión, en especial en aquellos casos en que se introduce
una proposición
entre el verbo y su complemento: “atormentan, como inquisidores
que son, a los
demás”
. El frecuente recurso de los vocativos retóricos: “hay,
Ángela, dos clases de hombr
- Símbolos: Es difícil establecer conclusiones acerca
de los símbolos empleados por Unamuno en su novela, ya que la
ambigüedad está siempre presente en el texto.
En principio, encontramos dos elementos claramente simbólicos
(imágenes físicas asociadas a ideas o sentimientos): “el
lago y la montaña”. Su reiteración a lo largo del
relato, siempre en contextos relacionados con la fe y la duda, suscita
una falta de acuerdo a su significado. Así por ejemplo, Ricardo
Gullón, considera que “el lago” es el símbolo
de la “nada”, de la aniquilación que seguirá
a la muerte, mientras que para Pelayo Fdz simbolizaría la inmortalidad.
La “montaña”, sin embargo, parece aludir con mayor
precisión al mundo de la fe, a la confianza de las gentes del
pueblo en Dios y en la eternidad, por sus connotaciones de estabilidad,
fortaleza y permanencia..
Lo cierto es que la interpretación es difícil, pues incluso
para los propios personajes estos símbolos significan cosas distintas.
Para don Manuel y Lázaro el lago es una realidad triste que les
recuerda la muerte, mientras para Ángela es el paisaje que ella
ama.
6.- Interpretación y sentido
El estilo deliberadamente ambiguo y la ausencia de conclusiones –
tanto por parte de Ángela como por parte de Unamuno – dejan
sin respuesta numerosas interrogantes.
6.1.
El problema de la inmortalidad y las memorias de Ángela.
En la novela se plantea el problema de la inmortalidad: ¿Existe
o no una vida tras el umbral de la muerte? ¿Hay o no cielo e
infierno?. La respuesta varía con los personajes- Blasillo cree
sin plantearse ninguna duda. Ángela cree a pesar de sus dudas;
don Manuel sufre porque cree que no cree cuando quiere creer; y Lázaro
no cree pero tampoco siente necesidad de hacerlo.
Ángela y don Manuel encarnan, por tanto,. “la duda”:
de un lado, la duda positiva, que afirma, que mantiene la esperanza
y la fe, y, de otro, la duda negativa. Que niega la esperanza. En ambos
casos late una fuerte religiosidad que lucha por creer. Se ha llegado
a decir, en consecuencia, que esta novela encierra una “teología”,
un auténtico “arte” de la duda.
El problema de la inmortalidad, no obstante, está plenamente
relacionado con la forma de las memorias y la técnica del manuscrito
encontrado. Además de su intento por distanciarse de la materia
narrativa y de crear sensación de verosimilitud, Unamuno plasma
de una forma real el problema de la inmortalidad: si no hay una vida
eterna para el alma de don Manuel, sí puede, al menos, “inmortalizarse”
a través del relato. De esta forma don Manuel vive, pervive,
en la mente de los lectores. Se trata de otra forma de inmortalidad.
Movida por la duda, Ángela Carballino necesita escribir, relatar
la vida de don Manuel, aunque con ello descubra su secreto. Lázaro,
próxima ya la hora de su muerte, se apena porque con él
morirá algo de don Manuel, “pero lo demás de él
vivirá contigo”, le dice a su hermana, hasta que ella muera,
porque entonces “hasta los muertos nos moriremos de todo”.
Las memorias de Ángela evitan el olvido y don Manuel pervive,
gracias al relato, en la mente de los lectores.
6.2.
Unamuno y don Manuel.
San Manuel Bueno, mártir plantea y desarrolla un problema que
obsesiona a su autor, pero no es una novela autobiográfica.
Unamuno se proyecta sobre su personaje y descarga en él inquietudes,
dudas, vivencias. No obstante lo cual, personaje y autor no pueden ser
identificados.
6.3.
El mensaje de la novela y la actitud del autor.
El autor plantea el problema de la inmortalidad, sin darle solución.
De la lectura de la novela no se deduce que Unamuno crea en la vida
eterna o no lo haga. La duda, la ambigüedad, es el terreno en el
que quiere introducirnos. No hay, pues, una solución final aportada
por Unamuno.
Ha de tenerse en cuenta que don Manuel no es ateo: lo único que
omite en el rezo del Credo es lo referente a la resurrección:
él no cree en la inmortalidad, pero sí cree en Dios. Además,
debemos tener presente la reflexión final de Ángela: “Se
murieron creyendo no creer lo que más nos interesa, pero sin
creer creerlo”.
Tampoco podemos obviar el paisaje, que se convierte en una proyección
de lo humano. El misterio de la vida futura, de la vida eterna, se simboliza
en la permanencia del mundo físico: el pueblo, el lago y la montaña.
No obstante hay un elemento del mundo físico – la nieve
– que permanece en unos casos y desaparece en otros, permanece
en la montaña, pero se funde en el lago.
Don Manuel observa sorprendido el misterio de la nieve: el hombre es
como la nieve. Pero ¿cómo la nieve en la montaña
o como la nieve en el lago?
* Creemos que la intención de Unamuno al escribir esta novela
era remover la conciencia de sus lectores, plantearles el problema de
la inmortalidad que tanto le obsesionaba e invitarles a la reflexión,
sumirles, tal vez, en un mundo interior inquietante.
|
Literatura
|