
Titán,
el satélite más grande
del planeta Saturno y segunda luna
en tamaño del Sistema Solar
con 5.150 kilómetros de diámetro,
es el único que posee una densa
atmósfera de gas nitrógeno,
semejante a la terrestre. Una espesa
y extensa niebla naranja de hidrocarburos
impide la visibilidad de su superficie,
lo que ha hecho del satélite
un mundo misterioso hasta hace unos
pocos años. A más de
1.500 millones de kilómetros
de distancia del Sol, las temperaturas
en la superficie son gélidas,
de unos 180 grados centígrados
bajo cero, por lo que el agua se encuentra
totalmente congelada en su superficie.
Los días de Titán, de
16 días terrestres de duración,
son en realidad largos crepúsculos
ya que sólo un 1% de la radiación
solar llega a su superficie. Las primeras
imágenes detalladas de la superficie
tomadas en longitudes de onda del
infrarrojo cercano (las únicas
capaces de atravesar la niebla) por
la nave espacial Cassini, que llegó
al planeta Saturno en julio de 2004,
así como las obtenidas por
la sonda europea Huygens que acompañaba
a la anterior y que se posó
en el satélite en enero de
2005, mostraron que sobre la superficie
de este frío mundo, mullida
y quizás empapada, existen
canales y estructuras fluviales secas
de formación reciente. Pero
es en particular el potente radar
que lleva a bordo la Cassini el que
está permitiendo escudriñar
en detalle la superficie de esta luna
durante los cortos periodos de sobre
vuelo que ésta efectúa
cada pocos meses. Y, así, a
comienzos de agosto el radar descubrió
lo que parece ser todo un conjunto
de lagunas líquidas en las
regiones polares del norte de este
mundo. ¿Cómo pueden
formarse estas lagunas y las estructuras
fluviales observadas en un mundo tan
frío? ¿Son un producto
de las lluvias? ¿Y de ser así,
qué es lo que llueve y en qué
cantidad lo hace?
A finales del mes de julio, un par
de semanas antes del descubrimiento
de las lagunas por el radar de Cassini,
Ricardo Hueso y yo mismo propusimos,
en un trabajo publicado en la revista
Nature, que sobre la superficie de
Titán se producen gigantescas
tormentas capaces de generar densas
nubes formadas por gotitas de metano
líquido, un compuesto que jugaría
en ese mundo el mismo papel que el
agua en la Tierra. Nuestra hipótesis
se sustenta en las continuas observaciones
de nubes brillantes que se forman
y desaparecen rápidamente por
debajo de la niebla, tal y como han
sido detectadas en los últimos
dos años desde la órbita
de Cassini y por los mayores telescopios
terrestres en las cumbres de la isla
de Hawai.
Una de las regiones más prolíficas
en la formación de estas extensas
masas nubosas durante los dos últimos
años ha sido el polo sur del
satélite. A pesar de las bajas
temperaturas de Titán, la región
polar se encuentra actualmente saliendo
del verano, por lo que el pequeño
exceso de calor eleva ligeramente
las temperaturas y proporciona la
energía necesaria para desarrollar
los episodios tormentosos.
Nuestros cálculos muestran
que bajo apropiadas condiciones de
temperatura y humedad del metano en
la atmósfera, vigorosas nubes
formadas básicamente por este
compuesto ascienden en la fría
atmósfera hasta alcanzar en
su desarrollo vertical los 35 kilómetros
de altura sobre la superficie. Una
de las claves en la formación
de las tormentas de Titán son
las pequeñas partículas
que forman la niebla anaranjada y
que alcanzan lentamente la baja atmósfera
de Titán. Sobre esas partículas
crecen las gotitas de metano que forman
las nubes tormentosas. A nuestro entender
estas tormentas son capaces de generar
copiosas precipitaciones de metano
mezclado con los hidrocarburos de
las partes inferiores de las nieblas.
Semejarían en sus versiones
más violentas a las más
intensas trombas de agua que se producen
en las tormentas terrestres, con precipitaciones
cercanas a los 190 litros por metro
cuadrado.
La precipitación podría
ser capaz de alimentar los depósitos
líquidos detectados y los ríos
de metano líquido que, fluyendo
por la superficie de Titán,
arrastrarían consigo los hidrocarburos,
ensuciando la superficie y modelando
la orografía de algunas regiones
del satélite.
Junto a nuestro estudio, otras propuestas
de equipos norteamericanos y japoneses
sugieren que en Titán pudieran
también producirse en otras
latitudes precipitaciones de fina
lluvia, sirimiri de metano, a la vez
que recientemente parecen haberse
descubierto otro tipo de finas nubes,
esta vez de etano, ligeramente más
altas sobre la superficie de este
exótico mundo. Todas estas
investigaciones confirman que el metano
y los diferentes hidrocarburos, presentes
en pequeñas cantidades en la
densa atmósfera de nitrógeno,
juegan en Titán el mismo papel
que el agua en la Tierra. Titán
tendría en este sentido un
ciclo de metano semejante en cierto
modo al ciclo hidrológico terrestre,
con evaporación, formación
de nubes, precipitación y formación
de depósitos líquidos.
La rica y variada meteorología
hace de Titán un laboratorio
natural único, en condiciones
extremas, que nos permitirá
explorar y comprender mejor los complejos
fenómenos meteorológicos
que acontecen en nuestro propio planeta.
Titán, un mundo químicamente
prebiótico, se parece aun un
poco más a la Tierra.