Nacio
en Fuente Vaqueros, provincia de Granada
en 1898. Su familia tenia una buena
posición economica, era abierta
y liberal y cultivaba las artes, sobre
todo la música.
En 1909 se trasladaron a Granada y
Federico comenzó a cursar el
bachillerato al mismo tiempo que desarrollo
su formación en artes plasticas
e investigaba en la música
folclorica.
A instancias del amigo d ela familia,
Ferando de los Rios, continuo estudios
es Madrid, en la Institución
libre de enseñanza. Alli contraeria
gran amistad con Falla, Dali o Buñuel,
entre otros grandes intelectuales
y artistas de su época.Pero
pronto su pesonalidad y genio le colocaria
a la cabeza del grupo.
Durante el curso 1929-1930, estudio
como becario en Nueva York, experiencia
que lo marcará profundamente.
En 1932 funda La Compañia teatral
universitaria, La Barraca, en el animo
de extender la cultura y el teatro
clásico en concfreto a los
rincones mas olvidados de la España
rural. Su labor poética y teatral
le proporciono un gran reconocimiento
en todo el pais, recibiendo premios
y homenajes, y tambien recelos en
las filas mas conservadoras, mezquinas
envidias y odios. Sólo eso
explica su miserable asesinato en
1936, uno de los más penosos
episodios de la guerra civil .
El talante de Lorca nos ofrece un
doble rostro: de un lado, su personalidad
arrolladora, llena de vitalidad, desbordante
de simpatía; de otro lado -más
hondo-, un íntimo malestar,
un dolor de vivir, un sentimiento
de frustración, como anuncio
de su trágico destino.
Ese
malestar, esa frustración laten
en toda su obra,especialmente en la
poetica, junto a manifestaciones de
creación bulliciosa, llena
de gracia, hasta juguetona. Si hubiera
que enunciar un tema que unificara,
desde lo más profundo, su producción
poética y teatral, sería
éste: el tema del destino trágico.
la imposibilidad de realización.
Su actitud ante la creación
poética es rigurosísima.
Lorca decía: «Si es verdad
que soy poeta por la gracia de Dios
-o del demonio-, también lo
es que lo soy por la gracia de la
técnica y del esfuerzo...»
Es decir, inspiración y trabajo
consciente. «La inspiración
da la imagen, pero no el vestido.
Y para vestirla hay que observar [...]
la cualidad y sonoridad de la palabra».
Así surgirá una de las
poesías más asombrosas
de nuestra literatura; una poesía
en donde la pasión y la perfección
, lo humanísimo y lo estéticamente
puro conviven como pocas veces.
A ello contribuyen, en buena parte,
sus profundas raíces en lo
popular. Lo popular y lo culto van
también hermanados en su obra:
vida y canciones del pueblo vivifican
su sabia y exigente creación.
Su primera obra en verso es el Libro
de poemas (1921), escrito entre sus
19 y sus 22 años. Su estilo
se está haciendo aún:
hay influjos de Bécquer, del
Modernismo, de Machado, de Juan Ramón
Jiménez, como en casi todos
los poetas de su generación.
El contenido es muy variado, pero
ya domina ese hondo malestar: es frecuente
qué evoque con nostalgia su
infancia -«paraíso perdido»--
y que hable de su «corazón
nuevo», dolorido. «roído
de éulebras». Una tremenda
crisis juvenil parece atravesar el
poeta: frente a sus «antiguas
inocencias», la angustia de
profun¬das contradicciones vitales.
• Entre 1921 y 1924, compone
paralelamente dos libros: Canciones
y Poema del Cante Jondo. El primero
es también muy heterogéneo:
hay en él poesía «pura»,
vanguardismo, brillantez y hasta frivolidad.
Pero, por debajo de todo ello, persiste
su nostalgia de la niñez, de
la pureza (sobre todo en las canciones
para niños, como la deliciosa
«El lagarto está llorando...»)
, y se advierte su sensibilidad para
los temas trágicos (como en
las «Canciones del jinete»
1, en las que aparece un «hombre
maldito», destinado a morir,
como serán tantos personajes
de su Romancero gitano).
• El Poema del Cante Jondo posee,
en cambio, una compacta unidad. Es
el libro de «la Andalucía
del llanto»: un libro lleno
de ayes, de dolor, de muerte. Su sentido
profundo sería éste:
Lorca expresa su dolor de vivir a
través del dolor que rezuman
los cantes «hondos» de
esa Andalucía (poema La guitarra).
Por lo demás, el estilo de
Lorca alcanza aquí su primera
plasmación personalísima:
esa identificación con lo popular
y esa estilización culta.
El
«Romancero gitano se publica
en 1928 y alcanza un resonante éxito.
Lorca dijo: «Mi gitanismo es
un tema literario y un libro. Nada
más». ¿Nada más?
Pensemos que la elección de
un «tema» responde siempre
a motivaciones profundas. El mismo
Lorca se confesaba inclinado «a
la com¬prensión simpática
de los perseguidos: del gitano, del
negro, del judío...»
Aquí está la clave.
Estamos lejos de un juego poético.
El poeta canta fraternalmente a esa
raza marginada y perseguida. Eleva
el mundo de los gitanos a la altura
de un mito moderno, parejo en fuerza
a los grandes mitos clásicos.
. El significado de ese mito es evidente:
se trata de ese tema del destino trágico
aludido. Las figuras que aparecen
en el Romancero gitano son seres al
margen de un mundo convencional y
hostil, y -por eso- marcados por la
frustración o abocados a la
muerte: Antoñito el Camborio,
el «Emplazado», Juan Antonio
el de Montilla, Soledad Monto¬ya...
En realidad, según Lorca, en
el libro «hay sólo un
personaje real, que es la pena que
se filtra» (y ahí está
el «Romance de la pena negra»).
Por todo el libro estallan unas tremendas
ansias de vivir que topan contra la
imposibilidad de vivir. Fácil
es imaginar hasta qué punto
ha proyectado Lorca sobre esos personajes
sus propias obsesiones, su «sentimiento
trágico de la vida».
•
Con el Romancero gitano, en fin, Lorca
alcanza un lenguaje inolvidable, inconfundible.
Es el punto más alto de esa
repetida fusión de lo culto
y lo popular. Su portentoso poder
de creación le lleva a sembrar
sus romances de continuas metáforas
audaces. que -sin embargo-- no les
quitan su fuerza apasionada, humanísima,elementalmente
directa.
«Poeta en Nueva York»
es ejemplo del surrealismo y acento
social de la obra de Lorca. La estancia
en los Estados Unidos es un hito crucial
en la trayectoria humana y poética
de Lorca. Su contacto con Nueva York
--expresión máxima de
cierto tipo de civilización-
es una conmoción violenta.
Con dos palabras define aquel mundo
tentacular: «Geometría
y angustia». El poder del dinero,
la esclavitud del hombre por la máquina.
la injusticia social, la deshumanización,
en fin, son los temas de Poeta en
Nueva York. Una de sus partes está
dedicada a los negros -otras criaturas
marginadas--, en quienes Lorca ve
«lo más espiritual y
delicado de aquel mundo».
• De lo dicho se sigue que «un
acento social se incorpora a su obra»
(son palabras de Lorca). En efecto,
los poemas son desgarrados gritos
de dolor y de violenta protesta. La
soledad, la frustración, la
angustia, ya no son sólo ahora
las del poeta: su «corazón
malherido» ha sintonizado con
millones de corazones malheridos.
• Por lo demás, la conmoción
espiritual y la protesta encuentran
como cauce adecuado la técnica
surrealista. El versículo amplio
y la imagen ilógica le sirven
para expresar ese mundo ilógico,
absurdo, para construir visión
es apocalípticas y coléricas.
Con Poeta en Nueva York, Lorca renueva
su lenguaje y alcanza una nueva cima.
Tras Poeta en Nueva York, Lorca se
dedicará preferentemente al
teatro. Sin embargo, escribe --entre
otros-- los poemas íntimos
y doloridos del Diván del Tamarit,
inspirados por la poesía arabigo-andaluza,
y una de sus obras maestras: el Llanto
por Ignacio Sánchez Mejías,
torero unido por entrañable
amistad con Lorca y otros poetas de
su generación. Se compone de
cuatro partes. en donde se combinan
los acentos populares y las imágenes
surrealistas. El hondo patetismo y
la maestría formal hacen del
Llanto una de las más hermosas
elegías de la literatura española.
Lorca
y Valle-Inclán y Lorca son.
sin duda , las dos cimas más
altas del teatro español del
siglo xx. Tras un ensayo juvenil (El
maleficio de la Qriposa). el talento
dramático de Lorca es visible
ya en Mariana Pineda (1925), sobre
la heroína del siglo XIX que
murió ajusticiada por bordar
una bandera liberal. Más originales
son la deliciosa farsa La zapatera
prodigiosa (1930) Y sus desenfadadas
piezas de «guiñol»
(Títeres de cachiporra y el
Retablo de don Cristóbal).
. Pero sus máximos aciertos
se encuentran en varias obras cuyo
elemento común es la condición
de la mujer, en quien Lorca encarna
la tragedia de la pasión frustrada
(nótese que se trata del permanente
tema lorquiano). Así, Doña
Rosita la Isoltera (1935) y. sobre
todo, sus tres grandes tragedias rurales:
Bodas de sangre (1933), Yerma (1934)
y La casa de Bernarda ,Alba (1936),
su obra maestra. Lorca la subtitula
«drama de mujeres en los pueblos
de España» y es un estremecedor
conflicto entre pasiones y prejuicios
sociales.
En sus comienzos. el teatro de Lorca
presenta muchas afinidades con el
teatro poético modernista.
Luego va encontrando el camino de
la pura expresión dramática.
El verso y la prosa se combinan en
sus obras; pero poco a poco, el verso
,se reduce a momentos de especial
intensidad. hasta que, en La casa
de Bernarda Alba. domina plenamente
una prosa descarnada, y plena de patetismo
y acento popular.
Paralelamente, los ambientes y los
conflictos se hacen más hondos
y más enraizados en la realidad.
Lorca. como
hemos visto por su poesia, se abre
progresivamente a los problemas colectivos.
En sus últimos años,
se proclamaba «ardiente apasionado
de un teatro de acción social».
Y decía cosas como éstas:
«En nuestra época, el
poeta ha de abrirse las venas para
los demás», «el
artista debe reír y llorar
con su pueblo». De ahí
que se entregara cada vez más
al teatro, «que nos permite
un contacto más directo con
las masas»; De ahí también
la evolución de su obra.
Dentro
de la generación del 27, Lorca
es ejemplo máximo de la superación
de la poesía «pura».
Pero ese desbordamiento de humanidad
no supuso, en él, merma de
las exigencias estéticas. He
ahí el prodigio. Su arraigo
popular y su hondura trágica
no dejan de conmovemos. Su trayectoria
del «yo» al «nosotros»
nos lo hace cada vez más cercano.
Su fama, como se sabe, es universal
y, aunque debida a veces a razones
extra literarias, en su obra hay suficientes
valores para justificar plenamente
el puesto que ocupa.
«Poema
del Cante Jondo»
La guitarra puede servir de compendio
de este gran libro: el llanto, el
sentimiento de lo inalcanzable (llora
por cosas lejanas»).
la frustración (flecha sin
blanco). etc.. son sus temas. Lorca
emplea aquí una forma característica
de la poesía popular: la versificación
irregular asonantada.
«Romancero gitano»:
El Romance de la pena negra es no
sólo el texto más «claro»,
sino dos poemas también la
pieza clave del Romancero: el mismo
Lorca lo consideraba «lo más
representativo del libro». Soledad
Montoya representa, en efecto, el
ansia vehemente de realización
personal (busca -dice-- «mi
alegría y mi persona»).
Con ella dialoga un personaje que
representa la voz de la moderación,
de los límites impuestos por
la realidad. Aquí late, pues,
la tragedia de la pasión desbordada
y condenada a la insatisfacción.
La descripción inicial es espléndida.
En todo el romance se mezclan metáforas
audaces con expresiones directas,
como es característico en Lorca.
«Poeta en Nueva York»;
Como ejemplo del lenguaje surrealista
en Lorca, escogemos el «La aurora»
poema La aurora. Dentro de su «dificultad».
sus imágenes presentan una
indudable coherencia: entre todas
componen una visión de pesaama.
un cuadro terrible. dominado por la
suciedad, la violencia. la injusticia.
la infelicidad. la «ausencia
de espiritu» que el poeta veía
en aquel mundo. El esqueleto de la
composíción (La aurora
tiene gime llega y nadie la recibe
la luz es sepultada...) nos dice que
nos hallamos ante el fracaso de la
«luz», con lo que ésta
tiene de símbolo. a la vez
que de realidad. Hay en el poema.
sin embargo, versos clarísimos,
contundentes. Y una inusitada violencia.
una irreprimible protesta, se perciben
por debajo de las expresiones tan
insólitas. En suma, el poema
está lejos del absoluto hermetismo
del surrealismo «ortodoxo».
Llanto por Ignacio Sanchez Mejia.
De esta genial elegía destaca
el dolor. violento que a versos parece
remansarse. El estilo nos ofrece nuevas
muestras del surrealismo lorquiano.
junto a la claridad de muchos de los
versos, especialmente de los finales.